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Por Kabbalah y Torah en Expansión
Un año, cerca de las Altas Fiestas,
la hija del conocido Rebbe Meir de Premishlan enfermó gravemente. Al pasar Rosh
HaShaná y Iom Kippur, su estado empeoró y parecía estar más cerca de la muerte
que de la vida.
En Simjat Torá, el Rebbe Meir
cumplió con la ‘Mitzvá’ (“Mandamiento”) de bailar y regocijarse con los rollos
de la Torá, haciéndolo con gran entusiasmo, como cada año. Una gran alegría reinaba
entre todos los bailarines.
Pero entonces, una pequeña
delegación de ‘Jasidim’ (“piadosos”) irrumpió rápidamente por las puertas de la
sinagoga y se acercó a él, diciéndole que su hija parecía estar en sus últimos
momentos y que debía hacer algo.
El Rebbe se apresuró a llegar a casa
y entró en la habitación de su hija. Al percibir la gravedad de la situación,
salió inmediatamente y se quedó solo. Entonces el Rebbe (quien siempre se
refería a sí mismo en tercera persona con su diminutivo “Meir´l”) proclamó:
“¡Amo del Universo! Nos ordenaste
tocar el Shofar en Rosh HaShaná, y Meir´l lo tocó. Nos ordenaste ayunar en Iom
Kippur, y Meir´l ayunó. Nos ordenaste vivir en una Sukká en la fiesta de Sukkot,
y Meir´l vivió en una Sukká. Nos ordenaste estar alegres en Simjat Torá, y Meir´l
está alegre.
“Pero ahora, Amo del Universo, has
hecho que mi hija enferme gravemente. Ahora bien, Meir´l está obligado a
aceptar esta tragedia con alegría, como está escrito: “JAIIAV ADAM LEVAREJ
ÄL HARRAÄ KESHEM
SHEMMEVAREJ ÄL HATTOVÁ
- Una persona está obligada a bendecir por lo malo del mismo modo que bendice
por lo bueno”. El Talmud (Berajot 54a) explica que, aunque la formulación de
ambas bendiciones es diferente, la actitud interior debe ser la misma: recibir
con alegría tanto la desgracia como la dicha. Así pues, Meir´l acepta con
alegría la enfermedad de su hija, tal como Tú lo has ordenado.
“Sin embargo, Amo del Universo,
también existe una ley explícita (Talmud, Moëd Katán 8b) que dice: “EN MEÄRVÍN SIMJÁ BESIMJÁ
- No se mezcla una alegría con otra alegría”
En ese instante, gritaron desde la
habitación que la joven enferma había comenzado a sudar profusamente. Ante sus
ojos, su estado empezó a mejorar visiblemente.
Tras un tiempo prudencial, se
recuperó por completo.
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