EN GUARDIA DESDE LOS 13 HASTA LOS 20 AÑOS

EN GUARDIA DESDE LOS 13 HASTA LOS 20 AÑOS

 

Por Kabbalah y Torah en Expansión

 

Berreshit 25:25c:

 

“VAIIKREÚ  SHEMÓ  ËSAV - y lo llamaron Esaú”.

 

Esto se refiere al ‘Iétzer HarRá’ (“la inclinación al mal”), pues en cada mención de Ësav y Iaäkov en este pasaje, Ësav representa alegóricamente al Iétzer HarRá y Iaäkov al ‘Iétzer HatTov’ (“la inclinación al bien”). Por eso se dice: “VAIIKREÚ  SHEMÓ  ËSAV - y lo llamaron Esaú”, porque sus padres se dan cuenta de que el recién nacido tiene una inclinación al mal.

 

Tanto ‘Ietziat Mitzráim’ (“la salida de Egipto”) como el nacimiento de los gemelos Iaäkov y Ësav sirven como metáforas del nacimiento. El primero de los gemelos en nacer fue Ësav, quien alegóricamente representa el Iétzer HarRá. El hecho de que Ësav naciera primero refleja que el Iétzer HarRá es la primera conciencia plenamente desarrollada que emerge con el nacimiento del niño.

 

Es fundamental que los padres comprendan esto para que puedan abordar adecuadamente la educación moral de sus hijos.

 

‘VEAJARÉ’ (“y después”) - esto siempre significa después de mucho tiempo, en este caso, después de 13 años y un día.

 

En hebreo existen 2 palabras para “después”: ‘Ajar’ y ‘Ajaré’. Hay una diferencia de opinión en el Midrash sobre cuál de ellas significa “inmediatamente después” y cuál significa “mucho tiempo después” (Berreshit Rabbá 44:5). El Arí (Rabbí Itzjak Luria) adopta aquí la opinión de Rabbí Iudán en contra de la de Rabbí Huna.

 

‘IATZÁ  AJIV’ (“salió su hermano”).

 

Esto se refiere al ‘Iétzer HatTov’ (“la inclinación al bien”), que se manifiesta plenamente en el niño o la niña cuando alcanza la madurez a la edad de 13 o 12 años, respectivamente.

 

No es evidente para todos cuándo [el Iétzer HatTov] entra [en la conciencia del niño]. Solo HaShem es consciente de esto. Por lo tanto, la Escritura continúa:

 

‘VAIIKRÁ  SHEMÓ  IAÄKOV’ (“y lo llamó Jacob”), lo que significa que “Él”, el que sabe, le puso por nombre ‘Iaäkov’.

 

A diferencia de Ësav, cuyo nombre fue elegido por ambos padres: “VAIIKREÚ  SHEMÓ  ËSAV - y lo llamaron Esaú”, Iaäkov fue nombrado únicamente por su padre, Itzjak. Sin embargo, la Torá se refiere a Itzjak no por su nombre, sino solo con el pronombre “él”, por lo que puede interpretarse alegóricamente como una referencia a HaShem (“Él”). Esto refleja el hecho de que solo HaShem es consciente de la plena entrada del Iétzer HatTov en la conciencia del niño. De hecho, no observamos ninguna diferencia aparente en la forma de pensar del niño entre el día anterior a su Bar Mitzvá y el día posterior.

 

‘VAIIGDELÚ  HANNEÄRIM’ (“y los niños crecieron”). Esto significa que después de crecer se convirtieron en dos; hasta ese momento habían sido uno.

 

“Y Ësav’ -es decir, el Iétzer HarRá- era ‘ISH  SADÉ’ (“hombre del campo”), que amaba los asuntos de este mundo”. ‘Sadé’ (“campo”) en este versículo se refiere a ‘Ölam HazZé’ (“este mundo”).

 

‘VEIAÄKOV  ISH  TAM  IOSHEV  OHALIM’ (“y Jacob un hombre íntegro que habitaba en tiendas”) para estudiar la Torá.

