KISLEV, TERCER MES: SER BELLO
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KISLEV, TERCER MES: SER BELLO
Por Kabbalah y Torah en Expansión
El tiempo es energía. Como una
espiral, el tiempo fluye en ciclos, regresando a su punto de origen, cada vez
en un plano diferente.
Cada mes tiene su propia energía
única. De hecho, ‘Jódesh’ (la palabra hebrea para mes) viene de la raíz hebrea חדש ‘Jadash’, que significa “nuevo” o “renovar”. Al sintonizarnos con
la energía específica de cada mes, abrimos nuevos canales de bendiciones y
oportunidades en nuestras vidas.
La energía del mes hebreo de Kislev,
tercer mes del ciclo que comienza en Tishré y mes asociado al invierno, es el
poder de la armonía. El número 3 está asociado con Tiféret, la tercera de las 7
Sefirot emocionales, reflejada en nuestras 7 facultades emocionales.
Tiféret significa literalmente
belleza. ¿Qué es la belleza? ¿Por qué ciertas cosas nos resultan atractivas a
la vista -lo que llamamos “bello”- y otras no? ¿Cuál es la anatomía, los
ingredientes de la belleza?
Algunos podrían argumentar,
francamente: ¿a quién le importa? Si algo es bello, es bello y punto. Si no lo
es, no lo es. Además, la belleza está en los ojos del que la contempla. “ÄL HATTAÄM
VEHARRÉAJ EN LEHITVAKKÉAJ - sobre el gusto y el olfato,
no se puede discutir” (en hebreo original, estas dos frases riman). Entonces,
¿cómo puede ayudarnos una definición de belleza? ¿Y se puede cuantificar la
belleza con definiciones académicas y científicas?
La belleza -Tiféret- es armonía
dentro de la diversidad. La belleza siempre consiste en la unión de dos
opuestos. Todo lo bello es multifacético, pero las diversas fuerzas se alinean
simétricamente.
Por muy bonito que sea un color -digamos
el azul-, no se le puede considerar bello. Por muy dulce que suene una nota
musical, no se la puede llamar bella. La belleza siempre es una combinación de
muchos colores -como en una pintura- cuyo equilibrio y armonía crean un hermoso
mosaico. Muchas notas musicales diferentes, cuando se interpretan
correctamente, generan una hermosa sinfonía.
Consideremos la naturaleza. Su
belleza reside en la asombrosa sincronía con la que funcionan tantos sistemas
diferentes. Quizás el mejor ejemplo de esto sea nuestro propio ser. “UMIBBESARÍ
EJEZÉ ELÓ-AH - En mi carne
contemplo a Di-s”. El cuerpo humano sano es una obra maestra de la
arquitectura; posee innumerables extremidades y órganos, diversos sistemas y
facultades. Sin mencionar la multitud de células, hormonas, sustancias químicas
y ADN. Todo ello combinado como una unidad fascinante, funcionando como un todo
sincronizado.
Esto es Tiféret: belleza, la armonía
dentro de la diversidad.
Algo que nos resulta bello (incluso
subjetivamente) es el equilibrio y la simetría de varios, o muchísimos,
elementos diferentes, todos combinados en la mezcla justa.
Esto también nos indica que los
componentes que crean belleza siempre tienen el potencial de generar caos, e
incluso de resultar antiestéticos. Un color, una nota -y sin duda varias-
descoordinadas, comprometerán toda la composición y la harán lucir mal. Una
célula mutante puede causar estragos en todo el organismo. Una sola nota
musical puede no ser bella y resultará tediosa si se repite una y otra vez,
pero no creará caos, solo una monotonía molesta. En cuanto se introducen más
elementos, el potencial de caos se hace posible. Cada elemento adicional -que
puede embellecer aún más la composición- crea un mayor potencial de discordia.
Esta es la paradoja -y el poder- de
la belleza.
Al comenzar el tercer mes del año,
entramos en la energía del equilibrio y la belleza. Pero no solo belleza:
Kislev es la armonía que surge tras el caos. [A diferencia del mes de Siván, la
armonía que aún no ha experimentado la discordia]. Incluso cuando
experimentamos el choque de diversas fuerzas en nuestras vidas -en nuestro
interior, entre nuestras comunidades y entre naciones- este nuevo mes, con sus Festividades,
todas arraigadas en Janukká, nos fortalece con la capacidad de encontrar la
armonía interior más profunda.
Para descubrir la armonía en la
diversidad, necesitamos ser sinceros con nosotros mismos y con HaShem.
Necesitamos Bittul: una combinación de autocontrol, modestia y humildad.
Y ahí reside el verdadero secreto de
Tiféret. Además de belleza, Tiféret también se relaciona con ‘Emet’ (verdad).
Verdad significa que es verdadero no solo en una circunstancia, entorno o
conjunto de condiciones, sino en todas ellas. Si es verdadero, debe serlo en
todo momento: desde el principio hasta el final (de ahí las 3 letras de אמת ‘EMeT’: ‘Álef’, ‘Mem’ y ‘Tav’, la primera, la del medio y la última
letra del alefato hebreo).
Para reconocer la armonía en la
diversidad, necesitamos un profundo Bittul -un sentido profundo de la verdad y
la integridad- que nos permita ver el hilo conductor que une una gran variedad
de fuerzas distintas. Tiféret posee este Bittul y, por lo tanto, como la
tercera rama central en la estructura de las Sefirot, sirve como la columna
vertebral que conecta todas las Sefirot, ascendiendo hasta Kéter (corona) y
descendiendo hasta Maljut (acción). Es capaz de penetrar en toda la diversidad
y extraer la unidad interna en todas las dimensiones, al tiempo que permite que
cada una exprese su individualidad. Como un director de orquesta, Tiféret
coordina todos los instrumentos musicales, todas las diversas notas musicales,
cada una tocando su instrumento y nota particular en su máxima expresión,
mientras se unen en una hermosa composición.
Este es el misterio de la belleza.
Que Kislev nos ayude a todos a
convertirnos en personas más bellas.
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