¿SIRVIENDO A HASHEM ENTRE LO AGRIDULCE?
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¿SIRVIENDO A HASHEM ENTRE LO AGRIDULCE?
Por Kabbalah y Torah en Expansión
‘Rosh Jódesh Nisán’ (“el primer día
del mes de Nisán”) es un día importante porque fue cuando Moshé completó la
construcción del ‘Mishkán’ (“Tabernáculo”) y cuando la ‘Shejiná’ (“Presencia Divina”)
comenzó a morar allí. El Mishkán fue la primera morada de HaShem en la tierra,
y sus utensilios fueron utilizados por ‘Äm Israel’ (“El Pueblo de Israel”) para
servir a HaShem durante más de 1000 años. En segundo lugar, Rosh Jódesh Nisán
nos recuerda que ‘Pésaj’ (“La Pascua judía”), el cumpleaños de Äm Israel, está
a solo dos semanas. Una Mitzvá central de Pésaj es comer ‘Matztzá’ (“pan sin
levadura”). En el pensamiento jasídico, el ‘Jametz’ (“pan con levadura”)
corresponde a la arrogancia y el orgullo. Comer Matztzá renueva en nosotros la
abnegación que Äm Israel sintió cuando fue liberado de la esclavitud hace más
de 3000 años. De esta abnegación surge nuestra capacidad de servir a HaShem con
humildad durante todo el año.
La forma más apropiada de servir a HaShem
es despojándonos del orgullo y de los motivos ocultos, para convertirnos en un
súbdito leal a un rey o en un hijo amoroso a sus padres. El pensamiento
jasídico reconoce que esto no siempre es fácil y que la mayoría de las personas
aún no han alcanzado el altruismo. Sin embargo, debemos tener una manera realista
de servir a HaShem. Un niño, por ejemplo, necesita algún factor inminente que
lo motive a hacer algo que no sea para su propio beneficio inmediato. De manera
similar, para una persona que se ha desviado del camino espiritual, la forma de
reconducirla no suele ser a través de profundas discusiones teológicas sobre HaShem
y lo que Él espera de nosotros. Más bien, presentar el judaísmo de una manera
que le permita ver un beneficio personal en él es una vía mucho más efectiva.
Incluso una persona espiritualmente enfocada a veces debe usar este método para
superar su ‘Iétzer HarRá’ (“inclinación al mal”). Pero una vez que se
reencuentra, debe trabajar de inmediato para volver a ser altruista.
Esto se ilustra en las enseñanzas de
un versículo de la Parashá VAIIKRÁ (Levítico 1-5), que siempre
cae cerca de Rosh Jódesh Nisán. Respecto a la ofrenda de especias en el ‘Mishkán’
(“Tabernáculo”) y el ‘Bet HamMikdash’ (“Templo Sagrado de Jerusalén”), se nos
ordena No incluir levadura ni miel en sus ingredientes (Vaiikrá 2:11). ‘Seör’
(“la levadura”) representa la soberbia que impide a una persona reconocer que
sin HaShem no puede tener éxito. Así como la masa del pan sube, la soberbia
hace que el corazón de una persona se hinche, cegándola a la ayuda constante de
HaShem. De manera similar, ‘Devash’ (“la miel”) representa el placer, la
conexión de una persona con los deseos del mundo. La excepción a la prohibición
de las ofrendas con miel es ‘Korbán Reshit’ (“la ofrenda del primer producto”).
El ‘Besht’ (“Baäl Shem Tov) nos dice
que este tipo de ofrenda se compara con el primer acercamiento de HaShem a una
persona que experimentó cierto grado de orgullo, interés propio y placer
personal. (Esto incluye incluso el interés propio sutil, como acciones
motivadas por la creencia de merecer una recompensa o por el deseo de tener un
lugar en el Mundo Venidero). Si bien existe el principio de que, al actuar por
interés propio, una persona eventualmente actuará por amor a Hashem (Pesajim
50b), es importante reconocer que esta es una concesión temporal. Una persona
debe esforzarse por alcanzar un nivel superior y evitar usar el orgullo y el
placer como técnica espiritual. Si una persona permite que sus intereses sigan
gobernando su servicio a HaShem, esto equivale a añadir levadura o miel a la
ofrenda de especias, ¡haciéndola impura!
‘JaZaL’ (“nuestros sabios de bendita
memoria”) hicieron una observación similar sobre pasar del interés propio al
interés divino. Dijeron que esto también puede funcionar a la inversa.
Sentirnos demasiado cómodos con los asuntos mundanos con los que entramos en
contacto por causa de HaShem (como las suntuosas comidas de Shabbat) puede
llevarnos a desearlos constantemente si no tenemos cuidado.
Otros Jajamim interpretan la
prohibición de la levadura y la miel de manera distinta: la levadura y la miel
representan, respectivamente, lo agrio y lo dulce. Servir a HaShem de manera
“agria” alude a una actitud mecánica, como la de un campesino que actúa por
inercia, sin reflexión ni intención interior. Servir a HaShem de manera
“dulce”, en cambio, puede llevar a la complacencia, a darlo todo por sentado y
a sentirse excesivamente cómodo en la relación con lo sagrado.
Frente a estos dos extremos, el
Talmud plantea: “MAN REJIM SHEMAIIÁ - ¿Quién ama verdaderamente al
Cielo?”. Es decir, ¿quién logra servir a HaShem con un amor consciente,
equilibrado y vivo, sin caer ni en la rutina vacía ni en la familiaridad
excesiva?
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