TAMMUZ: EL MES DE LA OSCURIDAD Y LA LUZ

TAMMUZ: EL MES DE LA OSCURIDAD Y LA LUZ

 

Por Kabbalah y Torah en Expansión

 

Cada mes trae consigo una abundancia de luces, bendiciones y desafíos que constituyen su particular regalo para el año. Y el cuarto mes del calendario hebreo, Tammuz, está lleno de paradojas, en parte debido a su infame distinción como el comienzo de nuestra caída en desgracia. La Torá comienza su conteo de meses con Nisán (y Pésaj), pues ese fue nuestro cumpleaños como Pueblo. Y así, el año comienza con una oleada de júbilo, escapamos de 210 años de esclavitud y presenciamos cómo la nación más poderosa y corrupta del mundo es reducida a la ruina por el Di-s de Israel. Luego, 50 días después, en el Sinaí, experimentamos la revelación de luz y verdad más poderosa que jamás haya ocurrido en el planeta.

 

Y, sin embargo, a pesar de todos estos encuentros con nuestro Di-s, perdimos la fe y pecamos con el Becerro de Oro. Esta fue una transgresión de proporciones horrendas que desencadenó una espiral descendente que culmina el próximo mes con ‘Tishä BeAv’ (“el 9 de Av”), el día de duelo inconsolable por nuestro Templo destruido y nuestras vidas quebrantadas. La Kabbalá enseña que todo el fracaso, el sufrimiento y la oscuridad de nuestro Pueblo a lo largo de su historia comienzan precisamente con ‘Ëguel HazZahav’ (“El Becerro de Oro”).

 

Ambos meses, Tammuz y Av, iban a ser tiempos de enorme bendición. Aunque la Torá fue revelada en el Sinaí, Moshé pasó los siguientes 40 días trabajando con HaShem en una relación de estudio personal, para hacer accesibles esas enseñanzas: en frases, párrafos y prácticas que acercarían la conciencia de HaShem desde los cielos a la vida cotidiana del Pueblo de Israel.

 

El 16 de Tammuz esperábamos el regreso de Moshé al campamento, con las tablas en la mano. Calculamos mal por 6 horas y, cuando se retrasó, temimos lo peor y lo imaginamos muerto en la cima de la montaña. Entramos en pánico, algunos más que otros (las mujeres, en absoluto). Los ‘Ërev Rav’ (“multitudes egipcias”) que acompañaban a los Bené Israel pronto volvieron a sus antiguas costumbres, a la seguridad que les brindaban las imágenes talladas, y convencieron a muchos Bené Israel de hacer lo mismo. Con la renuente ayuda de Aharón, fabricaron un becerro de oro para reemplazar a Moshé como líder y guía.

 

Cuando Moshé vio su profanación, arrojó las Tablas al suelo. Se hicieron añicos y perdimos la oportunidad. Estábamos a 6 horas del paraíso eterno. Si hubiéramos cerrado el trato, si las ‘Lujot’ (“Tablas”) hubieran llegado a nuestras manos, el 17 de Tammuz habría abierto las puertas al cambio de paradigma definitivo. La muerte habría sido engullida para siempre y habríamos entrado directamente en ‘Tor HazZahav Shel HamMashíaj’ (“La Era Dorada del Mesías”) y el ‘Ölam HabBá’ (“Mundo Venidero”). Eso era lo que estaba previsto para este mes.

 

En cambio, se convirtió en el origen de todas nuestras desgracias. Y sin embargo, ‘HKBH’ (“El Santo Bendito Sea”) siempre siembra herramientas de sanación en medio de nuestras dificultades. Dado que Tammuz es el mes de nuestra caída, también debe proporcionarnos la clave para nuestra recuperación.

 

Cada mes trae consigo la energía de una letra hebrea en particular y un talento especial. El Séfer Ietzirá asocia Tammuz con el sentido de la vista y la letra ח ‘Jet’. Estas son las herramientas espirituales que HaShem proporciona para reparar el daño ocurrido este mes. ¿Cuál es su don? ¿Cómo desciframos su código? Siempre, el punto de partida es su primera mención en la Torá. ¿Dónde aparece por primera vez la letra ‘Jet’ y cuál es la primera mención de la vista? De hecho, ambas aparecen en los primeros 4 versículos de Berreshit (1:2-4):

 

“Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo… Y dijo Di-s: “Sea la luz”, y fue la luz. Y vio Di-s que la luz era buena…”.

