EL PLATO DEL SÉDER: UN MICROCOSMOS DE TU PSIQUE

EL PLATO DEL SÉDER: UN MICROCOSMOS DE TU PSIQUE

 

Por Kabbalah y Torah en Expansión

 

El mayor desafío que enfrenta ‘Pésaj’ (“la Pascua judía”) hoy en día es experimentar su relevancia. La única manera de que sea plenamente aceptada es si se la considera indispensable, como una experiencia significativa que interpela nuestras vidas personales con profunda relevancia.

 

Y la única manera de comprender la relevancia de Pésaj es indagar en su esencia. Como todo en la vida, si solo te fijas en la superficie, no apreciarás su verdadera personalidad.

 

Como toda tradición, Pésaj tiene ‘Guf VeNeshamá’ (“cuerpo y alma”). El ‘Guf’ (“cuerpo”) se compone de los rituales, las leyes y la estructura de la tradición. La ‘Neshamá’ (“alma”) es su significado y sentido intrínseco.

 

Pésaj conmemora el Éxodo de la esclavitud en Mitzráim (Egipto). La esencia de la Festividad es ‘HaJerut’ (“la libertad”): el objetivo principal del Séder de Pésaj es alcanzar la trascendencia. El Éxodo de Egipto no fue solo un asunto técnico, la salida de un pueblo de un país que lo esclavizaba. Mitzráim significa fronteras, restricciones y limitaciones. El Éxodo de Egipto representa la liberación de la esclavitud de nuestros miedos, inhibiciones y adicciones. Por lo tanto, se nos exhorta a “imaginar como si acabáramos de salir de Mitzráim”.

 

El Séder completo, comenzando con la Bandeja del Séder, nos brinda herramientas para alcanzar la trascendencia personal; para experimentar la libertad emocional y espiritual. De este modo, el Séder es, en realidad, una instantánea de tu vida; un microcosmos de tu psique; un reflejo de tu alma.

 

Ahora nos centraremos en la esencia de la Bandeja del Séder, que establece la estructura y marca el tono de todo el Séder de Pésaj.

 

Lo primero que hacemos la noche de Pésaj, antes de que comience el Séder propiamente dicho, es preparar la ‘Keärá’ (“la bandeja del Séder”). La Keärá consta de 10 elementos: 3 Matzot y 6 alimentos: ‘Zeroä’ (“un hueso de cordero asado”), ‘Betzá’ (“un huevo duro”), ‘Maror’ (“hierbas amargas”: suele ser rábano picante o lechuga amarga), ‘Jaróset’ (“una pasta hecha con frutas, nueces, vino y especias”), ‘Karpás’ (“normalmente perejil o apio”), ‘Jazéret’ (“otra porción de hierbas amargas, a menudo lechuga romana que se usan en el sándwich Korej”) y la ‘Keärá’ (“bandeja”) en sí.

 

Existen diversas costumbres para organizar el Plato del Séder. Aquí seguiremos la estructura del Arí (Rabbí Itzjak Luria), que es la más común en la mayoría de las comunidades.

 

En palabras del Arí:

 

Coloca la ‘Keärá’ (“bandeja”) sobre la mesa tomando 3 Matzot y colocándolas una encima de la otra: primero la Israelita [la Matzá inferior], sobre ella la Levita [la segunda Matzá], y sobre ella la Kohén [la tercera Matzá]. Estas son los 3 ‘Mojín’ (“facultades intelectuales”): JaBaD: (Jojmá, Biná, Daät).

 

Encima de todas ellas, a la derecha, coloca el Zeroä, que corresponde a Jésed, y frente a ella, a la izquierda, coloca el ‘Betzá’ (“huevo duro”) - Guevurá. Debajo de ellas, en el centro, coloca el Maror - Tiféret. Debajo del Zeroä, a la derecha, coloca el Jaróset - Nétzaj, y frente a ella, a la izquierda, debajo del huevo, coloca el Karpás - Hod. Debajo del Maror coloca el Jazéret usado para el Korej - Iesod. Y la ‘Keärá’ (“bandeja”) misma es Maljut, que abarca las 10 Sefirot.

 

Así, la Keärá final del Séder se compone de 3 Matzot, colocadas una encima de la otra, que sostienen los 6 alimentos que forman 2 triángulos.

