GRUPO DE ESTUDIO POR WHATSAPP
Por Kabbalah y Torah en Expansión
Compartir un Lulav-Etrog durante la Festividad
de Sukkot es un acto de gran generosidad. El primer día de la Festividad en
1971, dos estudiantes de la Ieshivá Lubavitch principal en Crown Heights,
Brooklyn, caminaron hasta el cercano barrio de Park Slope y llamaron a las
puertas, ofreciendo a la gente la bendición de sus ‘Arbaät HamMinim’ (“Las Cuatro
Especies”). En un apartamento, un joven de cabello rubio largo y pantalones
vaqueros les abrió la puerta de inmediato. Rechazó su ofrecimiento, diciendo
que ya tenía un juego. Se sorprendieron mucho al oírlo, y aún más cuando sacó y
les mostró el Etrog más hermoso que jamás habían visto.
El “hippie” preguntó a los dos
estudiantes, que los miraban con los ojos muy abiertos, si querían saber la
historia de cómo había conseguido ese magnífico Etrog.
“De repente me puse enfermo y mi
estado empeoró rápidamente. Me hospitalizaron y caí en coma. Después me enteré
de que los médicos habían perdido la esperanza de que sobreviviera”.
Mientras estaba en coma, vi una
especie de sala de audiencias, y el semblante de los jueces era terriblemente
sombrío. Entonces, un anciano se puso de pie. Tenía una barba blanca, grande y
cuadrada, y unos penetrantes ojos azules, pero su rostro era acogedor y, de
alguna manera, tranquilizador. Anunció ante el tribunal que asumiría la
responsabilidad por mí.
“Dirigiéndose a mí, me dijo que no
moriría en ese momento, pero que a cambio tendría que involucrarme más con mi
judaísmo”.
Poco después recuperé la
consciencia. Los médicos se sorprendieron. Tras una lenta recuperación y
rehabilitación, me dieron el alta y me enviaron a casa. Pasaron varios meses y
la vida volvió a la normalidad. Casi había olvidado mi extraño sueño.
Un día estaba viendo las noticias de
la noche. El reportaje trataba sobre el septuagésimo cumpleaños del Rebbe de
Lubavitch. Cuando apareció el rostro del Rebbe en la pantalla, casi me da un
infarto. Era el rostro que había visto durante mi coma. Llamé a la cadena de
televisión y pregunté dónde vivía esa persona.
Viajando en metro, llegué al 770 de
Eastern Parkway, la sede mundial de Lubavitch. La gente iba y venía. Detuve a
un joven y le dije que quería ver al Rebbe. Me llevó a un lugar determinado y
me dijo que me quedara allí, que el Rebbe pasaría pronto de camino a su
oficina.
Cuando vi al Rebbe, me invadió una
profunda reverencia. Logré interponerme en su camino y le dije: “Rebbe,
necesito hablar con usted”. El Rebbe pasó a mi lado como si yo no estuviera
allí. Me sentí como si me hubieran desechado. “¡Menudas alucinaciones en estado
de coma!”, pensé.
En ese preciso instante, se abrió la
puerta de otra oficina. Un hombre que se presentó como el secretario del Rebbe
me dijo que el Rebbe quería verme en ese momento. Me condujeron a su oficina y
el secretario cerró la puerta.
Le conté al Rebbe que lo había visto
durante mi coma y lo que me había dicho. El Rebbe sonrió y dijo: “Si es así,
¿qué has hecho al respecto?”. Negué con la cabeza tímidamente.
El Rebbe me preguntó varios datos
personales. Finalmente, abrió un cajón del escritorio y sacó lo que me dijo que
era un par de Tefil´lín. Me los entregó y me dijo que fuera a la sala de
estudio contigua y le pidiera a uno de los estudiantes que me enseñara a
usarlos.
“Cada mes -continuó- me enviaba
alguna otra Mitzvá para que la cumpliera. Este mes, hace apenas unos días,
recibí este Etrog, junto con un Lulav y unas ramitas de dos tipos de verduras.
Tengo instrucciones sobre cómo usarlos, pero no las entiendo del todo. Ya que
estáis aquí, por favor, enseñadme cómo hacerlo”.
Si quieres seguir aprendiendo e
ingresar a nuestro grupo de estudio escríbenos un sms al chat de la página de
Facebook o al email: kabbalahytorah7@gmail.com
Gracias por apoyar y darle continuidad al proyecto de Kabbalah y Torah en Expansión
Comentarios
Publicar un comentario