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Por Kabbalah y Torah en Expansión
Permanece en silencio por un
instante, contemplando los relucientes candelabros y los recipientes de
cristal, llenos de aceite amarillo y transparente, con sus mechas dispuestas
para arder. Respira hondo. Una chispa salta al encender la cerilla. Extiende
primero la mano hacia el candelabro de la derecha y enciende las velas una a
una.
La habitación permanece en calma,
envuelta en un silencio profundo. Detrás de ti están tus hijos, con los ojos
grandes y brillantes, atentos a cada movimiento. Incluso el bebé parece
comprender que este no es momento para pronunciar palabra alguna.
Que estas sean las velas de la paz
eterna; que estas sean las velas de la abundancia; que estas sean las velas de
la Luz rectificada. Amo del Universo, que sus llamas ardan por siempre jamás.
En una silenciosa meditación de
oración, extiende los brazos y deja que tus manos floten a cierta distancia
alrededor de las llamas. Después, acércalas suavemente, como si quisieras
recoger la luz y el calor para irradiarlos hacia el universo. Una, dos, tres
veces, invitas a los ángeles del Shabbat a entrar en tu hogar, para que lo
colmen de paz y bendiciones.
Luego, inclinas la cabeza, bajas los
párpados y ocultas el rostro entre las manos. Bajo ellas, apenas se escucha un
susurro mientras recitas la bendición. Poco a poco, el instante se transforma y
te eleva hacia un espacio sagrado, inmenso y sobrecogedor, donde la conciencia
parece alcanzar una dimensión superior.
Ahora estás cara a cara con tu
Creador.
Mi corazón está abierto ante Ti. Por
favor, escucha mis súplicas, enjuga mis lágrimas y restaura mi fe verdadera en
Ti.
La naturaleza espiritual del día
sagrado del Shabbat posee una cualidad trascendental. El Shabbat, llamado “el
Amado”, “la Reina” y “la Novia”, es un día en el que la naturaleza y esencia
fundamentales de la Creación adquieren una forma completamente diferente. La Kabbalá
nos enseña que toda la Creación, desde los niveles más bajos de la realidad
física hasta los seres espirituales más elevados, regresa a su Origen: la
Fuente del bien, el propósito superior. El Talmud afirma que el Shabbat es
también un anticipo (de hecho, exactamente una sexagésima parte) del Mundo
Venidero. Pero, esencialmente, en términos espirituales, no hay comparación con
la importancia del Shabbat, pues su santidad es completamente inconmensurable.
¿Qué se puede comprender acerca de
la magnificencia de este día y su singular inauguración con el encendido de
velas? ¿Cuál es el significado del hecho de que sean las mujeres de la casa
quienes sean elegidas para realizar esta poderosa y única Mitzvá?
En el plano cabalístico, el Shabbat
se refiere a la Sefirá de Maljut, el atributo divino de la realeza, el
receptáculo del sustento divino que fluye desde las Sefirot superiores hacia
los mundos físico o inferior. Maljut también se convierte en un lugar para la
rectificación del universo, al recuperar la verdadera gloria y realeza de HaShem
en el mundo. Una mujer puede identificarse con este concepto, debido a su
naturaleza física inherente que primero recibe, y luego forma y desarrolla el
embrión. Asimismo, el Shabbat es intrínsecamente femenino, ya que también
recibe, en contraste con la naturaleza dadora de los 6 días anteriores de la
semana. Pero, ¿qué significa esta naturaleza “receptora” o “femenina” en el
plano divino?
Una forma de comprender la
naturaleza del Shabbat es remontarse a la primera semana de la Creación. El Arí
(Rabbí Itzjak Luria), enseñó que la Creación comenzó con el ‘Tzimtzum Álef’ (“la
contracción inicial de la Luz Divina, para permitir la creación de la
fisicalidad o existencia no infinita”). En el séptimo día, Él descansó. HaShem
no creó. No retiró Su luz. Simplemente permitió que el flujo de la Luz Divina
penetrara en el universo.
El Shabbat fue, y sigue siendo, el
día en que la naturaleza limitada de la Luz Divina se transformó en el
surgimiento del flujo divino. Ella, el Shabbat, en su forma más pura, es el
receptáculo supremo para tal acontecimiento transformador. Y,
sorprendentemente, este es un estado recurrente que se da cada semana.