 

‘VAIÁZED  IAÄKOV  NAZID’ (“Y Jacob estaba cocinando unas gachas”). Las “gachas” aquí se refieren a los pensamientos que siempre albergaba acerca de cómo podría servir a su Di-s. La palabra para “gachas” [en hebreo, ‘Nazid’] significa “pensamiento”, como en el versículo (Shemot 18:11): “…que planearon [en hebreo, ‘Zadú’] contra ellos”, entendido según la traducción aramea: “…fueron condenados a la misma aflicción que ellos mismos pretendían infligirles”. Esto, por lo tanto, se refiere a alguien que siempre está pensando en maneras de afligirse a sí mismo para ganarse la vida del ‘Ölam HabBá’ (“Mundo Venidero”).

 

Antes del surgimiento de la Jasidut, la concepción cabalística de la rectitud implicaba afligir el cuerpo de diversas maneras para debilitar su dominio sobre la conciencia de la persona. Como es bien sabido, el Besht (Baäl Shem Tov) decretó que, a partir de su época, este método de servir a HaShem estaba en gran medida obsoleto, y que, desde entonces, la rectitud implica educar el cuerpo y enfocarlo en hacer el bien en lugar de afligirlo.

 

De una forma u otra, el Iétzer HarRá se ve atenuada, puesto que percibe que la persona está enfocada en el Mundo Venidero [en lugar de en este mundo]. Este es el significado de:

 

‘Ësav…”  - la inclinación al mal.

 

“...llegó del campo...” - las delicias de este mundo.

 

“... y estaba cansado” -de todos los pensamientos de la Buena Inclinación.

 

“Y Ësav…” - la inclinación al mal.

 

“...le dijo a Iaäkov” - La buena inclinación.

 

“Por favor, lléname...” - porque me has estado afligiendo durante días con tus buenos pensamientos y ayunos, así que ahora, llena mi boca con todo lo que he estado privado todos estos días... “... porque estoy cansado”.

 

“Iaäkov respondió: ‘Véndeme hoy tu primogenitura...’” - porque el primer día que el Iétzer HatTov entra en el cuerpo del individuo (cuando tiene 13 años y un día) toma el control por la fuerza y ​​el Iétzer HarRá es sometida ante ella.

 

Por lo tanto, “en la víspera del día catorce, buscamos ‘Jametz’ (“pan leudado”) a la luz de una vela” (Pesajim 1:1).

 

Esta cita de la Mishná se refiere a la búsqueda de Jametz que se realiza en la víspera del catorce de Nisán. Aquí, se interpreta alegóricamente como una referencia al día anterior al comienzo del decimocuarto año de un niño, es decir, el día anterior a su decimotercer cumpleaños, cuando se convierte en Bar Mitzvá.

 

Porque en el primer día del decimocuarto año [del muchacho], [su Buena Inclinación] entra [en su cuerpo plenamente], en el mérito de la Torá que aprendió en su juventud, que es llamada ‘Or’ (“luz”), como en el versículo (Mishlé 6:23): “...y la Torá es luz”, y en el mérito de las Mitzvot que fue entrenado para cumplir como parte de su educación, que son llamados “una lámpara”, como en el [mismo] versículo, “Porque la Mitzvá es una lámpara...”.

 

El alma divina y la buena inclinación entran gradualmente en la conciencia del individuo, a medida que los padres educan a su hijo en su juventud para que acepte ‘ÖL  MALJUT  SHAMÁIM’ (“el yugo del reino de los cielos”), es decir, para que cumpla las Mitzvot de HaShem, estudie Su Torá y adopte sus valores. Idealmente, cuando el niño alcanza la madurez, ya está plenamente integrado en el estilo de vida de la Torá y está preparado para asumir sus obligaciones. El alma divina y la buena inclinación pueden entonces manifestarse plenamente en su conciencia activa.

