BENDITOS PREPARATIVOS PARA EL SEDER

BENDITOS PREPARATIVOS PARA EL SÉDER

 

Por Kabbalah y Torah en Expansión

 

La santidad de los días de Pésaj nos impregna por completo, por dentro y por fuera. Su luz nos llena y nos envuelve.

 

Sin embargo, se afirma (Tehil´lim 97:11):

 

OR  ZARUÄ  LATZTZADDIK  ULEISHRE-LEV  SIMJÁ

 

“Luz está sembrada para el justo, y alegría para los rectos de corazón”.

 

La luz es como una plántula. Al principio, requiere nuestro cuidado y nuestros esfuerzos para fomentar su crecimiento. Así como un campo necesita ser arado, escardado, deshierbado y regado, también nosotros necesitamos prepararnos antes de la Festividad. Sin preparación, no puede haber gozo, ni crecimiento, ni luz. Con todos los preparativos necesarios para la Festividad, debemos tener cuidado de no desviar nuestra atención de nosotros mismos, de no olvidar atraer la santidad de la temporada.

 

El aspecto principal de la Festividad es la alegría: alabar y glorificar a HaShem por todos sus milagros y bondades. Este es, en realidad, el propósito de toda la creación y la esencia de la relación entre la creación terrenal y la familia celestial.

 

Cuando llegue el momento de la oración vespertina de Pésaj, debes regocijarte en tu tremenda fortuna, en el gran privilegio que tienes, de participar en el servicio divino de Pésaj. Debes decirte a ti mismo: “Mi alegría es infinita porque se me ha concedido la oportunidad de cumplir mi propósito en el mundo y ser elevado a las esferas superiores.

 

“Es cierto que tengo mis problemas, tanto materiales como espirituales. Pero por ahora los dejo de lado; el mundo entero ya no me importa. Incluso me anulo a mí mismo para estar en compañía de los ángeles, esperando la presencia de HaShem. Mi único pensamiento es alabar y glorificar su gran Nombre, y atraer el santo esplendor de la Luz Divina al mundo, a mi propia alma y a las almas de mi familia”.

 

Tu alegría debe ser tan excelsa que sientas que apenas puedes contenerte para no estallar en una danza extática, saltando de la tierra a los cielos.

 

Después, al sentarte a la mesa del Séder, te imaginas disfrutando de una comida festiva en el mismísimo ‘Gan Ëden’ (“Paraíso”), participando en la celebración de la redención final. Todos los aspectos del Séder -comer la Matzá y el Maror, beber las 4 copas de vino y recitar la Haggadá, el Hal´lel y otros cantos de alabanza- conforman un servicio sagrado a HaShem. Los ‘Malajim’ (“ángeles”) se congregan alrededor para escuchar nuestras alabanzas a HaShem. Incluso HaShem mismo se regocija, como se sabe por la literatura esotérica, al recibir nuestra alabanza y nuestros cantos.

 

Un ‘Ben Israel’ (“Hijo de Israel”) tiene la capacidad de sentir el deleite de HaShem con cada palabra que pronuncia de la Haggadá. Está imbuido de tal santidad que se llena de tristeza al terminar cada palabra; si pudiera volver atrás y recitar el Hal´lel otras mil veces, lo haría. Todo su ser se une a su Creador mientras recita palabras de increíble dulzura, con la Haggadá abierta frente a él. Uno debe esforzarse por brindar santuario a la santidad de esta noche, para que permanezca con él durante todo el año... Continúe cultivando su amor por su hermano, pues ese es el eje sobre el que gira toda ‘Ävodá HaShem’ (“servicio divino”).

 

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