CON EL REY EN EL CAMPO - 1b
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CON EL REY EN EL CAMPO - 1b
Por Kabbalah y Torah en Expansión
El acrónimo de Elul: אני לדודי ודודי לי ‘ANÍ LEDODÍ VEDODÍ
LI’ (“Yo soy para mi amado y mi amado es para mí”), ilustra este
concepto. Su primera letra, א ‘Álef’, representa “yo” (en hebreo, ‘Aní’), es decir, ‘Äm Israel’
(“El Pueblo de Israel”). La segunda letra, ל ‘Lámed’, representa “para mi amado” (en hebreo, ‘LeDodí’), es
decir, HaShem. La estructura de este versículo es la de dos personas que están
frente a frente expresando su amor mutuo. Esta es la idea de que el corazón de
quien da está insertado en el corazón de quien recibe, y viceversa. Existe una
relación recíproca de este amor. Cada uno es el corazón del otro.
¿Cómo llegamos a ser el corazón de HaShem?
Esto se logra mediante la unidad de Äm Israel. ¿Y quién nos une? Cuando el rey
entra en el campo, todos los Bené Israel se vuelven iguales unos a otros. Por
ello, aprendemos de este ejemplo que cuando el rey (es decir, HaShem) entra en
el campo, todos somos iguales ante Él y, por tanto, estamos unidos. Nuestra
unidad hace que Su amor aumente, y nos convertimos en Su corazón. Este ejemplo
ilustra así el servicio divino del mes de Elul: nosotros despertamos Su amor
desde abajo, mientras Él nos otorga Su amor desde Arriba.
No es casualidad que para esta
parábola el Alter Rebbe (Rabbí Shneur Zalman de Liadi) eligiera un campo.
Además, el Rebbe distingue el campo de otros lugares, como un desierto o una
ciudad. En el libro de Irmiahu, Jeremías habla de los desiertos (Irmiahu 2:2): “LEJTEJ
AJARAI BAMMIDBAR BE´ÉRETZ LO ZERUÄ
- me seguiste por el desierto, por una tierra no sembrada” y (Irmiahu 2:6) “nos
condujo por el desierto, por una tierra desolada y llena de barrancos, por una
tierra árida y de sombra de muerte, por una tierra por la que ningún hombre
pasó y donde ningún ser humano habitó”.
A diferencia de las cualidades de un
‘Midbar’ (“desierto”), un ‘Sadé’ (“campo”) puede cultivarse; es un lugar donde
las cosas pueden crecer, desarrollarse y florecer. Como se afirma en Iiiov 28:5:
“ÉRETZ MIMMENNA IETZE-LÁJEM - De la tierra sale el alimento”.
Por lo tanto, un campo es naturalmente más elevado espiritual y físicamente que
un desierto.
Sin embargo, ¿por qué eligió el
Alter Rebbe utilizar el ejemplo de un campo en lugar de una ciudad?
Las ciudades simbolizan la
materialidad que ya se encuentra dentro del ámbito de lo sagrado, pues una
ciudad está rodeada por un muro que separa las casas de su interior del mundo
exterior. Por el contrario, los desiertos se encuentran más allá de los límites
de una ciudad. Representan objetos que están alejados del ámbito de la Divinidad.
Los campos, en cambio, simbolizan un estado intermedio. Aunque también se
encuentran fuera de las ciudades, los productos cultivados allí son purificados
mediante el consumo humano. Como resultado, también ellos son elevados al
ámbito de la Divinidad: la ciudad.
HasSadot’ (“los campos”), entonces,
simbolizan la razón de ser de la humanidad: el servicio divino de purificar los
objetos del mundo y hacer que asciendan al ámbito de lo sagrado. Por esta
razón, todos los sacrificios del Templo son llamados “alimento”, como afirma el
Pasuk (Bamidbar 28:2): “ET-KORBANÍ LAJMÍ LEISHSHAI
RÉAJ NIJOJÍ - Mi ofrenda, mi
alimento, mis ofrendas encendidas de olor grato”. Los sacrificios purifican y
elevan tanto las cosas animadas como las inanimadas.
Aunque actualmente no podemos
ofrecer sacrificios porque, lamentablemente, nos encontramos en un estado de ‘Galut’
(“exilio”), la perfección de los sacrificios tendrá lugar en la Era Futura. Sin
embargo, un aspecto de su plenitud también está presente hoy. ¿Cómo ofrecen
sacrificios los Bené Israel durante el exilio? El Talmud enseña: “Al estudiar
las leyes de los sacrificios, se nos considera como si realmente hubieran sido
ofrecidos”. Por eso recitamos sus leyes antes de las oraciones de la mañana y
de la tarde, correspondientes a los momentos en que se ofrecían los ‘Korbanot’
(“sacrificios”) en el Templo Sagrado.
El profeta Hosheä (14:3) nos dice: “Que
nuestros labios sustituyan [completen la obligación] por los toros”. La palabra
hebrea para “sustituir”, ‘Neshal´lemá’, se escribe de la misma manera que la
palabra que significa “plenitud” o “integridad”. Hosheä, por tanto, indica que
la manera en que ofrecemos nuestros sacrificios, mediante la ‘Tefil´lá’ (“oración”),
es completa. En este tiempo de exilio, solo podemos experimentar los
sacrificios a nivel espiritual. Su perfección absoluta solo se alcanzará en la
Era Futura, cuando también puedan realizarse físicamente.
Recitamos este principio en nuestras
oraciones de Musaf de Shabbat: “Allí te ofreceremos nuestros sacrificios
obligatorios... conforme a sus leyes”. Pues será únicamente en el Futuro cuando
podamos observar ‘TaRIaG Mitzvot’ (“Los 613 Mandamientos”), incluidos aquellos
relacionados con los sacrificios. De hecho, Rashi enseña que los sacrificios
representan el principal servicio divino.
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