FRECUENCIA VIBRACIONAL PARA ROSH JODESH SIVAN 5786

FRECUENCIA VIBRACIONAL PARA ROSH JÓDESH SIVÁN 5786     Por Kabbalah y Torah en Expansión   Domingo, 17 de mayo de 2026 a las 02:23 UT (Hora Universal)   HORARIO EN CIUDADES Y PAÍSES:   05:23 Hrs. en Jerusalén (Israel)   04:23 Hrs. en Madrid (España)   Sábado, 16 de mayo de 2026 a las:   23:23 Hrs. en Buenos Aires (Argentina)   22:23 Hrs. en Nueva York (USA)   20:23 Hrs. en CDMX (México)   Así como el Shabbat enfría las llamas del ‘Guehinnom’ (“purgatorio”), las mismas llamas son apagadas en ‘Rosh Jódesh’ (Luna Nueva), lo que nos da el poder de desviar y evitar el ‘Din’ (juicio).   Dichosos son los ‘Bené Israel’ (Hijos de Israel), que conocen los caminos del Santo Rey y conocen los caminos de la Torá, para marchar por el sendero de la verdad, y con lo cual ser merecedor de ‘Ölam HazZé’ (este mundo) y del ‘Ölam HabBá’ (Mundo Venidero).   Gracias por apoyar y darle continuidad a...

UN HOMENAJE AL VINO

UN HOMENAJE AL VINO

 

Por Kabbalah y Torah en Expansión

 

Devarim 8:8:

 

ÉRETZ  JITTÁ  USEÖRÁ  VEGUÉFEN  UTE´ENÁ  VERRIMMÓN  ÉRETZ-ZET  SHÉMEN  UDEVASH

 

“Una tierra de trigo y cebada, y vid; e higos y granadas, tierra de aceite de oliva y miel (de dátiles)”.

 

De los 5 frutos por los que se alaba ‘Éretz Israel’ (“La Tierra de Israel”) en la Torá (Devarim 8:8), solo las uvas pueden procesarse de tal manera que aumente su “estatus”. Al comerlas directamente de la vid, la bendición que se recita es la misma que para todos los frutos. Pero al convertirlas en vino (o jugo de uva), se pronuncia una bendición exclusiva que se aplica únicamente a este.

 

Esto se debe a que el vino es más que una bebida: es una sustancia psicoactiva y, de hecho, el arquetipo de todas ellas. El camino que recorren las uvas en su odisea para convertirse en vino es paralelo a nuestro viaje cósmico de expansión de la conciencia.

 

El vino, como sustancia que altera la mente, es el arquetipo de la conciencia iluminada de la Torá. Las uvas se estrujan para liberar su jugo. La fermentación comienza con la adición de ‘Seör’ (“levadura”), un símbolo del ego y las inclinaciones no rectificadas. El ‘Seör’ (“levadura”) se alimenta del azúcar de la uva y excreta alcohol, una droga que expande la mente. Finalmente, el alcohol envenena el Seör, que ahora se hunde hasta el fondo de la cuba, uniéndose a los hollejos de uva llamados Kelippot, otro término para las fuerzas negativas. El vino envejece “reposando sobre sus lías”, los posos de Seör y Kelippot, que ahora, contrariamente a su carácter, liberan sustancias químicas aromáticas en el licor. Un vino joven es fuerte y ácido; un vino maduro es suave y con un rico aroma. La diferencia radica en el sabor que ha absorbido con el tiempo de los sedimentos de Kelippot y Seör.

 

El Talmud compara todo el placer del ‘Ölam HabBá’ (“Mundo Venidero”), su éxtasis de conciencia expandida, con “un vino que ha reposado sobre sus lías desde los 6 días de la creación”. Porque, desde una perspectiva, todo el curso de la historia es una larga fiesta del vino. Al menos esa es una forma de leer el pasaje en Megil´lat Ester que comienza con el versículo: “El rey (refiriéndose a Asuero, pero insinuando al Rey de reyes) ofreció una fiesta del vino de 7 días de duración ...” (Ester 1:5).

