ANATOMÍA DE UN ABRAZO
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ANATOMÍA DE UN ABRAZO
Por Kabbalah y Torah en Expansión
Durante más de 3.300 años, durante
los 7 días de la alegre Festividad de Sukkot, comemos, bebemos, celebramos,
conversamos, descansamos, leemos y, en algunos casos, incluso dormimos en una
estructura temporal conocida como Sukká. Esta construcción consta de paredes y
un techo hecho de material vegetal que crece de la tierra, como bambú, paja o
ramas.
¿Cuántas paredes requiere la Sukká?
Según la ‘Halajá’ (“ley judía”), una Sukká debe tener 2 paredes completas y una
tercera pared parcial, que puede incluso ser muy pequeña. Si la Sukká tiene 3 ó
4 paredes completas, es aún mejor; sin embargo, el requisito mínimo es de 2
paredes y una tercera pared de tamaño reducido.
¿Por qué la Halajá dicta este
requisito exacto para las paredes de la Sukká? ¿Y cuál es realmente el
significado espiritual y psicológico de pasar 7 días en una cabaña en tu porche
o en tu patio trasero?
Dos de los pensadores judíos más
extraordinarios, el Arí (Rabbí Itzjak Luria), el principal ‘Mekubbal’ (“cabalista”)
de Tzefat del siglo 16, y Rabbí Schneur Zalman de Liadi, el “Alter Rebbe” de
Jabad, nos invitan a reflexionar sobre las afectuosas palabras pronunciadas por
la ‘Kal´lá’ (“novia”) en el ‘Shir HaShirim’ (“Cantar de los Cantares”) (2:6): “SEMOLÓ TÁJAT
LERROSHÍ VIIEMINÓ TEJABBEKENI - Su izquierda esté debajo de mi
cabeza, y su derecha me abrace”.
Estos dos místicos interpretan estas
palabras como una referencia, en lenguaje metafórico, a dos momentos distintos
en la relación entre HaShem, el ‘Jatán’ (“novio”), y Su pueblo, la ‘Kal´lá’ (“novia”).
Durante los ‘Iamim Noraim’, es
decir, los 10 días entre Rosh HaShaná y Iom Kippur, el “brazo izquierdo” de HaShem,
por así decirlo, se posa bajo la cabeza de ‘Äm Israel’ (“El Pueblo de Israel”).
En la Kabbalá, el lado izquierdo representa la introspección, la disciplina y
el rigor, y este es el tema central de estos días de reflexión, arrepentimiento
y juicio espiritual.
Sukkot, por otro lado, descrito en
la Torá como “Zemán Simjatenu” (“el tiempo de nuestra alegría”), constituye el
momento del año en el que “el brazo derecho de HaShem me abraza”.
Observa cualquiera de tus brazos,
dice el Arí, y notarás que se divide en 3 secciones distintas, cada una con una
función y dirección diferentes. La primera es el brazo propiamente dicho, desde
el hombro hasta el codo; la segunda es el antebrazo, desde el codo hasta la
muñeca; y la tercera es la mano, desde la muñeca hasta la punta de los dedos.
Ahora, observa con atención tu Sukká
y notarás lo que puede entenderse como un “abrazo del brazo derecho”. La
primera pared completa representa el abrazo divino desde el “hombro” hasta el
“codo”; la segunda pared refleja el abrazo del “antebrazo”, y la tercera pared
más pequeña simboliza el abrazo de la “mano” o la palma.
El Arí va un paso más allá y explica
que estas 3 dimensiones del brazo abarcan 3 partes distintas del cuerpo que son
abrazadas. Cuando una persona abraza a otra, explica el Rajú (Rabbí Jaiim
Vital), citando a su maestro el Arí, la parte superior del brazo (entre el
hombro y el codo) abarca toda la cintura izquierda de la persona abrazada. La
parte media del brazo, el antebrazo, se extiende a lo ancho de la espalda de la
persona abrazada. Finalmente, la palma y los dedos se proyectan aún más y
cubren solo una pequeña parte del rostro de la persona abrazada,
aproximadamente el ancho de una mano.
Lo mismo ocurre con el “abrazo” de
la Sukká. Las 2 primeras paredes representan la luz de HaShem que abraza la
cintura izquierda y la espalda de quien habita en la Sukká. La tercera pared
simboliza la energía divina que abraza una pequeña parte del rostro del Ben
Israel. (Si tienes una Sukká de 3 ó 4 paredes completas, el abrazo es, por
supuesto, un abrazo que lo abarca todo, rodeando tu espalda y tu rostro).
Este es el lenguaje de la Kabbalá,
escrito en códigos y metáforas. Ahora bien, ¿cómo podemos aplicar estas
descripciones antropomórficas a nuestra vida cotidiana? ¿Cómo puede la
realización de la Mitzvá de la Sukká convertirse en una experiencia
significativa e inspiradora, incluso si el clima decide no acompañar la Festividad?
