FRECUENCIA VIBRACIONAL PARA LA LUNA LLENA DE IIIAR - PESAJ SHENI 5786

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FRECUENCIA VIBRACIONAL PARA LA LUNA LLENA DE IIIAR - PÉSAJ SHENÍ 5786     Por Kabbalah y Torah en Expansión   Viernes, 1 de mayo de 2026 a las 17:23 UT (hora universal)   HORARIO EN CIUDADES Y PAÍSES:   20:23 Hrs. en Jerusalén (Israel)   19:23 Hrs. en Madrid (España)   14:23 Hrs. en Buenos Aires (Argentina)   13:23 Hrs. en Nueva York (USA)   11:23 Hrs. en CDMX (México)   TZEDAKÁ   SHEMMEKAREVET   ET   HAGGUEUL´LÁ - La Tzedaká acerca la Redención (Bavá Batrá 10a:12)   En el día 15 (Luna Llena) de cada mes podemos hacer una conexión con todos los צדיקים ‘Tzaddikim’ (“personas justas”) que existieron y existen desde אדם הראשון ‘Adam HarRishón’ (“primer hombre”) hasta nuestros días.   Es un עת רצון ‘Ët Ratzón’ (“tiempo de buena voluntad”) para revelar y manifestar.   15 es la ‘Guimmatriiiá’ (“valor numérico”) de י"ה ‘Ia´H’, el Nombre de Di-s en la Sefirá Jojmá ...

TU BISHEVAT: CELEBRANDO EL PLACER

TU BISHEVAT: CELEBRANDO EL PLACER

 

Por Kabbalah y Torah en Expansión

 

La celebración de ‘Tu BiShevat’ (“el 15 del mes de Shevat”) en el calendario hebreo- no se menciona en la Torá. La referencia más antigua se encuentra en el Talmud, donde Tu BiShevat se denomina “el Año Nuevo de los Árboles”. El Talmud atribuye importancia a esta fecha únicamente en términos de las implicaciones legales del diezmo (10%) de los frutos. Sin embargo, hace más de 400 años, los ‘Mekubbalim’ (“cabalistas”) de Tzefat (Safed) en Israel revelaron el significado más profundo de Tu BiShevat. Enseñaron que Tu BiShevat es un momento oportuno para enmendar la transgresión de Adam y Javvá. Sorprendentemente, mediante el simple acto de comer fruta durante la cena festiva de Tu BiShevat, podemos contribuir a esta reparación cósmica.

 

Exploremos la transgresión de Adam y Javvá, y entonces podremos comprender el significado místico de la Festividad de Tu BiShevat y por qué comer fruta es la forma en que la celebramos.

 

La Torá dice que HaShem puso a Adam y Javvá en el jardín “para cultivarlo y cuidarlo”. La tradición oral nos enseña que esto se refiere a los preceptos y prohibiciones -las Mitzvot positivas y las negativas- de la Torá. A Adam y Javvá se les dio muy poco que hacer: comer de todos los árboles del jardín. Y su única prohibición era no comer del fruto del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. ¿Qué significaba eso?

 

La Torá enseña que HaShem creó el mundo para que pudiéramos experimentar la bondad en general y Su bondad en particular. Experimentar Su bondad -unirnos a HaShem- es la mayor alegría imaginable. HaShem nos capacita para unirnos a Él al servir a Su propósito en la creación. Así como cuando servimos a los demás nos sentimos conectados con ellos, también servir a HaShem nos permite unirnos a Él. Irónicamente, servir a HaShem es en realidad un acto de servicio propio, profundamente gratificante y placentero.

 

Si comemos y disfrutamos de los frutos de este mundo por amor a HaShem -porque es lo que Él nos pide-, entonces en realidad le servimos y nos unimos a Él. Servimos a HaShem al reconocer que los frutos de este mundo son sus dones y al aceptarlos y disfrutarlos voluntariamente.

 

La esencia de la vida judía es, de hecho, el disfrute: el placer de conectar con HaShem. Nos conectamos con HaShem sirviéndole, y esto significa obedecer Su mandato de disfrutar de los frutos de este mundo.

