EL MES DE ELUL: YO-MI AMADO-YO - 1b
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EL MES DE ELUL: YO-MI AMADO-YO - 1b
Por Kabbalah y Torah en Expansión
Para que exista una relación,
primero necesitamos independencia: un “yo” que se dirige a “mi amado”. Ante la
omnipresencia divina, ninguna entidad independiente puede surgir. El
ocultamiento del ‘Tzimtzum’ (“restricción”) permitió que emergiera nuestra
conciencia independiente.
Sin embargo, el Tzimtzum no es
literal; es solo un estado de ocultamiento y afecta únicamente a las capas más
externas de la conciencia (luz), no a los estados superiores, y ciertamente no
al nivel inconsciente. [Aun así, incluso el Tzimtzum no literal es real, no una
ilusión, y la realidad independiente que crea es real, no solo en nuestra
percepción]. Por lo tanto, a pesar del ocultamiento, siempre tenemos la
capacidad de conectar e integrar nuestras vidas con la luz divina y la esencia
divina.
Pero el Tzimtzum solo explica la
posibilidad de una integración potencial, no cómo lograrla realmente. El
Tzimtzum, en su sentido no literal, nos dice que dentro de la existencia
podemos encontrar lo Divino.
En la aplicación suprema de la
unidad divina, los místicos nos enseñan -como enfatizan las obras de los
maestros jasídicos- que la unidad debe impregnar cada fibra de la existencia,
no solo su espíritu, ni su forma, estructura y función, ni solo en términos
generales. Cada dimensión del universo -desde la energía hasta la materia,
desde la materia energética hasta la materia material- contiene una dimensión
divina que espera ser liberada.
Lo explican mediante la elegante
estructura del “orden cósmico”, compuesto por “energías” (luces) y ‘Kelim’
(“vasijas”), que se corresponden con la “energía” y la “materia” de nuestro
universo y son su raíz.
Al comprender la interacción entre
la ‘Or’ (“luz”) y el ‘Kelí’ (“vasija”), y cómo cada uno interactúa con su
respectiva fuente divina, podemos aprender a unir el Cielo y la tierra e
integrar cada aspecto de nuestro ser con un propósito superior, en última
instancia, con lo Divino mismo. La relación entre estas fuerzas nos enseña a
desarrollar la conexión entre nuestros cuerpos materiales y almas, entre
nuestra participación en el mundo físico y nuestros esfuerzos espirituales;
aprendemos a desarrollar y expandir nuestros propias “vasijas” materiales y a
fusionarlos con las “luces” de la espiritualidad.
Partiendo del alma humana moldeada a
imagen divina, los místicos explican que el alma manifiesta y refleja la
energía divina (luz); el alma de cada persona es un reflejo, un microcosmos de
la “personalidad” de HaShem. Y no solo en un sentido general, sino que la
personalidad distintiva de cada alma tiene sus raíces en la personalidad
distintiva de las “luces”, que poseen propiedades definidas (en realidad
existen varias opiniones respecto al alcance de estas propiedades de la “luz”,
que se reflejan en diferentes niveles de la unidad que se puede alcanzar. Pero
el consenso final es que las “luces” tienen propiedades individuales, que
permiten que nuestras personalidades únicas encuentren expresión divina).
De manera similar, las fuerzas
espirituales dentro del mundo material pueden alinearse con sus respectivas
raíces divinas, en todo su glorioso detalle, enraizadas en la luz divina, el ‘Kav’
(“el delgado rayo de luz”) que atravesó el Tzimtzum, cuya fuente es la luz
antes del Tzimtzum, el poder divino para crear lo infinito (“KÓAJ HABBELÍ-GUEVUL - el poder de lo ilimitado”.
Esa es el alma. ¿Y qué hay del
cuerpo y la materia del universo? El cuerpo humano también fue creado a imagen
y semejanza de HaShem, y cada aspecto de la materia está moldeado por la mano
divina. No solo la luz, sino también los recipientes reflejan niveles
superiores de lo Divino. No solo el espíritu, sino también la estructura de la
existencia, tiene sus raíces en la Fuente, con rasgos divinos que debemos
revelar.
En términos místicos: Las “Vasijas”
de la existencia tienen su origen en las “Vasijas Divinas” de Atzilut, que a su
vez son un reflejo de las “vasijas” de Adam Kadmón, que se originan en las
(letras del) ‘Reshimú’ (“residuo”) que quedó después pero que no fue afectado
por el Tzimtzum, enraizado en el poder divino para crear lo finito (KÓAJ
HAGGUEVUL).
Ahora bien, si tenemos en cuenta que
la “luz” y la “vasija” se unen hasta convertirse en uno solo, podemos empezar a
comprender E=mc², es decir, cómo la energía y la materia son en realidad una
misma cosa.
En resumen, así explican los ‘Mekubbalim’
(“cabalistas”) cómo la esencia misma de la existencia (materia y energía) puede
integrarse con lo Divino. No se trata simplemente de que la Esencia Divina, que
trasciende toda definición y estructura, posibilite la fusión de materia y
espíritu. Eso implicaría que la fusión es únicamente resultado del poder de la
Esencia, a pesar de los límites de la existencia. El propósito último es que el
universo, según sus propios términos y parámetros, contenga lo Divino. Esa es
la unidad suprema, no solo según los términos de HaShem, sino también según los
de la existencia. Tal unidad solo puede alcanzarse cuando reconocemos que en la
personalidad de la existencia se vislumbran destellos de lo Divino.
Descubrir lo Divino dentro de las
propiedades de nuestro universo es el esfuerzo más magnífico que podemos
emprender, transformando la vida en un viaje majestuoso.
La máxima manifestación de la unidad
divina se encuentra en las relaciones humanas, en el amor y el matrimonio. Las ‘Orot’
(“luces”) y los ‘Kelim’ (“recipientes”) que nos enseñan a fusionar nuestras
vidas con lo Divino, nos enseñan a descubrir la verdadera unidad, manteniendo
nuestra individualidad en nuestras relaciones interpersonales.
Una buena analogía para esto es la
música: la fuerza y la belleza de una melodía dependen de que cada nota
conserve su individualidad y produzca su sonido único. Al mismo tiempo, cada
nota se fusiona completamente con las demás, complementándose entre sí sin
comprometer en absoluto la identidad propia de cada una. Esta misma síntesis -armonía
a partir de la diversidad- se observa en la simetría de todo organismo y
sistema sano, desde el cuerpo humano hasta el extraordinario diseño de la
naturaleza.
Una verdadera relación es la fusión
total de dos: “Yo soy para mi amado y mi amado es para mí”. Dos individuos
distintos, con cuerpos y almas diferentes, se unen en una unión perfecta.
Ninguno se ve comprometido ni disminuido. Un poder trascendente posibilita la
fusión; pero también se manifiesta en las personalidades individuales: al
permanecer intactas, reconocen, a su manera, que el amor -“Yo soy para mi amado
y mi amado es para mí”- es la máxima expresión de la individualidad.
En el mes de Elul tenemos la
oportunidad de crear, reparar y renovar relaciones. Que aprovechemos bien el
mes y que todos seamos bendecidos con la experiencia de “ANÍ LEDODÍ
VEDODÍ LI - Yo soy para mi amado
y mi amado es para mí”.
Si quieres seguir aprendiendo e
ingresar a nuestro grupo de estudio escríbenos un sms al chat de la página de
Facebook o al email: kabbalahytorah7@gmail.com
Gracias por apoyar y darle continuidad al proyecto de Kabbalah y Torah en Expansión
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