ILUMINACIONES A LA LUZ DE LA LUNA
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ILUMINACIONES A LA LUZ DE LA LUNA
Por Kabbalah y Torah en
Expansión
Bamidbar 10:10:
“Y en vuestro día de alegría, y en
vuestras fiestas solemnes, y en vuestras lunas nuevas…”
Rosh Jódesh, el primer día del mes
lunar, se llama literalmente “la cabeza del mes” y no “el comienzo del mes”,
porque así como la cabeza contiene la fuerza vital para todos los miembros, así
también el primer día de cada mes representa la “fuerza vital” espiritual para
el resto del mes. La segunda parte del nombre, ‘Jódesh’, está relacionada con
la palabra ‘Jadash’, que significa “nuevo”. En términos simples, esto se
refiere a la renovación de la luna, el nacimiento de la luna nueva.
En las fuentes cabalísticas, sin
embargo, se explica que cada Rosh Jódesh trae una nueva luz espiritual, una que
nunca antes iluminó a lo largo del tiempo. Esta luz deriva de una revelación
general completamente nueva que tiene lugar cada Rosh HaShaná y que se divide
en los 12 meses del año. Cuando llega cada Rosh Jódesh, su nueva luz particular
ilumina.
La renovación de la luna en sí misma
tiene una dimensión cabalística. La luna corresponde a la Sefirá de Maljut en
el sentido de que “no tiene luz propia” y brilla con la luz reflejada del sol.
De manera similar, la “luz” espiritual de Maljut es sólo la que recibe de las Sefirot
que están por encima de ella. Así como la luna se vuelve cada vez más pequeña
hasta que no es visible inmediatamente antes de su renacimiento, de manera
similar Maljut recibe su luz de las Sefirot que están por encima de ella al
“anularse” en su anhelo de recibir esta luz. De la misma manera, el Pueblo de
Israel (que es comparado con la luna) puede convertirse en un ‘Kelí’ (“recipiente”)
para la luz de HaShem al exhibir el rasgo de ‘Bittul’ (“autoanulación”).
La asociación de ‘Jiddush’ (“novedad”)
con la palabra ‘Jódesh’ tiene implicancias importantes para el servicio
espiritual de una persona. ‘Äm Israel’ (“El Pueblo de Israel”) es comparado con
la luna, y “se calcula por la luna” y “está destinado a ser renovado como ella”
(Liturgia, Kiddush Levaná; Sanhedrín 42a). A través del ‘Jiddush’ (“el nuevo
elemento espiritual que se logra en el mundo a través del servicio de Äm Israel”),
Äm Israel alcanza un nuevo nivel más alto que el que ocupaba antes de descender
al mundo físico. Esto finalmente se revelará en la Redención futura. Se podría
decir que cada Rosh Jódesh allí se revela en cada ‘Ben Israel’ (“Hijo de Israel”)
la chispa de Mashíaj que está dentro de él, el nivel de Iejidá, que es una
chispa del nivel de Iejidá general, el alma de Mashíaj. Esta revelación logra
un Jiddush en toda la existencia de la persona y en todo lo que le pertenece;
El nivel de Iejidá lo impregna.
El carácter espiritual de Rosh Jódesh
se puede explicar mejor si lo contrastamos con Shabbat. Cada uno de estos dos
días expresa un modo de un patrón básico doble en el servicio espiritual, un
patrón que también está incorporado en la estructura de la Creación: elevación
y descenso. Rosh Jódesh, en el que se permite el trabajo, representa el
descenso de lo espiritual hacia lo terrenal y mundano; Shabbat, en el que se
prohíbe el trabajo, representa la elevación, ya que lo mundano y lo terrenal se
vuelven más espirituales.
Los 2 modos de este patrón también
tienen una relación recíproca: una elevación trae una correspondiente
reducción, y una reducción trae una elevación correspondiente. La elevación de
Shabbat del mundo físico y de todos los niveles del Mundo Espiritual es seguida
por la reducción del deleite espiritual. La reducción de un nivel superior de Divinidad
en Rosh Jódesh trae una elevación de la fuerza vital que crea el mundo.
Aunque Rosh Jódesh se diferencia de
Shabbat y de Iom Tov (“Día Festivo”) en que está permitido realizar labores, no
se considera un día de trabajo ordinario, sino que posee una santidad e
identidad propias. De hecho, ocupa un nivel superior al de un día de semana
común. Por esta razón, en la época del Templo se ofrecía un sacrificio
adicional, conocido como la ofrenda de Musaf, al que corresponde la oración de
Musaf que recitamos hoy de pie.
Esta es también la razón por la que
recitamos la oración del Hal´lel. En términos cabalísticos, ello representa un
descenso de Maljut hacia las Middot, lo que corresponde al proceso de
refinamiento y purificación. Este movimiento contrasta con la dinámica
espiritual del Shabbat, cuando Maljut asciende hacia Jojmá.
