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Por Kabbalah y Torah en Expansión
El Ramá (Rabbí Moshé Isserles), en
el Shulján Aruj, Oraj Jaiim 664:1, comenta que, si una persona puede ver su
sombra a la luz de la luna en la noche de Hoshaäná Rabbá, ello constituye una
señal de que su ‘Teshuvá’ (“arrepentimiento”) ha sido aceptada por el ‘Shad-dai’
(“Todopoderoso”).
Sin embargo, advierte que, si no
puede ver su sombra, entonces… ¡cuidado!
A continuación, el Ramá añade que,
en nuestros tiempos, debemos ser muy cautelosos al buscar activamente este tipo
de señales divinas, pues ya no poseemos la capacidad de interpretarlas
correctamente. Por ello, concluye que es preferible no buscar la propia sombra
en la noche de Hoshaäná Rabbá.
La pregunta, sin embargo, permanece:
¿por qué el hecho de ver una sombra, iluminada por la luna en esta noche tan
propicia, tendría relación con la aceptación de la Teshuvá, para la cual nos
hemos preparado durante el mes de Elul y por cuya aceptación hemos orado con
fervor a lo largo de Rosh HaShaná y Iom Kippur?
Propongo que la respuesta se
encuentra en la alegoría.
Así como nadie puede mirar
directamente al sol sin poner en riesgo su vista y solo puede contemplar su
resplandor reflejado en la luna -que no posee luz propia, sino que brilla
gracias a la luz solar-, del mismo modo el ser humano no puede contemplar la
Luz Divina infinita y permanecer con vida. Solo nos es dado percibir un
reflejo, una manifestación atenuada, aquello que la Torá describe como ‘Ajoré
HashShejiná’ (“la espalda de la Presencia Divina”).
Cuando Moshé, el más grande de los
profetas, pidió contemplar el rostro de HaShem, recibió esta respuesta:
“No podrás ver Mi rostro, porque no
puede verme el hombre y vivir… Te cubriré con Mi mano mientras paso, y después
apartaré Mi mano; entonces verás Mi espalda, pero Mi rostro no será visto”
(Shemot 33:18-23).
Así también, solo se nos concede
contemplar ‘HaAjor’ (“la espalda”) de la Presencia Divina a través de la luz
reflejada que emana de la luna. Esa luz reflejada, símbolo de la Shejiná, cae
sobre nosotros y proyecta nuestra sombra. Al verla, comprendemos que existe
únicamente porque la Divinidad nos ilumina. Y nos regocijamos en esa luz
reflejada, sabiendo que HaShem nos ama, ha escuchado nuestra oración y ha
aceptado nuestra Teshuvá.
Porque Él nos muestra nuestra
sombra.
Al contemplar nuestra sombra -que no
es otra cosa que nosotros mismos, con todos nuestros rasgos y particularidades-
nos vemos desde una perspectiva distinta, semejante a la forma en que nos
perciben los demás. Y al reconocernos bajo la ‘Or En Sof’ (“Luz del Infinito”),
comprendemos que también nuestro prójimo puede percibir el cambio que la Teshuvá
ha obrado en nosotros.
En este Hoshaäná Rabbá, que todos
seamos sellados en los Libros de todas las Bendiciones y de toda clase de
bienes.
Ante todo, rogamos que el Shad-dai
fortalezca nuestra fe para que podamos reconocer que todo cuanto nos sucede
proviene de Él y, por lo tanto, obra para nuestro bien; que se nos conceda ver
cada acontecimiento como aquello que, en Su infinita sabiduría, es lo mejor que
podía sucedernos.
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