ELEMENTOS FESTIVOS
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ELEMENTOS FESTIVOS
Por Kabbalah y Torah en Expansión
En 1808 escuchamos del abuelo [el Rebbe
Schneur Zalman de Liadi, el primer Rebbe de Lubavitch] el discurso ‘USHEAVTEM-MÁIM’
(“Y sacaréis agua”), el primero con ese título en Likkuté Torá, por sexta vez.
Fue como dice la Guemará: “de allí extrajeron [inspiración divina]” (Talmud Ierushalmí,
Sukká 5:1).
Ioná (Jonás) recibió una visión
profética durante la celebración de la extracción del agua; nosotros recibimos
revelación sin fin. El fin será cuando venga Mashíaj, porque el fin tiene sus
raíces en el principio (HaiIom Iom, 16 Tishré).
“USHEAVTEM-MÁIM BESASÓN
MIMMAÄINÉ HAIESHUÄ - Y sacaréis
con gozo aguas de las fuentes de la salvación” (Ieshaäiahu 12:3)
Durante todo el año, el culto en el
Templo Sagrado de Jerusalén consistía en ofrecer sacrificios de animales en el
altar. Un fuego celestial con la forma de un león agazapado descendía y
consumía las ofrendas. Durante la Festividad de Sukkot, además de los
sacrificios, el culto en el Templo consistía en verter agua sobre el altar.
Este culto se realizaba cada uno de los 7 días de Sukkot. “Pero al octavo día”,
dice la Torá, “habrá un cese / Ätzéret para vosotros”, un cese en los cultos
mencionados.
Hoy no tenemos ni Templo ni altar.
Por lo tanto, cada uno de nosotros debe determinar cómo todo lo anterior se
refleja en nuestros corazones, en nuestro servicio a HaShem. En cada generación
estamos obligados a encontrar en nuestros corazones el paralelismo del fuego
que consumía los sacrificios -los bueyes, carneros y ovejas, etc.-, así como el
derramamiento del agua durante Sukkot y el cese de todas estas experiencias en
Sheminí Ätzéret.
FUEGO:
“TEFIL´LOT KENÉGUED TEMIDÍN TIKKENUM - Las oraciones se instituyeron en
correspondencia con las ofrendas diarias” (Berajot 26b).
“ÄVODÁ SHEBBAL´LEV ZO TEFIL´LÁ
- El servicio que está en el corazón es la oración” (Taänit 2a).
“HAL´LEV NIMSHAL LAMMIZBÉAJ - El corazón es comparado con el altar”
(Torat HaÖlá, Tzav; 1:24)
Así como ofrecían bueyes, carneros,
ovejas, etc., en el altar exterior, así debe cada persona despertar su amor
instintivo por HaShem en su corazón hasta que arda y se manifieste en él. Este
fuego de amor es similar al fuego celestial que descendió en forma de león para
quemar los sacrificios.
Este es el amor que arde en el
corazón del hombre cuando recuerda a HaShem y no desea separarse de Él. Este
fuego divino consume y destruye todos los fuegos que no están dirigidos hacia HaShem,
los fuegos ajenos. Elimina a todos los demás y dirige la sed del hombre
únicamente hacia HaShem.
Por lo tanto, ‘JaZaL’ (“nuestros sabios
de bendita memoria”) dicen que está prohibido comer antes de la oración
matutina (Berajot 10b). Esto se debe a que, antes de comer un alimento como el
pan, el hombre debe estar en un plano superior al de aquello que desea
consumir. Solo entonces le es apropiado dominar el alimento y comerlo.
Antes de la ‘Tefil´lá’ (“oración”),
sin embargo, aún no ha purificado sus deseos físicos con el fuego celestial.
Sigue atado a las preocupaciones de ganarse la vida. Por lo tanto, está sujeto
a lo terrenal y, en consecuencia, es inferior al pan que anhela. No le
corresponde dominar el pan y consumirlo. Más bien, mediante la Tefil´lá debe
destruir las preocupaciones de ganarse la vida. No necesita renunciar a la
tarea misma de ganarse la vida, ya que es una necesidad. De hecho, la Torá
alaba a quien disfruta del fruto de su trabajo. Pero la preocupación y la
ansiedad que siente provienen del fuego interior de su alma animal, un fuego
ajeno que debe ser consumido por el fuego celestial a través de la Tefil´lá.
AGUA:
Sin embargo, existe un nivel
superior: el agua que se derramaba sobre el altar del Templo en Sukkot. El agua
sacia la sed provocada por el elemento fuego. En el ámbito humano, el agua
representa la experiencia de la anulación inherente a HaShem. Cuando una
persona experimenta tal transparencia, el fuego natural de su alma divina se
enfría y se extingue.
Consideremos, por ejemplo, el amor
de un hijo hacia su padre. Si el hijo desea acercarse a su padre, pero aún se
encuentra algo distante, ese amor se manifiesta fuera del corazón y clama: “¡Padre,
padre!”. Pero si ya está cerca de su padre, su corazón rebosa de amor, aunque
este no se vea desde fuera. Por eso se le llama “agua”, pues enfría el fuego e
impide que se propague hacia el exterior.
Esta experiencia se refleja en la ‘Ämidá’
(“oración de pie”), que se recita en voz baja, en silencio. Por el contrario,
durante la recitación de Pesuké DeZimrá’ (“los versos del canto”), el devoto
despierta el ardiente amor por HaShem que consume todo fuego ajeno. Durante
Pesuké DeZimrá, el devoto parece estar aún lejos del Rey, mientras que durante
la Ämidá se encuentra como si estuviera directamente frente al Rey, diciendo: “BARUJ ATTÁ
ADO-NAI - Bendito eres Tú HaShem…”
ABSORCIÓN
Sin embargo, observamos que
inmediatamente después de la Ämidá, uno vuelve a ser como antes. Para que la
experiencia de la Tefil´lá se arraigue profundamente en su alma, debe
complementarla con el estudio de la Torá y sus Mitzvot, que tratan asuntos
físicos.
En el estudio de la Torá, el hombre
alcanza el vínculo y la unión supremos con HaShem, cuando se anula a sí mismo y
se entrega por completo a HaShem, para ser morada de Su Unicidad, cuando se
libera de todos los deseos y pensamientos.
Este nivel de estudio de la Torá
equivale al de la Ämidá. De esta manera, la impresión de la Ämidá puede
permanecer con él durante todo su día de estudio de la Torá. Esta experiencia
es paralela a ‘Sheminí Ätzéret’ (“el octavo día de asamblea solemne”), la
palabra ‘Ätzéret’ significa absorber, es decir, absorbe la experiencia del “agua”
(en Sukkot) para que no desaparezca.
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