EL SECRETO DE SIMJAT TORÁ

EL SECRETO DE SIMJAT TORÁ

 

Por Kabbalah y Torah en Expansión

 

En Simjat Torá nos regocijamos con la Torá. Los feligreses bailan al son de alegres melodías mientras sostienen rollos de la Torá. Sobre esto, la Jasidut dice: “El hombre se convierte en los pies de la Torá”. Surge entonces una pregunta obvia: ¿Por qué se expresa la alegría de la Torá mediante el baile? ¿Acaso la Torá no es una actividad intelectual? ¿No la consideramos la máxima sabiduría?

 

Quien no entienda hebreo debe recitar la Bendición de la Torá al ser llamado a una Äliiiá, incluso si no comprende el idioma. Sin embargo, la perfección del estudio de la Torá solo se alcanza cuando se comprenden sus enseñanzas. Este principio es especialmente aplicable a la Torá Oral, que revela la intención de la Torá Escrita. Las ‘Mitzvot’ (“Mandamientos”) están inscritos de manera muy concisa en ‘Torá ShebBiJetav’ (“La Torá Escrita”). Solo mediante la explicación de ‘Torá ShebBeÄl-Pe’ (“La Torá Oral”) se comprenden sus detalles, la forma de observarlos y sus secretos.

 

Respecto a la Torá, la Escritura afirma (Devarim 30:12a): “LO  VASHSHAMÁIM  HI’ (“No está en los cielos”). Y en cuanto a las decisiones legales, el Talmud dictamina: “EN  MASHGUIJÍN  BEVAT  KOL - No se presta atención a una voz celestial”.

 

Lo primordial es la comprensión humana, edificada por la Torá Oral, que analiza la dialéctica jurídica para codificar la ‘Halajá’ (“ley judía”) práctica. Pero si la razón de ser de la Torá es la comprensión, ¿por qué demostramos nuestra alegría por la Torá en Simjat Torá bailando y no ejercitando nuestra mente? Es más, ¿por qué los rollos de la Torá llevan coronas de plata y están cubiertos cuando bailamos?

 

Para comprender Simjat Torá, primero debemos entender la naturaleza de nuestro servicio divino durante los días previos de Tishré. El día anterior a Simjat Torá (fuera de Israel y simultáneo con ella en Israel) es Sheminí Ätzéret. También presenta opuestos contrastantes. ‘Sheminí’ se traduce como “octavo”. ¿Cuál es el significado cabalístico del número ocho? Las 10 Sefirot pueden verse como un continuo lineal, una encima de la otra. Cuando se cuenta desde abajo, Biná es la octava Sefirá. Biná, a menudo traducida como “entendimiento”, manifiesta la máxima expresión de amplitud y expansión.

 

Por otro lado, שמני Sheminí connota la esencia o el núcleo más profundo de algo. Su nombre está relacionado con la raíz hebrea de 3 letras ש־מ־ן (Shin-Mem-Nun), de la que también deriva la palabra para “aceite” y “grasa”, sustancias que en la tradición hebrea simbolizan la riqueza, la plenitud y la esencia concentrada. En sentido espiritual, este núcleo representa un aspecto de la divinidad que trasciende tanto el intelecto como la voluntad.

 

Existe una relación integral entre Sheminí Ätzéret y los 7 días de Sukkot. Biná actúa como protectora sobre ellos. De manera similar, Biná vela por los 7 días de la Creación, como lo indica la Escritura (Devarim 22:6): “VEHAEM  ROVÉTZET  ÄL-HAEFROJIM - y la madre está echada/sentada sobre los polluelos”. Llamada ‘Immá’ (“madre”) en la terminología de la Kabbalá, Biná abarca y protege los 7 atributos inferiores de emoción y acción.

 

Un Midrash imparte una enseñanza similar: “El período de 7 días de Sukkot se compara con un banquete de 7 días que un rey ofrece a sus súbditos. Pero al octavo día les dice a sus amigos más queridos: “Vengan a comer, ustedes y yo juntos”. La Escritura ordena esta exclusividad: “Al octavo día tendrán una asamblea solemne” (Bamidbar 29:35). Sobre esto, el rey Salomón comenta (Mishlé 5:17): “IHIU-LEJÁ  LEVADDEJA  VE´EN  LEZARIM  ITTAJ - Que sean solo tuyos, y no de los extranjeros que están contigo”. El Zóhar añade: “Israel y el Rey están solos”. De todo esto deducimos que Sheminí Ätzeret es una extensión y conclusión de los días de Sukkot.

 

También se ilustra una paradoja con los 7 días de Sukkot, que preceden inmediatamente a Sheminí Ätzéret. Sukkot alude al efecto excelso y abarcador de Biná. La Escritura dice (Vaiikrá 23:42): “Habitaréis en cabañas durante siete días; todos los nativos de Israel habitarán en cabañas”. Al explicar el pasaje talmúdico “Todos los Bené Israel son dignos de sentarse en una Sukká”, la Jasidut enseña que, en relación con la sublime revelación de la divinidad que todo lo abarca y que brilla en una Sukká, todos los Bené Israel son considerados iguales.