 

A nivel simbólico, se dan varias razones para el uso de estos elementos en la Bandeja del Séder. En resumen: Las ‘Matzot’ (“panes sin levadura”) son la pieza central de Pésaj, simbolizando el alimento de la humildad que ‘Äm Israel’ (“El Pueblo de Israel”) consumió al escapar de Mitzráim. El ‘Zeroä’ (“hueso”) simboliza el ‘Korbán Pésaj’ (“la ofrenda del cordero pascual”) en la época del Templo de Jerusalén, que se asaba y se comía como parte de la cena del Séder. El ‘Betzá’ (“huevo duro”) representa ‘Jaguigá’ (“la ofrenda festiva”) en el Templo, que también se asaba y se comía en la noche del Séder. El ‘Maror’ (“hierbas amargas”) conmemora la amargura y la dureza de la esclavitud que sufrieron los Bené Israel en el Antiguo Egipto. El Jaróset, de consistencia pastosa, representa el mortero utilizado por los esclavos hebreos para construir las ciudades egipcias. Finalmente, las letras de la palabra כרפס ‘Karpás’ (“vegetal o hierba fresca”), al invertirse (‘Sámej Párej’), aluden a las 60 miríadas de Bené Israel sometidos a trabajos forzados.

 

Sin embargo, en el mejor de los casos, estos simbolismos son formas de recordar y conmemorar el exilio y el éxodo egipcios. Por sí solos, no parecen tener ninguna relevancia personal para nuestras vidas actuales.

 

Entra en escena el Arí (Rabbí Itzjak Luria), quien expone la dimensión del “alma” de la tradición y revela el significado espiritual interno de la Keärá del Séder, convirtiéndolo en una penetrante visión de la estructura de nuestra propia psique.

 

Los 10 elementos de la Keärá del Séder reflejan la estructura de la conciencia humana, que se compone de 10 dimensiones: las 10 Sefirot, el “ADN espiritual” de toda la existencia y del hombre, que es un “universo en microcosmos”: 3 ‘Mojín’ (“facultades intelectuales”) y 7 ‘Rigshiiiot’ (“atributos emocionales”).

 

La Keärá del Séder es, por lo tanto, tu esencia. Representa cómo deberías ser y cómo serías en tu mejor momento. Al armar la Keärá del Séder, en realidad estás (re)construyendo tu personalidad, tu alma y tu psique, reconfigurándolas para alcanzar su estado ideal y más saludable.

 

El Rashab (Rabbí Shalom Dovber Schneersohn), al preparar su Keärá del Séder, lo expresó así: “Hemos ensillado el carro”, queriendo decir que la Keärá del Séder es como un carro que te lleva en un viaje hacia tu destino deseado. Luego explicó el poder del mundo material (los alimentos en la Keärá del Séder), que, al ser aprovechado, tiene la capacidad de convertirse en un “vehículo” que te transporta a un destino espiritual mucho mayor que el que el alma por sí sola puede alcanzar.

 

La primera lección es que la armonía en la vida -y cualquier forma de trascendencia- requiere una correcta alineación entre la mente y el corazón. Las 3 Matzot representan las 3 facultades intelectuales, los 3 pasos del proceso cognitivo: concepción, comprensión y aplicación, o sabiduría, entendimiento y conocimiento. Primero viene Jojmá, la chispa de una idea; luego la idea se desarrolla a través de Biná, y finalmente llega a una conclusión resonante a través de Daät.

 

La mayoría de los errores humanos se originan en emociones impulsivas y subjetivas que nos dominan. La mente, en su mejor expresión, está diseñada para ser la fuerza reflexiva que dirige objetivamente los impulsos emocionales subjetivos, como un capitán que dirige un barco.

 

Cuando el intelecto se impregna de humildad (Matzá), se convierte en un “capitán” objetivo del barco de las emociones, reflexionando y asegurándose de que las emociones no sean manipuladas y que se canalicen en direcciones saludables.

 

Así como las ‘Matzot Ägulot’ (“panes ácimos redondos”) contienen los 6 elementos, el intelecto humilde sirve como un recipiente que acoge y protege las 6 ‘Regashot’ (“emociones”). Nosotros también debemos asegurarnos de que nuestra mente, imbuida de humildad, controle nuestras emociones, pasiones y deseos.

 

Ahora pasamos a las experiencias emocionales reales de nuestras vidas, que se dividen en seis (siete) dimensiones: ‘Jésed’ (“bondad amorosa”); ‘Guevurá’ (“disciplina”); ‘Tiféret’ (“empatía”); ‘Nétzaj’ (“resistencia”); ‘Hod’ (“humildad”); ‘Iesod’ (“vínculo”); y ‘Maljut’ (“dignidad”).

 

Cuando permitimos que la humildad de las Matzot impregne nuestras emociones, cada una de ellas funcionará de manera óptima, con el equilibrio adecuado entre todas.

 

El brazo extendido del Zeroä (que significa literalmente brazo, según la expresión ‘Zeroä Netuiá’ (“brazo extendido”) expresa la generosidad del ‘Jésed’ (“amor bondadoso”). El amor es la raíz y la más importante de todas las emociones: la capacidad de dar, tender la mano y cuidar de los demás.

 

‘Betzá’ (“el huevo duro”), que también nos recuerda la destrucción del Templo de Jerusalén, simboliza la disciplina, necesaria para moderar y equilibrar la transmisión del amor. Un amor descontrolado puede dañar a la persona amada, al igual que una inundación puede arrasar los campos. Para que el amor sea efectivo, debe ser medido.

