APACENTÁNDOSE ENTRE LAS ROSAS
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APACENTÁNDOSE ENTRE LAS ROSAS
Por Kabbalah y Torah en Expansión
‘Shelosh-Ësré Middot HarRajamim’ (“Los
13 Atributos de la Misericordia”) están especialmente activos durante el mes
hebreo de Elul, que precede al período de ‘Iamim Noraim’ (“Las Altas
Festividades”). ‘Talmud Torá’ (“El estudio de la Torá”) está asociado con la
inmanencia de HaShem en la Creación, mientras que el cumplimiento de las Mitzvot
está asociado con su aspecto trascendente, un nivel espiritual superior. El
incumplimiento de las Mitzvot deja una carencia en la espiritualidad que HaShem
ha asignado al individuo desde su nivel trascendente; pero la ‘Teshuvá Shelemá’
(“el arrepentimiento sincero”) despierta los atributos divinos de misericordia,
un nivel que trasciende incluso lo trascendente y que puede llenar esas
carencias. No nos es posible alcanzar por nosotros mismos un nivel de Teshuvá
tan completo sin la ayuda celestial, y durante Elul rezamos por misericordia
para poder alcanzarlo.
En el ‘Shir HaShirim’ (“Cantar de
los Cantares”), que es un poema de amor metafórico entre ‘Äm Israel’ (“El Pueblo
de Israel”) y HaShem, encontramos la afirmación (Shir HaShirim 6:3): “ANÍ LEDODÍ
VEDODÍ LI HARROË BASHSHOSHANNIM - Yo soy para mi amado y mi
amado es para mí, el que se apacienta entre las rosas”. Los 13 pétalos de la
rosa aluden a ‘Shelosh-Ësré Middot HarRajamim’ (“Los 13 Atributos de la
Misericordia”), que HaShem enseñó a Moshé cuando este oró pidiendo perdón por Äm
Israel. HaShem mostró a Moshé que, al invocar estos 13 atributos divinos en la
oración, el orante podría despertar la misericordia celestial (véase Shemot 34:6).
Y es precisamente porque estos
mismos 13 atributos están especialmente activos durante el mes hebreo de Elul,
el mes que precede a las Altas Festividades, que el versículo alude a ellos en
el contexto de: “ANÍ LEDODÍ VEDODÍ
LI - Yo soy para mi amado y mi amado es para mí”. Las letras iniciales
de esta frase en hebreo forman el nombre de este mes: אלול Elul.
Sin embargo, es necesario
comprender, en primer lugar, qué relación tienen “Los Trece Atributos de la
Misericordia” con Elul. La misericordia celestial asociada con “Los 13
Atributos” es la cualidad mediante la cual HaShem perdona a quienes se
arrepienten; por eso está claro que desempeña un papel importante durante el
período de las Altas Festividades y los Diez Días de Teshuvá, entre Rosh HaShaná
y Iom Kippur. Pero ¿por qué es necesario que la misericordia de HaShem esté especialmente
activa también durante el mes precedente de Elul?
Para comprenderlo, debemos analizar,
a modo de introducción, la disputa talmúdica acerca de qué es superior: el
estudio de la Torá o la práctica de sus enseñanzas. Después de cierto debate, ‘JaZaL’
(“nuestros sabios de bendita memoria”) llegaron a la conclusión de que el
estudio es superior a la práctica, porque el estudio conduce a la práctica
(final del primer capítulo del tratado Kiddushín). El significado esotérico de
su disputa es el siguiente:
Se sabe que HaShem, aunque es Uno e
indivisible, se relaciona con la Creación de diversas maneras. Un rey humano,
que es una sola persona pero se relaciona con sus súbditos de distintas formas,
constituye una analogía apropiada.