Debido a la naturaleza receptiva del
Shabbat y a la naturaleza biológica receptiva de la mujer (como durante la
concepción), el Shabbat se corresponde con la disposición espiritual de la
mujer en general. Es decir, el Shabbat es la mujer receptiva en relación con
los 6 días de la semana, que corresponden al hombre dador. Esto explica por qué
es ella, la mujer de la casa, quien inicia este acontecimiento tan
significativo.
Además, el Zóhar nos revela otro
factor importante sobre por qué se elige a la mujer para la tarea específica de
encender ‘Nerot Shabbat’ (“las velas del Shabbat”). Javvá (Eva), a través de su
pecado en el Jardín del Edén, expulsó involuntariamente gran parte de la Luz Divina
de este mundo (Zóhar 1:48b). Por lo tanto, es su deber encender las velas del
Shabbat, también como un intento de restaurar lo perdido.
Esto podría considerarse injusto, o
quizás una respuesta exagerada al pecado; pero desde una perspectiva mística,
la visión es diferente. Si bien el acto de pecar interrumpe parcialmente
nuestra relación con nuestro Creador, la Kabbalá nos enseña que, de hecho, nos
brinda la oportunidad de rectificar ese pecado y, por lo tanto, alcanzar un
nivel aún mayor de cercanía con HaShem. Vemos aquí que, aunque sea cierto que
la luz del mundo se perdió a causa de las acciones de Javvá (a quien se puede
considerar la raíz espiritual de todas las almas femeninas existentes), también
es el mayor honor para la mujer efectuar un ‘Tikkún’ (“rectificación”) tan
sublime. Como sabemos, cuanto mayor es el pecado, más difícil se vuelve la
tarea de rectificación; y, sin embargo, precisamente por eso, resulta aún más
gratificante a largo plazo.
Además, nuestra ‘Devekut’ (“comunión”)
con el Creador en este preciso instante, cuando fijamos la mirada en las
pequeñas llamas y abrimos nuestros corazones para orar, es como si estuviéramos
‘Panim BeFanim’ (“cara a cara”) con nuestro Creador. Esto es muy profundo. La
bendición que recitamos comienza:
BARUJ ATTÁ
ADO-NAI ELO-HENU MÉLEJ
HAÖLAM ASHER KIDDESHANU
BEMITZVOTAV VETZIVVANU LEHADLIK
NER SHEL SHABBAT
“Bendito eres Tú, HaShem, Di-s
nuestro, Rey del Universo, que nos ha santificado con Sus preceptos y nos ha
ordenado el encendido de la vela de Shabbat”.
La palabra KIDDESHANU significa
literalmente “que nos ha santificado”, pero aún más profundamente, proviene de
la palabra Kiddushín, relacionada con el matrimonio. Nos unimos literalmente a
nuestro Creador como una esposa y su esposo. Comprendan cuán precioso es
realmente este momento. El espacio entre nosotros y HaShem es sumamente íntimo.
Quizás, con una oración sincera, dicha con profunda alegría, podamos salvar al
mundo.
El Shabbat se santifica tanto a
través de lo físico como de lo espiritual. Volvemos nuestros corazones a la
oración con fervor y alegría, y nos deleitamos con exquisitos manjares. Pero,
¿cómo podemos realmente conectar con el verdadero significado espiritual de este
maravilloso día sagrado? Como escribió Rabbí Shelomó Alkabbetz en el famoso
himno ‘Lejá Dodí’: “SOF MAÄSÉ BEMAJASHAVÁ
TEJIL´LÁ - El fin último surge del primer pensamiento”. Nuestro primer
pensamiento es la oración meditativa (es decir, el elemento puramente
espiritual) que sigue al encendido de las velas de Shabbat; el grado en que
nuestro disfrute físico durante el resto del Shabbat se santifica va de la mano
con nuestra concentración espiritual, especialmente al comienzo del Día de
Descanso. ¡Que merezcamos verdaderamente purificar y elevar este momento
sublime! ¡SHABBAT SHALOM UMEVORAJ!
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