 

Sin embargo, se evidencia una paradoja. Ver es algo que generalmente requiere luz. No es casualidad que su primera mención en la Torá se relacione con ver la luz: (“Di-s vio que la luz era buena”). En contraste, la primera aparición de la letra ‘Jet’ se encuentra en la palabra ‘Jóshej’ (“oscuridad”). Y puesto que “Todo sigue a la cabeza (es decir, al principio)”, la esencia de la letra ח ‘Jet’ debe asociarse con la oscuridad. El Séfer Ietzirá nos presenta un enigma y un desafío: la rectificación de este mes requiere que aprendamos a ver en la oscuridad.

 

Intentemos comprender qué significa esto basándonos en las enseñanzas de los Jajamim sobre la oración que se recita antes del Shemá matutino, llamada ‘Iotzer Or’. En esa oración, agradecemos a HaShem por los astros que derraman calor, alegría, sanación y luz sobre la creación. Una frase aparece tanto en el primer párrafo de esta oración como en el último, pero con una ligera variación en su redacción. Al principio, dice lo siguiente:

 

BETUVÓ  MEJADDESH  BEJOL  IOM  TAMID  MAÄSÉ  BERRESHIT

 

“En Su bondad, Él renueva cada día continuamente la obra de la Creación”.

 

Este versículo enseña que en cada instante, la creación regresa al caos y renace de la nada por la voluntad reafirmada de HaShem para su existencia. En cada momento, nos disolvemos y reconstituimos más rápido que un parpadeo. Así como una película parece continua aunque haya espacio entre cada fotograma, nuestra existencia también parece continua aunque se disuelva y reconstituya en cada segundo.

 

Sin embargo, nuestro universo reconstituido no es idéntico al que se disolvió. Algo ha cambiado. Ha habido progreso. En general, la Kabbalá explica que una mayor cantidad de la luz divina ha entrado en nuestro mundo. El nuevo universo, el reconstituido, está ligeramente más expandido que su predecesor, lo que significa que puede contener más luz. El nuevo universo siempre está un paso más iluminado, literalmente.

 

Este hecho de progreso también se insinúa en el sutil cambio en la redacción de ese versículo cuando vuelve a aparecer al final de la oración. Allí dice:

 

HAMEJADDESH  BETUVÓ  BEJOL  IOM  TAMID  MAÄSÉ  BERRESHIT

 

“Que renueva, en Su bondad, cada día constantemente, la obra de la creación”.

 

Los Jajamim explican este sutil reordenamiento de las palabras: Al principio, el bien precede a la renovación y se sitúa, por así decirlo, fuera del proceso. En el segundo verso, se ha introducido dentro de los límites de la creación y ahora forma parte del mundo. La diferencia entre el primer y el segundo verso radica en que el mundo se ha expandido de tal manera que una pequeña porción de bien que antes no cabía en nuestro mundo, ahora ha encontrado el espacio para integrarse.

 

Así pues, tenemos 2 criterios para medir el progreso de la creación. Uno es que en cada momento entra más luz en nuestro universo, y el otro es que en cada instante surge más bien. De hecho, estas afirmaciones son prácticamente idénticas, como demuestra nuestro versículo original: “Di-s vio la luz, y que era buena”.

 

Según la Kabbalá, ese versículo establece la equivalencia entre luz y bien. Más luz significa más bien, y más bien significa más luz.

 

La pregunta entonces es, desde una perspectiva experiencial, cuál es la diferencia entre el bien que está fuera de la creación y el bien que está dentro de ella. Y esa es la clave de este mes. Porque solo cuando el bien ha entrado en los límites de nuestro mundo y se ha integrado en un recipiente, solo entonces se hace visible. Solo entonces se vuelve perceptible (el sentido especial de este mes). Solo entonces se percibe como bueno. Antes de eso, es luz oculta, lo que significa que es bien oculto. La luz oculta se manifiesta como su opuesto, es decir, oscuridad; el bien oculto se manifiesta como su opuesto, es decir, maldad y sufrimiento.