Por un lado, existe un elemento de
soberanía, de “realeza”, que está completamente separado de la persona física
del rey: los ciudadanos son sus súbditos tanto si se encuentran en su presencia
física como si no. La simple proclamación ‘BeShem HamMélej’ (“en nombre del rey”)
basta, incluso en su ausencia, para promulgar leyes y ejercer de otras maneras
su autoridad sobre ellos. Muchos ciudadanos quizá nunca hayan visto al rey en
toda su vida; sin embargo, este aspecto intangible de la realeza hace que lo
respeten, lo veneren y le sirvan.
Esta idea -la fama del rey, su
soberanía abstracta- impregna todo el reino, aunque afecta a cada súbdito de
manera diferente. Los ciudadanos que viven en la capital perciben naturalmente
esta realeza en mayor medida que los habitantes de las provincias más alejadas;
una persona patriótica puede sentirse más súbdita del rey que un individuo
carente de patriotismo.
Por otro lado, la presencia física
del rey alcanza a todos por igual. No importa dónde vivan dentro del reino ni
cuán patrióticos sean: todos los que se encuentran en una misma sala están
igualmente en presencia del propio rey durante una aparición pública.
Y, contemplándolo desde una tercera
perspectiva, ninguno de los dos aspectos mencionados del rey -su gloria y fama
extendidas por todo el reino y su presencia física- constituye más que una
manifestación del rey ante el público. El rey como hombre -su personalidad, sus
gustos y aversiones, sus emociones- normalmente no es accesible a nadie salvo a
sus allegados más íntimos.
La analogía anterior puede ayudarnos
a comprender algunas de las maneras en que HaShem -el Rey de reyes- se
relaciona con nosotros. Es lógico pensar que, dado que HaShem creó el universo
y todo lo que hay en él, cada uno de los objetos del universo está impregnado
de algo de esa energía creativa divina, una “chispa de HaShem” que le permite
existir. Todo, desde la piedra más sencilla hasta el cerebro más complejo,
posee una esencia espiritual subyacente que constituye su “fuerza vital”, y es
esta la que hace que el objeto exista tal como lo conocemos.
Sin embargo, es evidente que esta
vitalidad divina, que impregna hasta el núcleo cada objeto, está presente en
los distintos elementos de la Creación en diferentes grados: una piedra posee
mucha menos vida espiritual que una planta; la planta, menos que un animal; y
el animal, a su vez, menos que un ser humano. Este aspecto de HaShem -que da
vida a cada objeto de una manera adaptada a su naturaleza particular- es
comparable a la fama o soberanía abstracta de un rey, que se aplica de manera
diferente a cada súbdito y que está separada de la persona física del rey.
Esto responde a una cuestión
fundamental de la filosofía: si el Creador es Uno e indivisible, ¿cómo puede
existir multiplicidad en la Creación? Ahora comprendemos, a partir de la
analogía, que existe un elemento de “realeza” que impregna cada cosa individual
en distinta medida, pero que no afecta en absoluto a la unidad del rey mismo.
De manera semejante, en el plano espiritual, HaShem hace existir al universo.
Aunque, por supuesto, Él es el Creador de todas las cosas que existen, nada de
esto implica, por así decirlo, al “Ser” mismo de HaShem.
Esta inmanencia de HaShem en la
Creación se denomina en hebreo ‘MEMAL´LÉ KOL ÄLEMÍN”,
es decir, aquel aspecto de la divinidad que, literalmente, “llena todos los Mundos”.
Por otro lado, HaShem mismo -a
diferencia de Su soberanía- es tan exaltado y sublime por encima de la
totalidad de la Creación que no se “rebaja” para relacionarse con cada cosa
individual; por ejemplo, para hacer que un objeto exista como piedra y otro
como ser humano. Para HaShem, que es tan sublime, después de todo no existe
diferencia entre una persona y una piedra, pues trasciende por completo a
ambas. Este aspecto trascendente de HaShem respecto de la Creación, denominado ‘SOVEV KOL ÄLEMÍN’,
literalmente “rodea todos los Mundos”, puede compararse con la manera en que la
presencia física del rey, en la analogía anterior, abarca a todos y a todo por
igual, ya sean nobles, campesinos, piedras, etc.
