EXPIACIÓN CON LADRILLOS Y MORTERO - 1b
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EXPIACIÓN CON LADRILLOS Y MORTERO - 1b
Por Kabbalah y Torah en Expansión
Es sabido que todas las almas llegan
[a la realidad] con estados de Jésed y Guevurá, que se derivan de Daät. La
unión es una función de Daät, siendo este el significado místico de la frase: “VEHAADAM IADÁ
ET-JAVVÁ ISHTÓ - Y conoció Adam a
su mujer Javvá” (Berreshit 4:1). La unión se denomina “conocimiento” porque la
gota seminal tiene su origen en ‘Daät’ [literalmente traducido como “conocimiento”].
Esto también es cierto de la
generación de Moshé, como es sabido, porque Moshé personificaba Daät y por lo
tanto su generación era una generación de Daät. Sin embargo, fueron atraídos al
mal.
Esto se evidencia en el hecho de que
sufrieron la opresión del exilio egipcio y la esclavitud. Alguna deficiencia
suya provocó un bloqueo en el flujo de ‘Jasadim’ (“benevolencias divinas”)
hacia ellos.
Así pues, el propósito del exilio
egipcio era purificar estas almas. Por eso fueron sometidos a tal opresión, y
[los egipcios] “les amargaron la vida con duros trabajos de mortero y ladrillos”,
que correspondían al mortero y los ladrillos que la generación de la Dispersión
usó [para construir la torre de Babel].
De la generación de la Dispersión
está escrito: “Se dijeron unos a otros: “Vamos, hagamos ladrillos y
cocinémoslos hasta que estén duros”. Usaron ladrillos en lugar de piedra y
betún en lugar de argamasa” (Berreshit 11:3). Así, el sufrimiento de los Bené
Israel mediante la argamasa y los ladrillos expió sus pecados con argamasa y
ladrillos en su encarnación anterior.
Ahora bien, puesto que su pecado era
solo con respecto a Daät -porque las chispas de sus almas se originaron en ella-
Moshé sabía, por lo tanto, que su exilio también provenía de allí.
Pues, como se mencionó anteriormente
y como lo afirma el Arí (Rabbí Itzjak Luria), es posible comprender la
naturaleza de la imperfección producida al examinar el efecto que produce. El
hecho de que los Bené Israel fueran castigados con mortero y ladrillos indicaba
que estaban expiando el pecado de ‘Dor HapPelagá’ (“la generación de la Dispersión”),
que pecó con mortero y ladrillos. Y esa generación había pecado al “manchar el
pacto”, lo cual es una función de Daät, la Sefirá de la unión.
Cada vez que ‘Äm Israel’ (“El Pueblo
de Israel”) peca aquí abajo y causa algún defecto en algún atributo divino o Sefirá
celestial (‘Jas VeJalila’ / “Di-s no lo quiera”), el mal puede obtener sustento
de esta imperfección y, por lo tanto, se adhiere a ese punto.
Podemos concebir el mal como una
enfermedad que ataca un sistema inmunológico debilitado.
Este es el secreto para comprender
el exilio egipcio, pues Egipto y la impureza que encarnaba se nutrían de Daät.
Esto es particularmente cierto a la luz de lo que hemos aprendido: que el
faraón y Egipto se oponen a la “nuca” suprema, que es la parte posterior del Daät
supremo. Esto debería bastar.
Daät se manifiesta en el cuerpo en
el cerebelo, que se encuentra debajo y en la parte posterior del cerebro, cerca
de la nuca. La palabra פרעה ‘Parö’ (“Faraón”), como es sabido, se permuta para deletrear הערף ‘HaÖref’ (“la nuca”).
Evidentemente, este exilio fue
consecuencia de que toda la benevolencia divina [que fluye a través de Daät]
fuera desviada hacia el faraón y Egipto. Por lo tanto, los Bené Israel de
aquella generación quedaron sometidos a ellos. Pero, como es sabido, cuando hay
una falla en lo alto debido a los pecados de la generación anterior, las
energías divinas se retiran, ascendiendo [de vuelta a su origen] para que las
fuerzas del mal no se nutran [en exceso] de ellas.
Cuando la ‘Shefa’ (“beneficencia
divina”) se desvía de su flujo natural, esto “activa un interruptor” en el
mecanismo espiritual de la creación que cierra la válvula de Shefa.
Hemos explicado esto con respecto a
por qué Zeër Anpín es inicialmente solo 6 extremos y no se completa [Sefirot,
es decir, un Partzuf] hasta después del proceso de rectificación. De manera
similar, en ese tiempo [es decir, del exilio egipcio], Zeër Anpín volvió a su
estado original, el de “tres plegados dentro de tres”. Siempre nos referimos a
este estado como “la primera impregnación”. Regresó al vientre de ‘Immá’ (Biná)
y no se reveló fuera.
Los Jajamim insisten en que la
afirmación de que Zeër Anpín regresó al vientre de Immá no debe tomarse
literalmente. Más bien, Zeër Anpín permaneció como un Partzuf completo y
maduro, pero solo contaba con el mismo nivel de mentalidad que poseía en el
útero. Esta mentalidad se denomina en el Zóhar “tres plegadas dentro de tres”,
es decir, Jojmá-Bina-Daät oculta dentro de Jésed-Guevurá-Tiféret y Jésed-Guevurá-Tiféret
oculta dentro de Nétzaj-Hod-Iesod. El último triplete representa el
funcionamiento autónomo del cuerpo, que es esencialmente lo que funciona
durante el embarazo. Físicamente, esto se refleja en el hecho de que el embrión
se encuentra en posición fetal, con la cabeza doblada hacia las rodillas. Esta
es también la razón por la que el sacrificio de Pésaj debía ofrecerse con “la
cabeza sobre las rodillas y sobre las entrañas” (Shemot 12:9).
Así, vemos que la transgresión en
este mundo deja una huella en los Mundos Superiores, la cual se manifiesta como
una retirada de la conciencia y la benevolencia divinas para impedir que el mal
aproveche la oportunidad de absorber esta energía. Este “exilio” de la Shejiná es
‘Mojín DeKatnut’ (“mentalidad inmadura”) que debe reconstruirse y madurar para
restaurar la conciencia óptima; este es el proceso de ‘Gueul´lá’ (“Redención”).
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