 

Sin embargo, durante toda la Festividad de Sukkot, se nos ordena observar la Mitzvá de las 4 especies de flora. Su propósito es atraer la Divinidad al mundo físico.

 

Esta dicotomía se manifiesta igualmente en los 4 días previos a Sukkot. La Jasidut revela que corresponden a las 4 Letras del Nombre יהו"ה ‘HaVaIáH’. Este Nombre connota un reino de Divinidad que se eleva por encima de todos los Mundos Espirituales. Sin embargo, al mismo tiempo, un Midrash enseña: “Durante estos días, los Bené Israel se dedican a la adquisición de las 4 especies”, un esfuerzo físico destinado a atraer la ‘Or En Sof’ (“Luz Infinita”) a los ‘Ölamot’ (“Mundos”).

 

En cada etapa sucesiva, el mes de Tishré encarna tanto la facultad particular de Biná como la Esencia de HaShem. ¿Cómo resolvemos la paradoja de Tishré? ¿Cómo pueden coexistir condiciones antitéticas?

 

Las enseñanzas cabalísticas ofrecen una resolución a nuestro dilema. Es cierto que Biná expresa expansión, amplitud y desarrollo conceptual. Sin embargo, el nivel más elevado de ‘Ättik Iomín’ (“El Anciano de Días”), asociado a ‘Taänug’ (“deleite”), se revela de manera especial precisamente dentro de Biná.

 

También el atributo de Jojmá ilumina este deleite. El Talmud Ierushalmí relata: “El rostro de Rav Avahú resplandeció cuando descubrió una nueva enseñanza”. Esta revelación de la facultad de Jojmá -el destello súbito de comprensión- manifiesta una expresión oculta de ese deleite interior.

 

No obstante, las intuiciones de Jojmá aparecen únicamente como destellos breves e indivisibles. Por ello, la revelación del deleite en este nivel también se expresa como un punto concentrado e indistinto.

 

Sin embargo, la manifestación plena del deleite aún no ha tenido lugar, ya que su naturaleza esencial es la expansión y el despliegue continuo, más que la contracción en un punto.

 

Sin embargo, Biná recibe las ideas en forma concisa desde Jojmá. A través de sus “letras del pensamiento”, la idea inicial se despliega y se desarrolla hasta convertirse en comprensión articulada, explicación y amplitud conceptual. Esta capacidad de expansión de Biná le proporciona un ‘Kelí’ (“recipiente”) apto para recibir y asimilar la revelación más completa del deleite.

 

La Kabbalá enseña: “El aspecto interno de Jojmá es el aspecto interno de Ättik (Taänug/deleite), y el aspecto interno de Biná es también el aspecto interno de Ättik”. Sin embargo, la revelación de Ättik se manifiesta de manera más plena y accesible específicamente a través de Biná.

 

Ahora se resuelve el enigma que plantean los distintos modos de servicio divino a lo largo de Tishré. Por un lado, se produce una revelación de Biná, que se despliega en múltiples detalles y formas de comprensión. Sin embargo, simultáneamente, se suscita el descenso al mundo físico de la Esencia absoluta de HaShem, caracterizada por su absoluta singularidad.

 

Esta doble iluminación no constituye una contradicción; por el contrario, expresa una profunda unidad. La Esencia Divina (Ättik) se revela precisamente dentro de la facultad de Biná, de modo que la expansión analítica y la unidad esencial convergen en un mismo proceso espiritual.

 

Esta explicación, sin embargo, no es suficiente. Si bien Biná se expande más que Jojmá, su expansión sigue siendo medida y limitada. Dos factores contribuyen a esta restricción.

 

En primer lugar, un elemento de Jojmá actúa como supervisión de Biná, asegurando que su desarrollo no se desvíe del camino recto. En segundo lugar, la elucidación de Biná se despliega en 6 direcciones: arriba, abajo, adelante, atrás, derecha e izquierda. Estos 6 extremos corresponden a las 6 ‘Middot’ (“atributos emocionales”).

 

Por otro lado, la expansión de ‘Taänug’ (“Deleite”) es, por su propia naturaleza, infinita. Surge entonces una pregunta: ¿cómo puede revelarse la Esencia específicamente dentro de Biná?

 

Antes de tocar el Shofar en Rosh HaShaná, recitamos (Tehil´lim 47:5): “IVJAR-LANU  ET-NAJALATENU  ET  GUEÓN  IAÄKOV  ASHER-AHEV  SELA - Él nos eligió nuestra herencia, el orgullo de Jacob a quien amó. Sela”. En ese momento, HaShem escoge a Äm Israel. Y la libre elección de HaShem proviene de un reino que está por encima y abstraído de todo.

