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EL EMPERADOR, EL ANCIANO Y LA HIGUERA

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EL EMPERADOR, EL ANCIANO Y LA HIGUERA   Por Kabbalah y Torah en Expansión   Vaiikrá 19:23a:   וְכִי־תָבֹאוּ אֶל־הָאָרֶץ וּנְטַעְתֶּם כׇּל־עֵץ מַאֲכָל   VEJI-TAVOU   EL-HAÁRETZ   UNETAÄTTEM   K OL -ËTZ   MAAJAL   “Cuando entréis en la tierra y plantéis toda clase de árboles frutales”.   ‘HKBH’ (“El Santo Bendito Sea), dijo a Israel que, aunque encontraran la tierra llena de todo lo bueno, no debían decir: “Nos sentaremos y no sembraremos”. Más bien, debían sembrar con diligencia, como dice: “y plantéis toda clase de árboles frutales”. Así como cuando entraron en la tierra encontraron plantas que otros habían sembrado, así también sembrarán para sus descendientes (Midrash Tanjumá, Kedoshim, cap. 8).   Existe una historia sobre el César Adriano, quien se dirigía a la guerra marchando con sus soldados para combatir una zona rebelde. En el camino, encontró a un anciano que plantaba higueras. Adriano le pregun...

NARANJAS TROPICALES EN UN HUERTO DE INVIERNO RUSO

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NARANJAS TROPICALES EN UN HUERTO DE INVIERNO RUSO   Por Kabbalah y Torah en Expansión   En una ocasión, el ‘Besht’ (Baäl Shem Tov) viajaba durante el invierno en Rusia con uno de sus discípulos más cercanos, el Rabbí Moshé Shoham. Como los caminos rurales en Rusia solían estar cubiertos de nieve durante el invierno, viajaban en un trineo.   Llegó el 15 de Shevat y se dieron cuenta de que no tenían fruta para celebrar la Festividad de ‘Tu BiShevat’ (“Año Nuevo de los Árboles”). Entonces, el Besht le pidió a su cochero, Alexi, que desviara el trineo del camino principal hacia los campos.   Recorrieron una corta distancia y encontraron un campo que no solo no estaba cubierto de nieve, sino que tenía un huerto de naranjas. Además, no solo no hacía frío, ¡sino que el clima era tropical!   Inmediatamente se acercaron, recogieron algunas naranjas y, con alegría, recitaron las ‘Berajot’ (“Bendiciones”), incluyendo la Berajá de Shehejeianu por disfrut...

LA FRUTA IDENTIFICADORA

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LA FRUTA IDENTIFICADORA   Por Kabbalah y Torah en Expansión   Un hombre adinerado llamado Elimélej recibió numerosos honores en la sinagoga del Rebbe, Rav Jaiim de Antunia. Ocupaba uno de los asientos más importantes, en primera fila, frente a la congregación, cerca de la silla del propio Rebbe. En la mesa del Shabbat, también se sentaba cerca del Rebbe, quien le mostraba diversas muestras de favor.   Por su parte, Elimélej sentía un gran respeto por el Rebbe. Siempre inclinaba la cabeza ante él y contribuía generosamente a las diversas causas benéficas que el Rebbe apoyaba.   Sin embargo, la mayoría de los Jasidim no tenían una opinión tan favorable de Elimélej, a pesar del afecto que el Rebbe le demostraba abiertamente. Sospechaban que sus generosas buenas obras solo denotaban una piedad superficial, y que en casa no era tan religioso como aparentaba en público. Los más mordaces decían que estaba influenciado por la Ilustración y sus innovaciones, y...

EL ÁRBOL TESTIGO

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EL ÁRBOL TESTIGO   Por Kabbalah y Torah en Expansión   La fortuna le había dado un giro inesperado a un judío otrora adinerado que vivía en Rabat, Marruecos. Se vio obligado a abandonar su hogar y vagar de pueblo en pueblo en busca de una oportunidad de negocio que le permitiera mantener a su numerosa familia, que dependía de él. Su fe en HaShem era inquebrantable, pero aun así, encontrar la manera de recibir ‘Birkat HaShem’ (“la bendición Divina”) se le hacía cada vez más difícil.   Finalmente, tras varios intentos fallidos, logró reunir una cantidad considerable de dinero. Por fin pudo regresar a casa.   De camino, pasó por la ciudad de Salé, que no está lejos de Rabat. Como ya era bastante tarde el viernes, pensó que lo mejor sería quedarse en Salé para el Shabbat. Allí vivía un buen amigo de su juventud al que no veía desde hacía muchos años, y sabía que sería recibido con los brazos abiertos en su casa.   En efecto, en cuanto su amigo lo...

LA TERCERA GRANADA

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LA TERCERA GRANADA   Por Kabbalah y Torah en Expansión   Nissim Kinouri vivía cerca de Teveriá (Tiberíades), en una humilde aldea a orillas de ‘Iam Kinnéret’ (“El mar de Galilea”), del cual heredó su apellido. Era extremadamente pobre. No poseía campos ni huertos; solo tenía un granado solitario junto a su pequeña cabaña. El piadoso Rav Nissim se sentaba a la sombra de sus frondosas ramas y estudiaba la Torá durante los largos días soleados. En temporada, el majestuoso árbol se cargaba de granadas rojas y jugosas, para alegría de toda la familia. La venta de granadas era su principal fuente de ingresos, y siempre tenían suficiente para disfrutar de estas deliciosas frutas.   Para “Las Tres Semanas” [en verano, entre los días de ayuno del 17 de Tammuz y el 9 de Av], el árbol ya estaría cubierto de fruta. Sin embargo, nadie recogería ninguna hasta después de Tishä BeAv (9 de Av). Entonces, una vez terminadas las semanas de luto, podría comenzar la temporada de a...