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Por Kabbalah y Torah en Expansión
Iom Kippur es el día final del
juicio. La última oración de Iom Kippur, justo cuando se pone el sol, se llama ‘Neïlá’,
que significa “el cierre” (de las puertas celestiales supremas).
Los ‘Mekubbalim’ (“cabalistas”)
explican que el alma tiene 5 niveles: Néfesh está conectada con nuestras
acciones, Rúaj con nuestras emociones y Neshamá con nuestro intelecto. Estos 3
niveles se encuentran dentro del cuerpo. El cuarto nivel, Jaiiá, nos conecta
con el cielo; Iejidá, nuestra raíz celestial del alma, es labrada del Trono de Gloria
de HaShem y, por lo tanto, permanece siempre en éxtasis al morar en la Presencia
Divina. Solo durante Neïlá, una vez al año, podemos conectar con este quinto y
más elevado aspecto de nuestra alma.
La interpretación tradicional del
nombre Neïlá es que las puertas de la oración están a punto de cerrarse y que,
en breve, las plegarias de ‘Äm Israel’ (“El Pueblo de Israel”) ya no podrán
ascender al cielo. Esta imagen transmite la idea de que debemos apresurarnos a
pronunciar nuestras últimas súplicas antes de que sea demasiado tarde.
La Jasidut lo explica de otro modo.
Sostiene que, precisamente en este momento de gran intensidad espiritual, Äm
Israel se une a HaShem de una manera especialmente profunda. De ello se
desprende una conclusión diferente: Neïlá no es solo el cierre de las puertas,
sino un estado de gracia y una dimensión espiritual que puede prolongarse a lo
largo de todo el año venidero. En este nivel, se nos concede el don de
conectarnos con HaShem a través de la Iejidá, la esencia más profunda del alma.
Por lo tanto, Sukkot, que comienza 4
días después de Iom Kippur, y Simjat Torá, son 8 ó 9 días de celebración que
resultan aún más alegres porque siguen a nuestro juicio positivo de Rosh HaShaná
/ Iom Kippur. En consecuencia, la ‘Simjá’ (“alegría”) es un aspecto importante
y primordial de estos días, que demuestra la confianza en que el ‘Shad-dai’ (“Todopoderoso”)
ha escuchado y aceptado nuestras ‘Tefil´lot’ (“oraciones”).
Las 4 Especies de Sukkot -el Lulav,
el Etrog, el Mirto y el Sauce- no solo simbolizan nuestra victoria, sino que
también aluden a la unidad de Äm Israel. La Sukká, la Mitzvá que cumplimos al
sumergirnos en ella, es HaShem abrazándonos. ¡Literalmente! En Simjat Torá,
danzamos con la Torá mientras está cerrada. Estamos tan concentrados y
satisfechos en nuestra conexión con HaShem y Su Sabiduría que ni siquiera
necesitamos saber lo que dice.
Además de las porciones especiales
de la Torá que leemos cada día de Sukkot, la porción que debemos inspirarnos en
este tiempo es la porción final de la Torá, Zot HabBerajá. Termina con las
palabras (Devarim 34:12): “y por la mano poderosa y por todos los hechos
grandiosos y temibles que Moshé realizó ante los ojos de todo Israel”. Rashí (Rabbí
Shelomó Itzjaki) ofrece la explicación tradicional de que estas palabras se
refieren a que Moshé rompió el primer conjunto de las Tablas de la Ley en el
momento del pecado del becerro de oro.
En el texto jasídico Bet Avraham se
explica por qué estas son las últimas palabras de la Torá: reconocer la
existencia de un problema es el primer paso hacia su solución. Es una verdadera
tragedia cuando una persona desciende del nivel espiritual que había alcanzado
sin siquiera percatarse de ello, pues para esa situación no hay un remedio
inmediato. En cambio, cuando la persona percibe su pérdida y clama con
sinceridad y desesperación, surge la posibilidad de una rectificación positiva.
Si Moshé no hubiera roto las Tablas,
el pueblo no habría experimentado la profundidad de esa caída ni el alcance de
la pérdida espiritual. El versículo alude, por tanto, al despertar del pueblo
ante la gravedad de su pecado y al consiguiente abrir del corazón hacia el
cielo.
Nos llevará toda la vida corregir
nuestros defectos. Lo mínimo que debemos alcanzar en este momento es reconocer
que aún nos queda un largo camino por recorrer. Por ello, la Torá concluye con
estas palabras en Simjat Torá, para inmediatamente volver a comenzar con
(Berreshit 1:1): “BERRESHIT BARÁ
ELO-HIM ET HASHSHAMÁIM
VE´ET HAÁRETZ - En el principio creó Di-s los cielos y la tierra”, los primeros
versículos de la Torá, que simbolizan nuestra capacidad de renovarnos,
fortalecernos y empezar de nuevo.
¡Que este sea un año de progreso
espiritual y físico para Äm Israel, y que podamos ver la Redención Final ahora!
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