 

HaShem le dijo a Moshé: “Porque el mundo entero es Mío” (Shemot 19:5). Esto sugiere, sin embargo, que antes de la elección Divina, los Bené Israel eran equivalentes a las demás naciones. Los ‘Jajamim’ (“sabios”) interpretan el versículo: “Aunque todos los pueblos son Míos, sin embargo, yo escogí a los Bené Israel”. Cuando uno elige algo, lo selecciona entre objetos de valor comparativo. De lo contrario, no sería necesaria una elección. ¿Por qué, entonces, la elección de los Bené Israel por parte de HaShem es tan extraordinaria?

 

La Jasidut responde que el origen del libre albedrío de HaShem se encuentra en un reino absolutamente excelso, anterior incluso a la Torá y las Mitzvot. Está elevado por encima de toda dimensión, característica y medida imaginable.

 

En Rosh HaShaná, este aspecto sublime desciende sobre Äm Israel. Por eso, la ‘Teshuvá’ (“arrepentimiento”) es nuestro servicio divino durante ‘Äséret Iemé Teshuvá’ (“Los 10 Días de Reverencia”) que siguen. Porque la Teshuvá es superior a la Torá y a las Mitzvot: tiene el poder de rectificar las faltas espirituales causadas por las transgresiones.

 

HaShem revela a Äm Israel su conexión intrínseca con Su Ser Absoluto: una Esencia que trasciende toda descripción. Eso es lo que nos capacita para lograr lo imposible. Una Esencia, abstraída por encima de las definiciones, se manifiesta en la expansión y la amplitud: la facultad de Biná. Por lo tanto, durante todo el mes de Tishré, se produce la revelación simultánea de los opuestos.

 

Ahora podemos apreciar el secreto de Simjat Torá. Honramos la Torá mediante la ‘Simjá’ (“alegría”). Y esta alegría se expresa con danzas y melodías, ambas más allá del alcance de las letras, “Torá” generalmente connota estudio: comprensión y entendimiento. Sin embargo, nuestro servicio divino durante Tishré trae lo que es superior a la comprensión a Biná. La Torá misma incorpora estos dos aspectos. El Talmud comenta, a propósito de las distintas opiniones de los Jajamim: “Estas y aquellas son palabras del Di-s viviente”. El Zóhar identifica la expresión ‘Elo-him Jaiim’ (“Di-s viviente”) con el atributo de Biná.

 

De ello se desprende que la Torá está asociada al nivel de Biná, en cuanto se manifiesta como comprensión, discernimiento y desarrollo explicativo de la sabiduría divina.

 

Sin embargo, al mismo tiempo, la Torá encarna el Nombre superior de HaShem: HaVaIáH. La Escritura dice acerca del rey David: “VAADO-NAI  ÏMMÓ - y HaShem está con él” (Shemuel Álef 16:18).

 

El Talmud interpreta esta expresión en el sentido de que “la Halajá seguía su opinión”. No obstante, la comprensión y el entendimiento por sí solos no bastan para emitir dictámenes legales. Se requiere, además, un nivel de ‘Bittul’ (“anulación interior”) y un esfuerzo sostenido en el estudio y la práctica.

 

El Zóhar encuentra apoyo para este principio en Ieshaäiahu 64:3: “Ningún ojo ha visto a Di-s fuera de Ti, que actúa en favor de quienes esperan en Él”. El Zóhar interpreta este pasaje en el sentido de que se refiere a los sabios que se esfuerzan en discernir las palabras de sabiduría.

 

En consecuencia, estos sabios alcanzan el elevado nivel del Paraíso aludido en el propio versículo.

 

¿A qué alude el Paraíso? Estos eruditos alcanzan el nivel más elevado de la Torá, tal como existe en el ámbito del Deleite Supremo de Di-s. El rey Salomón alude a ello al decir” (Mishlé 8:30): “Yo era entonces su deleite cotidiano”.

 

Al expresar nuestra alegría ilimitada a través de la danza, un atributo que trasciende el entendimiento y la comprensión, HaShem responde de la misma manera. Su Paraíso -‘Taänug Ëlión’ (“el Placer Supremo”)- desciende a la tierra. Dado que HaShem eligió a los Bené Israel, solo ellos tienen el poder de influir en esto.

 

Es más, la alegría de HaShem impregna la Torá. ¡Hacemos que la Torá alcance la felicidad! Y al bailar, nos convertimos en los pies de la Torá. Durante el resto del año, nuestro servicio a la Torá se manifiesta estableciendo horarios fijos para su estudio y cumpliendo las Mitzvot. Nuestra alegría y servicio divino en Simjat Torá se extiende a todos los días del año. De esta manera, cada Ben Israel es redimido, como dijo David (Tehil´lim 55:19a): “PADÁ  VESHALOM  NAFSHI - Él ha redimido en paz mi alma”. Por consiguiente, logramos la Redención completa.

 

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