Es importante señalar que este nivel
trascendente de la divinidad es “trascendente” únicamente en el sentido de que
está presente por igual en toda la Creación, pero no en el sentido de que no se
encuentre en absoluto dentro de ella; pues, en efecto, no existe ningún lugar
que esté desprovisto de HaShem. Al igual que en la analogía anterior, toda la
Creación, desde los Mundos Superiores más sublimes hasta lo más bajo de lo
bajo, se encuentra, por así decirlo, en la “presencia del Rey”, que abarca todo
por igual.
Ahora bien, la Torá está asociada
con ‘MEMAL´LÉ KOL ÄLEMÍN’ (“El que llena todos los Mundos”), el
aspecto inmanente de la relación de HaShem con el universo. Esto se debe a que
la Torá es la Sabiduría y la Voluntad del propio HaShem en relación con la
existencia material. En la Torá encontramos leyes relacionadas con la vida
cotidiana (por ejemplo, algo puede estar permitido en un caso y prohibido en
otro), y este fenómeno -el hecho de que la sabiduría abstracta y sublime de HaShem
descienda y se revista de objetos y situaciones materiales de la vida cotidiana-
constituye un aspecto de la inmanencia divina.
Por esta razón, cuando un ‘Ben
Israel’ (“Hijo de Israel”) estudia la Torá, incorporándola a su mente y
convirtiéndola en parte de su propio conocimiento, esa persona atrae sobre sí
una revelación de la Divinidad, la santidad de MEMAL´LÉ KOL ÄLEMÍN.
Las Mitzvot, en cambio, están
asociadas con SOVEV KOL ÄLEMÍN,
el aspecto trascendente de HaShem, un nivel espiritualmente superior al de MEMAL´LÉ.
Cuando un Ben Israel cumple una Mitzvá, llevando a la práctica la Voluntad de HaShem
-no limitándose a estudiar qué desea HaShem que se haga, sino realmente
haciéndolo-, la ‘Kedushshá’ (“Santidad”) que introduce en el mundo, y
particularmente en sí mismo, es tan grande que no puede ser interiorizada por
la persona del mismo modo que puede serlo el conocimiento de la Torá.
A la luz de lo anterior, podemos
apreciar ahora un significado más profundo de la disputa talmúdica mencionada
anteriormente. La opinión de que la práctica de las Mitzvot es superior se basa
en el hecho de que el cumplimiento de una Mitzvá atrae sobre el individuo la
santidad de SOVEV, un nivel espiritual más sublime que el asociado con el
estudio de la Torá, MEMAL´LÉ.
A pesar de ello, ‘JaZaL’ llegaron a
la conclusión de que el estudio de la Torá es superior. Esto se debe a que
simplemente nos sería imposible establecer un vínculo con un nivel tan elevado
como SOVEV mediante acciones físicas y mundanas, sin algún tipo de “peldaño”,
algo que posea aspectos tanto materiales como espirituales y que permita tender
un puente sobre esa brecha.
La Torá -en la que se enseñan las Mitzvot-,
cuya esencia es espiritual pero que se relaciona con la existencia material,
tal como hemos explicado, constituye ese peldaño que permite que SOVEV pueda
relacionarse con nosotros. Esto es lo que el Talmud quiso decir con la
afirmación: “El estudio [de la Torá, asociado con Memal´lé] es superior, porque
el estudio conduce a la práctica [de las Mitzvot, asociadas con Sovev].
Es decir, el estudio de la Torá es
el “puente” que permite que la Kedushshá de las Mitzvot sea atraída sobre
nosotros desde el principio y, por lo tanto, debe considerarse superior.
¿Qué tiene que ver todo lo anterior
con el hecho de que “Los Trece Atributos de la Misericordia” se revelen durante
el mes de Elul? La respuesta reside en que los conceptos de Memal´lé y Sovev
tienen una importancia particular para esta existencia terrenal.