 

En el Jardín del Edén, la única obligación de Adam y Javvá era disfrutar de todos los frutos del bosque, con la notable excepción de un fruto prohibido. Y, como era de esperar, lo eligieron. Esta transgresión demostró su confusa comprensión del verdadero significado del placer. En lugar de considerar los frutos como placenteros por ser dones de HaShem y disfrutarlos como parte de su servicio a Él, quisieron consumirlos independientemente de HaShem, en contra de Su voluntad.

 

EL ARTE DE RECIBIR

 

Como es sabido, el verdadero placer reside en experimentar una conexión con HaShem. Disfrutamos del máximo placer espiritual cuando, al mismo tiempo, disfrutamos de los placeres físicos de este mundo como parte de nuestro servicio divino. Entonces, el acto de recibir y disfrutar de los dones de HaShem se transforma de manera asombrosa en un acto desinteresado de servicio a Él.

 

Ahora podemos comprender que el único deseo de HaShem al darles a Adam y Javvá esos 2 Preceptos era brindarles el máximo placer: la unión con Él. El verdadero placer no residía en el sabor de los frutos, sino en comer y disfrutar de estos dones divinos. Esta era la manera de servirle y conectar con Él: el máximo placer.

 

Pero Adam y Javvá lo malinterpretaron. No veían el placer físico como un camino hacia el placer espiritual de la unión con HaShem. Más bien, buscaban el placer independientemente de HaShem.

 

Esta es la raíz de toda maldad. ¿Consideramos los placeres de este mundo un don de HaShem, disfrutándolos al servicio de HaShem y usándolos como medio para conectar con Él? ¿O buscamos el placer independientemente de cualquier conexión con HaShem? En otras palabras, ¿el placer se centra en nosotros mismos o en nuestra relación con HaShem?

 

Existe una diferencia fundamental entre tener placer y recibirlo. Si deseamos tener placer, no importa de dónde provenga. Tener placer carece de conexión con una realidad superior a nosotros mismos. Es simplemente un deseo egoísta de experimentar un placer particular por el placer mismo. Recibir placer, en cambio, se fundamenta en el deseo del alma de servir al propósito de HaShem, que es recibir la alegría suprema de conectarse con Él.

 

Adam y Javvá comieron del fruto prohibido porque estaban completamente confundidos acerca de su propósito en la tierra y, por consiguiente, de lo que es verdaderamente placentero en este mundo. No tenían ni idea de lo que les aportaría sentido y alegría en la vida.

 

Tras el fatal error de Adam y Javvá, HaShem les dijo: “Por haber comido del árbol del que les prohibí comer, la tierra ha sido maldita”. HaShem no estaba castigando a la tierra por la transgresión de Adam y Javvá, sino que les estaba informando de que su desmedida inclinación hacia los placeres físicos había convertido a la tierra en una fuente de maldición en lugar de una bendición para ellos y sus descendientes.

 

Dependiendo de cómo percibamos el mundo físico, este puede ser bendecido o maldito. Si lo vemos como un conducto para conectar con HaShem, y si, como un servicio a Él, recibimos con gratitud su don de frutos deliciosos, experimentamos su presencia y el mundo físico se convierte en una bendición. El mundo físico se transforma entonces en un puente entre lo humano y lo divino. Pero si nos centramos en lo físico, independientemente de nuestra relación con HaShem, y erróneamente percibimos este mundo como la fuente de nuestro placer en lugar de como un puente hacia Él, entonces este mundo se convierte en una barrera para HaShem y una maldición para nosotros.

 

Ahora que entendemos la transgresión de Adam y Javvá, podemos empezar a apreciar cómo podemos contribuir a su corrección en Tu BiShevat.

 

En Tu BiShevat, la nueva savia comienza a subir a los árboles. Y traemos abundancia a este proceso cuando celebramos Tu BiShevat.

 

El Talmud afirma que, más que el bebé desee mamar, la madre desea amamantar. La madre no solo experimenta un placer inmenso al amamantar a su bebé, sino que la producción de leche se genera precisamente por la succión del niño. Cuanto más desee mamar el bebé, más leche tendrá la madre para dar. Este principio también se aplica a nuestra relación con HaShem.

 

HaShem quiere darnos el mayor de todos los placeres: la conexión con Él. Pero si no reconocemos que ese es el mayor placer y no lo deseamos, entonces Él no puede dárnoslo. Claro que HaShem podría dárnoslo, pero sería un desperdicio, porque no lo reconoceríamos como lo que es.

 

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