 

‘Maror’ (“las hierbas amargas”) suscitan empatía (Tiféret). Comer estas hierbas no se trata de sentir la amargura de la esclavitud (¿qué sentido tendría? ¿Acaso podemos comparar la incomodidad de comer hierbas amargas con el trauma de la esclavitud?). Se trata de la empatía que suscitan: la empatía divina y la compasión que debemos sentir los unos por los otros.

 

Incluso en estos tiempos de prosperidad, no necesitamos estar sometidos a la esclavitud para sentir tristeza; hoy nuestra tristeza radica en no sentirnos cerca de lo Divino. Además, nuestro desafío actual es la autocomplacencia: nunca debemos dar por sentadas nuestras libertades y recordar que, mientras vivamos bajo cualquier tipo de restricción, debemos clamar, y ese clamor despertará la empatía.

 

El Jaróset, de textura pastosa, nos recuerda la arcilla y el mortero que usaban los esclavos hebreos para fabricar ladrillos y construir las ciudades. El mortero (al igual que el cemento) es conocido por su resistencia y durabilidad (Nétzaj). Sin embargo, el principal resultado de este arduo trabajo fue que enseñó a los Bené Israel a ser fuertes y perseverantes en su fe. Y cuanto más oprimidos eran, más se multiplicaban. Por eso, para el Jaróset usamos una mezcla de manzanas, peras, nueces y vino molidos -símbolos de la fuerza y ​​la virtud- para enseñarnos la lección de la perseverancia, cómo resistir y crecer ante cualquier desafío.

 

La verdura (Karpás), que crece a ras del suelo, nos recuerda la humildad (Hod) requerida en la vida, y especialmente la capacidad de adaptación necesaria para equilibrar la fuerza impulsora de la resistencia.

 

El Jazéret que se come en el sándwich representa la emoción de unión (Iesod): la unión con quienes amamos y con HaShem. No basta con experimentar cada una de las emociones de forma independiente, sino que también es necesario unirlas como en un solo “sándwich”.

 

El vínculo, al igual que la empatía, es una fuerza central que integra lo derecho y lo izquierdo. Y como la empatía, que surge del grito amargo (de las hierbas amargas), el vínculo también es una experiencia que requiere un grito desde lo más profundo del alma, un sentimiento profundo de necesidad que alimenta ese vínculo.

 

Finalmente, la Keärá del Séder en sí mismo representa la dignidad y soberanía de Maljut, que abarca las 10 facultades. Maljut es abnegación. Como la luna, carece de luz propia. Pero precisamente por su abnegación, refleja y contiene toda la luz de los 9 niveles anteriores. Lo mismo ocurre con la ‘Keärá’ (“bandeja”): sin las 3 Matzot y los 6 elementos, la Keärá está vacía por sí misma. Pero en su “vacío” se convierte en la bandeja que engloba a todos los demás y en la fuente de la dignidad. La dignidad tampoco tiene sustancia propia. La verdadera dignidad y la autoconfianza provienen de la convicción de haber sido creados a imagen divina, y ser un canal de algo superior a uno mismo otorga la máxima dignidad.

 

La Keärá del Séder nos brinda la oportunidad de repasar, a lo largo de los 15 pasos de la noche del Séder, cada una de estas emociones y evaluar en qué punto nos encontramos: en nuestro amor, disciplina, empatía, resistencia, humildad, unión y altruismo.

 

Aunque no puedas centrarte en todas estas dimensiones (lo cual puede resultar bastante difícil), elige una o dos con las que te identifiques o que creas que necesitan mejorar. A medida que avanza el Séder, concéntrate en estas características y busca maneras de corregir o mejorar tus actitudes.

 

Obviamente, se podría hablar mucho más sobre cada una de estas dimensiones. Pero esperamos que esto sea suficiente para empezar. Ante todo, la prioridad principal es dotar a la experiencia del Séder de una dimensión dinámica e interactiva, y convertirla en una experiencia personal, en lugar de un simple evento más al que asistimos.

 

Imaginen vivir el Séder de esta manera tan personal: ¡cuánto más intensa sería la experiencia para nosotros y nuestros hijos! Reflexionemos mientras nos preparamos para celebrar una noche diferente a todas las demás.

 

Que todos ustedes sean bendecidos con un Pésaj trascendente, que abra nuevos caminos de esperanza y confianza. Y junto con la bendición divina, que cada uno de nosotros haga su parte para generar bendiciones. La mejor manera de comenzar es dotando a su Séder, ya sea anfitrión o invitado, de una profunda relevancia personal.

 

Mientras preparamos la Keärá del Séder, recordemos las palabras del Rashab: “Ensilla bien tu carro”, y prepárate para un viaje emocionante hacia la noche y más allá.

 

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