 

En mérito de ambos, “buscamos el Jametz”, que es el Iétzer HarRá, y lo expulsamos y lo sometemos, y su alma [divina] y su buena inclinación entran [en su cuerpo por completo].

 

Ahora bien, toda persona posee levadura [espiritual] [en hebreo, ‘Seör’], que proviene de la gota seminal de su padre. Esto se alude en el versículo (Tehil´lim 51:7): “He aquí, en pecado fui concebido”; [con el que el rey David quiso decir:] “Mi padre Ishai solo tenía en mente su propio placer [cuando me concibió]”.

 

“La levadura, el agente que hace que la masa suba, es una metáfora del Iétzer HarRá, la fuente del ego y la arrogancia en una persona” (Berajot 17a).

 

Aunque el judaísmo no cree en el pecado original, se nos enseña que las intenciones de los padres al concebir un hijo determinan la naturaleza de su “vestidura” espiritual, a través de la cual experimenta la vida. Cuanto más egoístas sean las intenciones de los padres, mayor será el trabajo espiritual que el niño deberá realizar para refinar su percepción espiritual.

 

Dado que el rey David aspiraba a los niveles más altos de conciencia divina, consideraba incluso la leve inclinación egoísta que presumiblemente albergaba su justo padre al concebirlo como un obstáculo en su desarrollo espiritual que debía superar.

 

El ‘Jametz’ (“alimento leudado”), [en cambio,] proviene de la semilla de la madre y, por lo tanto, se llama ‘Majmétzet’ [“agente fermentador”, “masa madre”], en femenino.

 

La Torá nos ordena que retiremos todo ‘Seör’ (“levadura”) y ‘Jametz’ (“alimento leudado”) de nuestra posesión antes de Pésaj (Shemot 12:15-20). Rashi entiende que estos 2 términos son sinónimos: el ‘Seör’ (“levadura”) también se denomina “agente fermentador” para indicar que, aunque no es comestible, está prohibido poseerla, al igual que está prohibido poseer Jametz.

 

Todo esto se expulsa, y comemos Matzá, que simboliza la buena voluntad. Comemos Matzá, para expulsar el Jametz, durante 7 días, que corresponden a los 7 años que faltan para que la persona cumpla 20 años. A esa edad, será juzgada por el ‘Bet Din Shamáim’ (“El Tribunal Celestial”).

 

Por ciertos pecados, una persona puede ser juzgada y castigada por un ‘Bet Din’ (“tribunal terrenal”), es decir, rabínico. Por tales pecados, la persona se vuelve responsable de recibir castigo al alcanzar la mayoría de edad: 12 años para las niñas y 13 para los niños.

 

Por otros pecados, una persona no puede ser juzgada ni castigada por un tribunal terrenal, sino únicamente por el Tribunal Celestial. Por tales pecados, solo será responsable de castigo a partir de los 20 años.

 

Durante estos 7 años, una persona debe estar sumamente alerta contra su Iétzer HarRá, puesto que se acostumbró a ella hasta los 13 años y un día. Por lo tanto, durante estos 7 años es como un enfermo que se está curando de su dolencia, quien, durante los primeros días, debe comer solo alimentos ligeros que no le hagan daño. Por consiguiente, se nos ordena comer solo ‘Matzá’ (“pan ácimo”) durante los 7 días de Pésaj.

 

Esto fue lo que Rabbí Shimón bar Iojai respondió a su hijo, Rabbí Eläzar, quien le preguntó por qué, si el Jametz representa el Iétzer HarRá y la Matzá el Iétzer HatTov, no se nos prohíbe comer Jametz durante todo el año. La respuesta fue que, durante los días de Pésaj, éramos como enfermos que salían de Egipto y, por lo tanto, solo podíamos comer Matzá. Después, cuando estuviéramos curados y sanos, comer Jametz no nos haría daño (Zóhar 2:40a).

 

Así también, el joven debe estar muy atento al Iétzer HarRá hasta que cumpla los 20 años.

 

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