En Shabbat, por el contrario, está
prohibido realizar labores, ya que, en el plano espiritual, este día trasciende
el nivel de “en seis días hizo HaShem los cielos y la tierra…”. En ese momento
resplandece una luz divina que no se reviste en los límites de la naturaleza.
Por ello, al transgredir la prohibición de trabajar en Shabbat, se provoca una
contracción de la revelación Divina.
En cambio, en Rosh Jódesh la propia
naturaleza se eleva a un nivel superior. En otras palabras, Shabbat representa
una realidad que trasciende la naturaleza; un día de semana expresa un orden
acorde con la naturaleza; y Rosh Jódesh hace descender aquello que está por
encima de la naturaleza para que la impregne y la transforme desde dentro.
En Shabbat, el mundo recibe su
existencia directamente del nivel del pensamiento divino; ese nivel no
permanece oculto tras las vestiduras de la naturaleza. Por ello está prohibido
realizar labores en Shabbat, ya que el trabajo provoca un descenso espiritual,
haciendo que la Divinidad se manifieste a través de la palabra, una revelación
de luz más condensada y revestida dentro de la naturaleza.
En Rosh Jódesh, la naturaleza es
creada por un nivel más elevado de la palabra de HaShem, de modo que la propia
naturaleza se eleva y adquiere una dimensión superior.
Por eso decimos la oración del Hal´lel
en Rosh Jódesh, pero no durante la semana ni en Shabbat. Los versículos del Hal´lel
hablan de cómo se comporta HaShem a través de los milagros. Durante la semana, HaShem
quiere que nos comportemos de acuerdo con la naturaleza, haciendo de nosotros
un ‘Kelí’ (“recipiente”), una forma natural para que se manifiesten las
bendiciones de HaShem. No se nos permite confiar en los milagros y, por lo
tanto, el Talmud compara decir el Hal´lel en un día de semana con “maldecir y
blasfemar”.
En un Shabbat ordinario no recitamos
el Hal´lel, porque ese día está prohibido realizar labores. El Shabbat es el
fruto de una preparación previa: el trabajo ya ha concluido, tal como lo
expresa el dicho: “Quien se esfuerza en la víspera de Shabbat, comerá en
Shabbat”.
Rosh Jódesh, en cambio, ocupa una
posición intermedia entre Shabbat y los días de semana. Por ello recitamos el
Hal´lel, pidiendo a HaShem que nuestro trabajo y las ocupaciones cotidianas se
vean impregnados de espiritualidad. Se trata de la unión entre lo material y lo
espiritual, una realidad asociada con la manifestación de los milagros.
En Rosh Jódesh, la recitación del Hal´lel
es una costumbre, a diferencia de Janukká y Iom Tov, en los que su recitación
constituye una obligación establecida por la ley. Esto se debe a que, en Rosh
Jódesh, lo milagroso permea las actividades naturales y cotidianas, de modo que
lo cotidiano se manifiesta abiertamente mientras que lo milagroso permanece
oculto.
Esto contrasta con Iom Tov y
Janukká, que están asociados con milagros manifiestos, como la victoria militar
de los pocos sobre los muchos en Janukká.
La Jasidut explica que Rosh Jódesh y
Shabbat poseen cada uno una ventaja particular sobre el otro. La superioridad
del Shabbat radica en su elevación espiritual, superior a la de cualquier día de
la semana; por ello está prohibido realizar labores.
Sin embargo, precisamente esta es
también la ventaja de Rosh Jódesh: al estar permitido trabajar, la revelación
de la Divinidad desciende más profundamente, alcanzando incluso el ámbito del
mundo cotidiano. Esto le confiere una ventaja en relación con el propósito
final de hacer de este mundo una “morada inferior” para lo Divino.
En Shabbat, en cambio, el tiempo y
el espacio mismos se elevan, como si se tratara de una realidad distinta; pero
el objetivo último es precisamente atraer la Divinidad hacia este mundo.
Este concepto es análogo a la
superioridad de Purim sobre el resto de las Festividades. Si bien, desde una
perspectiva, puede parecer que falta algo en un milagro revestido dentro de la
naturaleza -y por ello no se recita el Hal´lel, desde otra perspectiva existe
una ventaja en este tipo de milagro.
Al estar integrado en el orden
natural, revela la grandeza de la luz divina precisamente en su capacidad de
permear la naturaleza misma. Por esta razón, la alegría de Purim es mayor que
la de cualquier otra Festividad.
Las diferencias entre Shabbat y Rosh
Jódesh que hemos mencionado se aplican a su realidad actual. Sin embargo, en el
futuro, en la Era Mesiánica, la TaNaJ dice (Ieshaäiahu 66:23): “Entonces toda
carne vendrá a postrarse ante Mí cada Rosh Jódesh y Shabbat”.
Esto indica que la peregrinación al
Templo Sagrado, que en la época del Templo estaba asociada con las Festividades,
tendrá lugar entonces cada Shabbat y cada Rosh Jódesh. En ese tiempo, la
revelación espiritual de ambos días habrá alcanzado un nivel completamente
nuevo y más elevado.
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