 

El judaísmo cuenta la historia desde la aparición de Adam, una criatura que se distingue por su capacidad de conocer la unidad de HaShem en el nivel más profundo posible (llamado la Puerta 50 del Entendimiento). Adam no es sinónimo de Homo sapiens. La Torá documenta 7 días de la creación que luego se repiten como 7000 años de historia, comenzando con la aparición de Adam. Dado que “mil años son como un día a los ojos de HaShem” (Tehil´lim 90:4), todo el curso de la historia adámica es un “banquete de vino de 7 días” ofrecido por el Rey de reyes, El Santo Bendito Sea. Nos encontramos ahora en el año 5786, hacia el final del sexto día.

 

El pasaje continúa: “Se vertían bebidas en vasos de oro, y no había dos copas iguales …” (Ester 1:7). Cada vida es un recipiente invaluable en el que se vierte un alma que es jugo de uva fermentando en vino. No hay dos vidas iguales. Cada una posee una capacidad absolutamente única para conocer a HaShem y celebrar el amor. El oro es el más precioso de los metales, pero su tinte rojizo alude a ‘Sitrá DiSemalá’ (“lado izquierdo”) con sus nudos oscuros de potencial no actualizado (llamados Dinim) que se originan en la era caótica de ‘Shevirat HakKelim’ (“El Rompimiento de las Vasijas”). Estas motas “rojas” de ‘Tohu’ (“caos”) son chispas de conciencia atrapadas dentro de los residuos de Seör y Kelippot. El alma “envejece” (y se suaviza) al extraer estas chispas del fango y absorber su preciosa carga.

 

Sin embargo, este escenario solo se aplica completamente al ‘Iáin Adom’ (“vino tinto”). ‘Iáin Laván’ (“el vino blanco”) sigue un proceso ligeramente diferente que evita el contacto con sus lías siempre que sea posible. Cuando se estrujan las uvas, el mosto se separa inmediatamente de sus Kelippot. Y cuando cesa la fermentación, el vino se retira inmediatamente de su Seör.

 

Así pues, existen almas de vino blanco y almas de vino tinto. Cuando las primeras dan un giro a su vida, rompen todo vínculo con su pasado: borran nombres de su lista de contactos, retiran libros de sus estanterías, renuevan su vestuario y no miran atrás. Por el contrario, cuando las almas de vino tinto experimentan un cambio de paradigma, mantienen el contacto con viejos amigos, disfrutan de su música de antaño y conservan su antiguo estilo de vestir. Las almas de vino tinto se asientan sobre sus lías (por así decirlo) y absorben las fragancias impregnadas en las Kelippot del mundo que han dejado atrás.

 

Resulta curioso que, cuando se requiere vino para una Mitzvá (como el Kiddush, la Havdalá o las 4 Copas en Pésaj), según la Halajá, sea preferible usar vino tinto. Sin embargo, paradójicamente, la Halajá considera que el vino blanco es más saludable para el cuerpo y, por lo tanto, superior al tinto en lo que respecta a la bendición de ‘HatTov VeHamMetiv’ (“El Bueno y Benefactor”) en ciertas ocasiones especiales, la cual se recita (bajo ciertas condiciones) cuando se lleva una segunda botella de vino a la mesa.

 

Que en el día de Tu BiShevat para las vides y los árboles frutales, seamos bendecidos con una cosecha abundante, tanto de frutos como de conciencia expandida. Que haya lluvias abundantes, suelo fértil, poda consciente, temperaturas adecuadas, polinización exitosa y resistencia a enfermedades y plagas para los árboles frutales y viñedos del mundo. Que nuestras almas se enriquezcan e iluminen con las chispas que absorbemos de nuestras lías, para que el Gran Viticultor Celestial se complazca con su cosecha del año.

 

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