 

‘Séfer HatTaniá’ (“El Libro del Taniá”), en el capítulo 26, explica las implicaciones de estas ideas. Comienza con la premisa de que HaShem es bueno, lo que significa que toda interacción que HaShem tiene con la creación es necesariamente una expresión de bondad. Y así, hay 2 categorías de bondad:

 

El Bien Revelado, que es por lo que oramos, por lo que decimos ‘Mazzal Tov’ (“Enhorabuena”) y que deseamos para nuestros hijos; y

 

El bien oculto (o el “sufrimiento”), que tratamos de evitar, decimos: ‘Jas VeShalom’ (“¡Di-s no lo quiera!”), y si llega de todos modos, decimos: ‘Baruj Daiián HaEmet’ (“Bendito Sea el Juez de la Verdad”).

 

Es cierto que HaShem es Unidad pura y simple. Sin embargo, cuando la Divinidad interactúa con la creación, manifiesta una jerarquía de atributos de arriba hacia abajo; desde los reinos internos, superiores, esenciales y ocultos hasta los reinos externos, inferiores, superficiales y revelados.

 

De ello se deduce, según el Taniá, que el bien revelado proviene de los niveles revelados de HaShem (es decir, los modos externos, inferiores y más superficiales de la Presencia Divina). Por el contrario, el bien oculto (es decir, el sufrimiento) debe provenir del Ser interno, superior, más esencial y oculto de HaShem.

 

Las implicaciones de esta enseñanza son profundas. Significa que, en el sufrimiento, uno se encuentra con HaShem a un nivel de profundidad e intimidad que trasciende toda experiencia previa. Esta revelación de luz (y bondad) es más grande que cualquier cosa que uno haya conocido. El “recipiente” de la vida es demasiado pequeño ahora para recibir y percibir este nuevo incremento de bondad (y de HaShem). Debe expandirse para dar cabida a la nueva luz, que se abre paso a la fuerza. El proceso es doloroso. La dilatación duele. Uno solo ve oscuridad. Pero en retrospectiva, cuando el trabajo está hecho y el crecimiento integrado, el evento adquiere un significado diferente. Se reinterpreta, y desde esta nueva y ligeramente ampliada perspectiva, incluso se percibe como una bendición disfrazada. Cuando la bondad oculta finalmente se hace visible como bondad revelada, se la llama una bendición disfrazada.

 

Dependiendo de la magnitud del sufrimiento, este proceso puede durar días, años e incluso toda una vida. Sin embargo, con el tiempo, aprenderemos a aceptar nuestro sufrimiento, y ese día, ya sea en esta vida o en otra, en este mundo o en el venidero, cada célula de nuestro cuerpo le agradecerá los maravillosos y preciosos dones que se escondían tras nuestro dolor.

 

Aunque curtidos por la vida y agotados por las batallas, ahora tenemos a nuestro alcance nuevos tesoros. Hemos profundizado, madurado y realizado nuestro potencial. Hemos alcanzado un nuevo nivel de relación con HaShem. Algún aspecto de la Divinidad, antes inalcanzable, ahora es conscientemente accesible. El bien oculto (es decir, el sufrimiento y sus punzadas de crecimiento) se ha revelado (es decir, la paz y la alegría serena que acompañan al potencial realizado y a una relación más profunda con HaShem). El dolor disminuye poco a poco, mientras que el tesoro de la luz permanece como un recurso permanente en nuestra vida (y en nuestra alma).

 

Así aprendemos a ver en la oscuridad. A través de nuestros tropiezos y sufrimientos, HaShem nos entrena para ver el bien que se esconde en las pruebas y los abismos de nuestra vida. Sensibiliza nuestra percepción (o quizás debería decir nuestra retina) incluso a las más mínimas concentraciones de bondad oculta. Es fácil ver a HaShem en el dramático fuego del Sinaí, pero se requiere un nivel de madurez completamente distinto para verlo en la oscuridad. Es posible que el pecado del becerro fuera una trampa divina, con el propósito de obligarnos a desarrollar este don invaluable.

 

Si quieres seguir aprendiendo e ingresar a nuestro grupo de estudio escríbenos un sms al chat de la página de Facebook o al email: kabbalahytorah7@gmail.com

 

Gracias por apoyar y darle continuidad al proyecto de Kabbalah y Torah en Expansión 

DONAR - TZEDAKÁ


Comentarios

Entradas populares de este blog

TEHILIM/SALMOS 145 - HEBREO-FONÉTICA Y ESPAÑOL

TEHILIM - SALMOS 91 YOSHEV - El que habita - SEGULÁ CONTRA MAZIKIM (ESPÍRITUS DAÑINOS) - MEKATREGUIM Y LILIN

PITUM KETORET - HEBREO-FONÉTICA-ESPAÑOL