LA MATZÁ DEL MAHARAL

LA MATZÁ DEL MAHARAL

 

Por Kabbalah y Torah en Expansión

 

¿Qué mesa de Séder estaría completa sin el pan sin levadura fino, crujiente y parecido a una galleta, conocido como Matztzá? Es extraño que la Torá eligiera un alimento tan insípido como símbolo de una liberación milagrosa de la esclavitud. Podría haber elegido un símbolo que ilustrara el poder, o incluso un alimento con mayor carácter. Sin embargo, este sencillo pan sin levadura expresa de alguna manera la naturaleza de ‘Äm Israel’ (“El Pueblo de Israel”) al convertirse en una nación libre. ¿Cómo?

 

Además, llamamos Matzá Léjem Öni, que generalmente se traduce como “pan sin levadura, pan de aflicción”. ¿Qué tiene que ver celebrar la redención con comer algo llamado “aflicción”?

 

Con estas cuestiones en mente, el Maharal de Praga (Rabbí Iehudá Loev ben Betzalel), en una de sus obras fundamentales, Guevurot HaShem, nos ofrece una mirada más profunda a ese pan duro en la mesa del Séder y cómo contiene el mensaje esencial de la identidad de Äm Israel.

 

“Durante siete días no comerás levadura. Comerás Matzá [en hebreo, Léjem Öni], porque con prisa [‘VeJippazón] saliste de Egipto” (Devarim 16:3).

 

La Matzá se llama ‘Léjem Öni’ (“pan de aflicción”) porque es lo opuesto a la Matzá enriquecida [lo que conocemos como Matzá de huevo] con sus aceites o miel añadidos... ya que el ‘Öní’ [en hebreo, “persona pobre”] no tiene dinero; solo se tiene a sí mismo.

 

En primer lugar, el Maharal nos ofrece una nueva y creativa definición de Léjem Öni. En lugar de “pan de la aflicción”, lo entiende como “pan sencillo”. La Matzá no contiene aditivos, conservantes ni edulcorantes; es simplemente harina y agua. La palabra ‘Öni’, que significa literalmente “hombre pobre”, se asemeja a este tipo de pan, ya que la persona empobrecida tampoco posee más que lo estrictamente necesario.

 

Desde esta perspectiva, la falta de posesiones del pobre le otorga una especie de libertad de la carga del mundo material. Si bien es cierto que su independencia tiene un precio que pocos estaríamos dispuestos a pagar, conceptualmente representa la autonomía y contrasta radicalmente con el esclavo, quien está completamente sometido a la voluntad de su amo.

 

Por lo tanto, HaShem nos ordenó comer este Léjem Öni, lo que llamamos Matzá, la noche que salimos de Egipto y todos los años siguientes. Así como la Matzá contiene solo lo esencial y no está sobrecargada de ingredientes superfluos, así también sucedió con Äm Israel: en la noche de la redención, Israel fue liberado de las cadenas de la esclavitud y entró en un nivel de existencia que trascendía las exigencias de Mitzráim (Egipto).

 

Además de carecer de ingredientes adicionales, un elemento importante de la Matzá es que también carece de tiempo. Todo el proceso de elaboración de una pieza de Matzá no puede durar más de 18 minutos. Para el Maharal, el tiempo es también un factor esencial para comprender el Éxodo.

 

Y de esto se puede entender por qué la ‘Gueul´lá’ (Redención) tuvo que ocurrir particularmente en el primer mes [Nisán]: porque la redención solo puede venir de aquello que es separado y que se sostiene por sí mismo... el primer mes no tiene conexión en el tiempo [con ningún otro mes], puesto que es el primero.

 

Anteriormente hablamos de la relación con los demás en el ámbito del espacio; aquí el Maharal ilustra el mismo punto en el ámbito del tiempo. En el ámbito del tiempo, lo primero es el paradigma de todo lo que le sigue. El segundo y el tercer mes siempre se relacionan con el primero. Su identidad se basa completamente en su posición con respecto al primer mes. Pero el primer mes no guarda relación con lo que viene antes o después; simplemente es el primero.

 

Por lo tanto, la redención debía ocurrir durante el mes de Nisán, el primer mes. Así como el pan simple expresa independencia en el espacio, Nisán, el primer mes, representa la independencia en el tiempo. Sorprendentemente, nuestra redención fue un momento de libertad que se manifestó a lo largo de toda la existencia.

 

Por lo tanto, es apropiado que la redención ocurra sin que transcurra ningún tiempo.

 

El pasaje de Devarim con el que el Maharal inició su enseñanza nos indica claramente que existe una relación esencial entre comer Matzá y salir “con prisa”. Pero, según el Maharal, esto no significa que nos fuéramos a toda prisa, como alguien que llega tarde al trabajo y sale corriendo con el maletín abierto. Salimos de Mitzráim en un instante fuera del tiempo, un instante sin tiempo. En nuestra redención milagrosa, fuimos liberados de las limitaciones del tiempo y el espacio. Salimos de Mitzráim con total independencia en todos los aspectos de la realidad física y, milagrosamente, entramos en el escenario mundial como ‘Äm Segul´lá’ (“el pueblo atesorado”) por HaShem.

 

Ese momento mágico de redención dejó una huella imborrable, intrínsecamente arraigada en nuestra identidad. Basta con recorrer las páginas de la historia para comprobar cómo desafiamos todas las reglas. Ninguna nación mantiene su identidad en el exilio como lo ha hecho Äm Israel. Ninguna nación tuvo la osadía, tras 2000 años de exilio, de regresar a casa y reconstruir un país sobre las cenizas de la ‘Shoá’ (“Holocausto”). Por nuestra propia naturaleza, somos un pueblo de milagros; desafiamos las leyes de la historia y de la naturaleza. Y, en Nisán, en el centro de nuestra mesa del Séder, la primera noche de Pésaj, se encuentra la Matzá, el sencillo pan que ilustra el concepto de ‘Jerut’ (“libertad”) y nos señala nuestra verdadera identidad como ‘Äm Nissim’ (“pueblo de milagros”).

 

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