EL SOBORNO DE LA CABRA

EL SOBORNO DE LA CABRA

 

Por Kabbalah y Torah en Expansión

 

Rabbí Iose dijo:

 

“¡Ay del pueblo de Ësav (Esaú) cuando aquella cabra sea enviada al ‘Satán’ (“Acusador”)! En ese momento, el ‘Sar’ (“gobernante espiritual”) de Ësav comienza a hablar en favor de Israel, después de haber recibido como su parte la cabra enviada a Äzazel.

 

Entonces, ‘HKBH’ (“El Santo Bendito Sea”) hace recaer sobre la cabeza de Edom todas aquellas iniquidades con las que antes había acusado a Israel. Esto sucede porque, aunque Israel ha sido absuelto del juicio, los pecados todavía requieren expiación, y la acusación provenía del lado de las ‘Kelippot’ (“las fuerzas de impureza”).

 

Por eso está escrito: “DOVER  SHEKARIM  LO-IKKÓN  LENÉGUED  ËNAI - El que habla falsedad no permanecerá delante de Mis ojos” (Tehil´lim 101:7). Incluso cuando parece defender a Israel, no lo hace por amor a la Verdad, sino debido al beneficio que ha recibido.

 

Rabbí Iehudá añadió:

 

“Si las naciones idólatras comprendieran el poder y el significado del macho cabrío enviado a Äzazel, no permitirían que Israel permaneciera en el mundo ni un solo día”.  

 

Ven, contempla: Durante todo el día de Iom Kippur, el Sar de Ësav permanece ocupado con el macho cabrío enviado a Äzazel y con la porción que recibe de él. Mientras está absorto en ello, no presenta acusación alguna contra Israel.

 

Entonces, ‘HKBH’, perdona a Israel y lo purifica por completo, pues no hay ningún acusador que se interponga ante Él. Después de esto, aquel mismo acusador comparece ante HaShem y, en lugar de condenar a Israel, habla en su favor y lo alaba.

 

Por eso está escrito: “Y HaShem dijo al Satán: “¿De dónde vienes?”. Entonces él responde exaltando los méritos de Israel. De este modo, quien antes era acusador se convierte en defensor y finalmente se retira.

 

Entonces ‘HKBH’, dice a los ‘Shivïm Sarim’ (“70 ministros”) que rodean Su trono -los miembros de la corte celestial-:

 

“¿Habéis visto a este acusador, que siempre está dispuesto a denunciar y a hablar en contra de Mis hijos?

 

Mirad: ya ha sido enviado un ‘Saïr’ (“macho cabrío”) hacia él, con una inscripción que contiene todas las iniquidades, actos abominables, pecados y transgresiones de Israel, y él las ha recibido sobre sí”

 

Entonces, todos los ‘Sarim’ (“ministros”) asienten unánimemente en que esas iniquidades recaen sobre el dominio de Edom.

 

Rabbí Abbá dijo que todas las iniquidades y los pecados están ligados a él, como está escrito: “Y arrojarás todos sus pecados a las profundidades del mar” (Mijá 7:19). Las profundidades del mar representan a Sammael y sus consortes. Entonces, todas esas iniquidades recaen sobre la cabeza de aquel que las porta, tal como está escrito: “Y el macho cabrío llevará sobre sí todas sus iniquidades a una tierra estéril” (Vaiikrá 16:22), la cual simboliza la morada de Sammael y sus consortes.

 

Si la ‘Teshuvá’ (“arrepentimiento”) es completa, los pecados son, por así decirlo, “depositados” y apartados: pueden ser arrojados al mar o enviados a una tierra desolada en el desierto. Desaparecen del ámbito de la persona, y esta queda “limpia”, es decir, en estado de ‘Kappará’ (“expiación”), como una especie de “pizarra limpia”, una renovación interior.

 

Es como si la persona se convirtiera en alguien nuevo, capaz de desligarse de su pasado. Los pecados quedan apartados de su vida consciente y de su relación con lo divino.

 

Sin embargo, en el lenguaje simbólico de la tradición, esta “eliminación” no siempre implica borrado físico o material, sino una transferencia a un ámbito de juicio o separación, representado en imágenes como el mar profundo o el desierto.

 

Estos pecados pueden, en cierto sentido, volver a aparecer si la persona recae en sus antiguos hábitos y errores. No quedan “olvidados” como si nunca hubieran existido, sino que quedan apartados o suspendidos en su efecto espiritual.

 

En la tradición simbólica, Äzazel se asocia con la dinámica del chivo expiatorio de Iom Kippur: al ser “enviadas” las faltas hacia ese ámbito, la fuerza acusadora deja de actuar sobre la persona y cesa la acusación espiritual.

 

En algunas interpretaciones místicas, Äzazel se entiende como una expresión de oposición radical al orden divino, y el ritual simboliza la separación entre la persona y aquello que la arrastra al error.

 

Nuestra motivación para permanecer en este estado de bien no debería basarse en el temor al castigo, sino en el respeto profundo y el deseo de no perturbar la relación de cercanía y confianza que tenemos con el “Rey”, ante quien ahora gozamos de favor.

 

Es como cuando un padre perdona una travesura a su hijo: normalmente, el niño no repite la misma falta, no tanto por miedo, sino por el vínculo afectivo y el deseo de no dañar esa relación.

 

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