¿CÓMO EXPRESAS EL AMOR?
Para comprender esto, debemos
examinar 4 formas universalmente aceptadas de expresar amor a otro ser humano:
La primera es, por supuesto, a
través de palabras de afecto. Las dos simples palabras “te amo”, cuando se
pronuncian con sinceridad, pueden tener un impacto transformador en la vida de
las personas. Las palabras siempre han sido herramientas fundamentales para
expresar nuestras experiencias emocionales internas.
Una segunda expresión de amor, más
poderosa, es el beso. Un beso genuino contiene una energía extraordinaria y
sirve como medio para comunicar un sentimiento profundamente intenso que quizás
no pueda expresarse plenamente con palabras. Las palabras pueden decir “te
amo”, mientras que un beso declara: “te amo más de lo que jamás podré expresar
con palabras”.
Una tercera expresión de amor,
quizás aún más poderosa, se manifiesta a través de la mirada. Dos personas
enamoradas pueden mirarse fijamente durante largos periodos de tiempo sin
pronunciar palabra. El lenguaje silencioso de una mirada a veces es más
elocuente que un grito que expresa afecto. Los ojos encierran profundos
secretos del alma (por eso muchas personas se sienten incómodas cuando alguien
las mira fijamente a los ojos durante más de unos segundos). Hay aspectos del alma
que pueden comunicarse a otro ser humano únicamente a través de la mirada.
Un cuarto método universalmente
reconocido para expresar amor es el abrazo. Un “abrazo fuerte y sincero”,
cuando es auténtico y no meramente superficial, refleja un vínculo sólido y
profundo entre las dos personas que se abrazan.
¿Cuál de estas 4 formas de amor
aprecian más los niños?
A los niños les gusta que les hablen
(no simplemente que les hablen). Sin duda, disfrutan de los besos y de las
miradas de cariño. Sin embargo, por encima de todo, la mayoría de los niños,
especialmente los bebés, valoran los abrazos. Cuando se lastiman o hacen alguna
travesura y luego rompen a llorar, suelen correr hacia sus padres en busca de
un abrazo largo y firme que los calme y les devuelva la confianza.
¿CUÁL ES EL SECRETO DEL ABRAZO?
¿CUÁL ES SU PODER?
Dos características significativas
distinguen el abrazo de las otras tres formas de expresar amor. Todas las
formas mencionadas anteriormente se dirigen principalmente al rostro del ser amado:
se le habla a la cara, se le besa en las mejillas o en los labios, y se le mira
a los ojos. Un abrazo, en cambio, se centra en la nuca y la espalda de la
persona abrazada.
Otra característica que distingue el
abrazo de otras formas de expresar amor es el firme vínculo físico que
caracteriza un abrazo reconfortante. Cuando te digo palabras de amor, cuando te
miro o incluso cuando te beso, no te sujeto; si quieres apartarte de mi beso,
es tu decisión. Pero cuando te abrazo, aunque desees alejarte, permaneces
contenido en mi abrazo firme; no te permito separarte de mí.
Ahora bien, una vez que comprendamos
la energía espiritual que hay detrás de un abrazo, veremos cómo estas 2
características únicas -su objetivo en la espalda y su firme sujeción a la persona
abrazada- son interdependientes.
Existen 2 formas de amor: el amor
recíproco y el amor incondicional. El primero se dirige al rostro del ser
amado; el segundo, a su espalda.
Puedo amarte por lo que recibo a
cambio de nuestra relación. Puedes ser sabio, profundo, sensible, amable,
bello, ingenioso, desafiante, etc. -cualidades que se expresan en tu rostro,
tus ojos, tus oídos, tu boca y tu mirada en general- y te amo por estas u otras
cualidades extraordinarias que enriquecen mi vida.
Este es el tipo de amor que se
comunica con palabras de afecto, un beso o una mirada silenciosa y romántica,
todas dirigidas al rostro del ser amado, el lugar principal de la reciprocidad.
Cuando expreso mi afecto hacia ti de estas 3 formas, o de otras, estoy
afirmando, en esencia, que te aprecio por tu rostro, por tus cualidades y
virtudes que enriquecen mi vida. Sin ti, mi vida es mucho más vacía, aburrida y
sin rumbo.
Este amor no es una ilusión ni un
mito. Puede ser profundo y poderoso, y brindarte una vida llena de bendiciones
y plenitud. Sin embargo, depende de la reciprocidad del ser amado. Mientras
estés aquí para mí, yo estaré aquí para ti. En esencia, te amo porque me amo a
mí mismo, y tú haces que mi ser sea mucho más profundo y feliz.
Pero existe un amor mucho más
profundo: el amor demostrado en un abrazo, en el que mis brazos rodean tu
espalda. El abrazo representa un amor incondicional, absoluto y sin reservas.
