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EN EL CAMINO HACIA LA JUSTICIA

EN EL CAMINO HACIA LA JUSTICIA

 

Por Kabbalah y Torah en Expansión

 

Los días del mes de Elul son días de viajes: viajes espirituales interiores, así como viajes de kilómetros y kilómetros recorridos por las colinas y carreteras de Israel, Europa y América. Desde los primeros tiempos de la Jasidut, existe la tradición de viajar junto a un ‘Tzaddik’ (“persona justa”), para ‘Rosh HaShaná’ (“Año Nuevo Judío”), pues por el mérito del Tzaddik, uno puede esperar ser juzgado favorablemente en ‘Iom HadDín’ (“el Día del Juicio anual”).

 

En épocas pasadas, el viaje hasta el Tzaddik no solía ser fácil y exigía un gran sacrificio personal, tanto por parte de los ‘Jasidim’ (“piadosos”) como de sus ‘Mishpajot’ (“familias”). El camino de Varsovia a Gur estaba a menudo lleno de Jasidim descalzos que caminaban por los campos para ahorrar sus zapatos y poder usarlos en honor de la Festividad. Algunos Jasidim se ausentaban durante un mes o más, y sus familias quedaban a cargo de sí mismas. Sin embargo, muchas esposas y familias animaban y bendecían a sus esposos y padres para que realizaran cada año la peregrinación durante el mes de Elul, Rosh HaShaná, Iom Kippur y Sukkot.

 

El viaje al Tzaddik tenía en tiempos pasados un carácter especial. Los Jasidim viajaban durante días y semanas en compañía de sus hermanos hasta llegar a su destino. Por lo general, el viaje se hacía junto a los amigos, a menudo Jasidim de primer orden y de la más alta calidad espiritual, todos viajando unidos por un vínculo de amistad singular e inquebrantable. Los Jasidim solían decir que, en compañía de semejantes buscadores, es posible alcanzar una sanación del alma -llamada Tikkún HanNéfesh- incluso antes de llegar al Rebbe.

 

Aquellos primeros Jasidim citaban un ‘Pasuk’ (“versículo”) del libro de Irmiahu (Jeremías) al recordar sus experiencias recorriendo los caminos de tierra de Europa oriental rumbo al Tzaddik (Irmiahu 2:2):

 

ZAJARTI  LAJ  JÉSED  NEÜRÁIJ  AHAVAT  KELULOTÁIJ  LEJTEJ  AJARAI  BAMMIDBAR  BE´ÉRETZ  LO  ZERUÄ

 

“Recuerdo la bondad de tu juventud, el amor de tus desposorios, cuando me seguiste por el desierto, por una tierra no sembrada”.

 

El Rebbe Elimélej de Lizhensk solía comentar que esta bondad -la disposición del Jasid a emprender el camino para visitar al Rebbe/Tzaddik durante su juventud, en los años en que gozaba de toda su fuerza- permanecerá a su favor en sus últimos años. HaShem lo recordará cuando sus fuerzas físicas hayan disminuido; recordará su alegría y entusiasmo, y cómo dejó de lado todas sus ocupaciones mundanas para viajar, por así decirlo, a una tierra sin cultivar, al emprender el camino para estar junto al Rebbe. HaShem lo recordará y concederá al Jasid las fuerzas necesarias para emprender el viaje una vez más al año siguiente.

 

La pregunta resulta ahora evidente: ¿por qué asumir el gasto de tiempo y dinero que supone viajar hasta el Tzaddik? ¿No es posible estudiar en casa, por cuenta propia, los libros de Jasidut y de ‘Musar’ (“ética”)? ¿No puede uno alcanzar el crecimiento espiritual por sí mismo, sin tener que realizar un viaje tan arduo?

 

Un Jasid cuyo vecino le preguntó una vez por qué era necesario viajar hasta el Rebbe respondió:

 

“Cuando me siento en mi casa con un libro y comienzo a estudiar, finalmente el ‘Iétzer HarRá’ (“la inclinación al mal”) se levanta y empieza a bailar sobre mi mesa, hasta que termina abriendo de una patada mi libro precisamente en el capítulo que habla de la debilidad inherente del ser humano y de cómo debe esforzarse para vencer al Iétzer HarRá. Inmediatamente me invade la tristeza y me asaltan las dudas sobre mi capacidad para derrotarla. Cuando viajo al Tzaddik, él sabe exactamente qué me falta y qué necesito para reparar mis defectos. Él me fortalece y me proporciona la reparación que mi alma necesita”.

 

El deseo de viajar al Tzaddik es, en realidad, el intenso anhelo del alma por desprenderse de sus impurezas y de sus cáscaras vacías, y regresar a un estado de pureza. Es la luz del Tzaddik la que limpia y endereza el alma del Jasid.

 

Durante el mes de Elul, cualquier contacto con estudiosos de la Torá, o con cualquier ‘Ben Israel’ (“Hijo de Israel”) que sirva a HaShem con todo su corazón, ayudará a la persona a prepararse para ‘Iamim Noraim’ (“Los Días Solemnes”) que se avecinan.

 

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