‘Ölam HabBá’ (“El Mundo Venidero”) -el
Cielo- es un lugar de recompensa por la conducta de la persona en este mundo
presente, y el nivel al que cada persona se haya elevado en esta vida determina
su recompensa y su nivel espiritual en la vida siguiente. En el otro mundo,
dicho de otro modo, la posición espiritual de la persona es estática: permanece
fijada en el nivel determinado por su conducta en esta vida. Es únicamente en
este mundo material donde uno puede avanzar de un nivel a otro a medida que
transcurre el tiempo, mejorando su servicio a HaShem o, ‘Jas VeJalila’ (“HaShem
no lo permita”), haciendo lo contrario.
Esta fluidez espiritual en el mundo
material solo es posible gracias al cumplimiento de las Mitzvot. El
cumplimiento de las Mitzvot, como hemos explicado anteriormente, atrae a este
mundo la revelación Divina de Sovev, que, al ser trascendente, no está limitada
a ningún nivel individual. Precisamente por esta razón el alma viene al mundo:
para atraer la Kedushshá de Sovev al mundo mediante el cumplimiento de las Mitzvot,
elevándose a sí misma y elevando a todo el universo de un nivel espiritual al
siguiente.
En efecto, cada persona tiene una
determinada cantidad de esta Kedushshá que debe introducir en el mundo, una
cuota establecida de acuerdo con su capacidad. Esta es una de las razones por
las que transgredir una Mitzvá (‘Jas Vejalila’) es algo tan grave: aunque HaShem
pueda perdonar al transgresor, sigue faltando una parte de la cantidad de Kedushshá
que esa persona debía haber introducido en el mundo mediante el cumplimiento de
las Mitzvot. Ni siquiera el nivel trascendente de Sovev, que normalmente hace
posible pasar de un nivel a otro, puede llenar esa carencia, ¡porque es
precisamente de Sovev de donde falta esa Kedushshá!
Sin embargo, por Su amor ilimitado
hacia nosotros, HaShem hace posible no solo ser perdonados, sino también “llenar
las carencias”. Esto se consigue mediante “Los Trece Atributos de la
Misericordia”, que se encuentran en un nivel muy superior tanto a Memal´lé como
a Sovev: están unidos con el propio HaShem, del mismo modo que la personalidad
del rey en la analogía anterior. Puesto que este es un nivel espiritual tan
sublime, que trasciende incluso a Sovev, puede compensar aquello que falta en
Sovev.
Es apropiado que “Los Trece
Atributos de la Misericordia” se revelen no solo durante ‘Äséret Iemé Teshuvá’
(“Los Diez Días de Arrepentimiento”), cuando desempeñan un papel fundamental al
atraer el perdón misericordioso de HaShem sobre Äm Israel, sino también durante
el mes de Elul.
Para que una persona merezca ser
perdonada -y, más aún, para que cualquier “carencia” en su cuota espiritual
pueda ser reparada milagrosamente- debe lograr un nivel de arrepentimiento tan
sincero y profundo que HaShem se vea movido, por así decirlo, a responder desde
el “corazón” de la misma manera, despertando Sus “Trece Atributos de la
Misericordia” en Su relación con esa persona.
Por desgracia, puede resultar
difícil para una persona alcanzar por sí misma un nivel de Teshuvá tan
auténtico. Por esta razón, HaShem también hace accesibles para nosotros “Los Trece
Atributos de la Misericordia” durante Elul, que constituye un período de
preparación de un mes para las Altas Festividades que están por venir.
Conscientes de la misericordia
divina que se manifiesta durante este mes, deberíamos dedicar este tiempo a orar
pidiendo la ayuda misericordiosa del Cielo, que nos permita alcanzar, durante
los próximos Diez Días de Arrepentimiento, un nivel de arrepentimiento sincero
y profundo capaz de despertar verdaderamente “Los Trece Atributos de la
Misericordia”. De este modo, HaShem no solo nos perdonará, sino que también
llenará nuestras carencias.
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