No se trata de tu rostro, sino de tu espalda, un espacio que carece de la
oportunidad de una reciprocidad significativa. No te amo por mí; te amo por ti.
Puede que no me des nada a cambio de mi amor, puede que incluso quieras que me
vaya de tu vida, pero aun así te amo con todo mi corazón, porque mi alma ama tu
alma.
Por eso, los niños, quizás más que
nada, necesitan el cariño de sus padres.
Cuando se lastiman o rompen algo en
casa, lo que más buscan es la confirmación de que su valía no se ha visto comprometida.
Anhelan escuchar que su valor no depende de ser perfectos e impecables, sino
que su dignidad es absoluta y eterna. “Enséñame”, pide el niño, “que me amas
incondicionalmente por quien soy y no por lo que logro”.
Cuando tu hijo llora porque se ha
hecho una herida en un dedo y tú simplemente le pones una curita y te marchas,
quizá hayas perdido una oportunidad invaluable para enseñarle una de las
lecciones más importantes: su dignidad no depende de las circunstancias, sino
que brota de quien es. Incluso cuando se cae y sangra, su valor y su identidad
siguen siendo sagrados e irremplazables.
DISEÑOS DE SUKKÁ
Nuestra relación con HaShem también
opera en estos 2 niveles.
Durante todo el año, la luz de HaShem
se nos comunica como resultado de las decisiones que tomamos en nuestras vidas.
Cuanto más sintonizamos nuestro cuerpo y nuestra mente con la verdad superior
de la realidad, más nos permitimos escuchar los ecos de la voz silenciosa y
apacible de HaShem, que resuena en lo más profundo de nuestras almas.
A lo largo del año, experimentamos
la presencia de HaShem solo a través de nuestros esfuerzos constantes por
refinar nuestra conducta y espiritualizar nuestros días. Cuando meditamos,
oramos, reflexionamos, estudiamos y vivimos de manera moral y santa, podemos
vislumbrar el amor de HaShem hacia nosotros. Cuando declaro la guerra contra
mis tentaciones inmorales y mis malos deseos, a veces puedo sentir un beso
recíproco de HaShem.
Durante todo el año, disfrutamos de
una relación recíproca con HaShem. HaShem puede hablarte, incluso besarte o
mirarte, pero con una condición: debes mostrarle tu rostro. Si no le das la
espalda, estará contigo de maneras que jamás imaginaste.
En Sukkot, las “reglas” se suspenden
durante 7 días. Durante esta Festividad única, HaShem te abraza. Comparte Su
luz y Su amor contigo incondicionalmente.
Esta es la esencia de la experiencia
de la Sukká. ¿Qué se hace en la Sukká? Se come, se bebe, se conversa, se
descansa, se socializa y se duerme; todas actividades cotidianas propias de
cualquier ser humano. No hay rastro de espiritualidad ni religiosidad en muchas
de las actividades que realizamos en la Sukká. Sin embargo, cuando estos actos
se llevan a cabo en la Sukká durante la Festividad de Sukkot, HaShem los define
como una Mitzvá, un medio a través del cual cultivamos una relación con Él.
Este es el mensaje que muestran las
paredes de la Sukká: Te amo y te aprecio no por lo que haces por Mí ni por lo
que obtengo de ti. Estoy unido a ti no por tu sofisticación espiritual ni por
tus nobles propósitos. Te amo porque te amo. Soy uno contigo tal como eres. Estoy
enamorado de tu esencia misma.
Así que, si necesitas un gran abrazo
en tu vida, este Sukkot pasa un tiempo en una Sukká.
MANTENIENDO EL ABRAZO
El propósito de cada Festividad hebrea
es dejarnos un mensaje y una energía que nos impacten durante todo el año,
hasta que llegue la misma Festividad nuevamente. Esto también se aplica a Sukkot:
este “abrazo” que HaShem nos ofrece, incluso en nuestro estado físico, nos
fortalece e inspira a corresponder y transformar todos nuestros esfuerzos
físicos y cotidianos, a lo largo del año, en herramientas para servir a HaShem
y traer Su luz al mundo.
Esta podría ser una de las razones
por las que el Midrash (Ialkut Shimöní, Parashat Emor) afirma que quien cumple
la Mitzvá de la Sukká en este mundo tendrá un lugar en la Sukká que acogerá al
mundo en ‘Iemot HamMashíaj’ (“Los Días del Mesías”). En ese tiempo, la
humanidad experimentará la realidad de estar rodeada y abrazada por la Presencia
Divina; y la preparación para vivir esa experiencia comienza al habitar las Sukkot
que construimos hoy.
Si quieres seguir aprendiendo e
ingresar a nuestro grupo de estudio escríbenos un sms al chat de la página de
Facebook o al email: kabbalahytorah7@gmail.com
Gracias por apoyar y darle continuidad al proyecto de Kabbalah y Torah en Expansión
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