EL ÁRBOL SINGULAR
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EL ÁRBOL SINGULAR
Por Kabbalah y Torah en Expansión
La Mishná nos informa que en
realidad hay 4 días de Año Nuevo en el calendario hebreo (1 de Nisán, 1 de
Elul, 1 de Tishré y 15 de Shevat), así como 4 días de Juicio (15 de Nisán, 7 de
Siván, 1 de Tishré y 15 de Tishré). Luego, explica el significado de cada uno.
Hay una sutil peculiaridad en el lenguaje de la Mishná que requiere
interpretación. Entre estos 8 días, tres se aplican a los árboles frutales:
1) El 1 de Tishré marca el Año Nuevo
para los árboles jóvenes.
2) El 15 de Shevat (Tu BiShevat)
marca el Año Nuevo para los árboles en ciernes.
3) El 6 de Siván (la Festividad de
Shavuöt) los frutos de la cosecha del año reciben su reconocimiento celestial.
La Mishná enumera cada una de estas 8
fechas junto con el ciclo que se reanuda al llegar: el reinado de los reyes, el
diezmo de las verduras, los años de la Creación, el nuevo presupuesto de
recursos espirituales disponible este año, etc. Y en cada caso, la Mishná usa
un sujeto plural: reyes, años, ganado, lluvia, etc., excepto en las 3 ocasiones
en que menciona ‘Ätzé Perí’ (“árboles frutales”). En esas ocasiones, la Mishná
emplea un sustantivo singular ‘Ëtz’ (“árbol”), aunque habría sido más correcto
usar la forma plural.
De esta manera, dice Rabbí Tzadok HakKohén,
la Mishná presenta una enseñanza literal sobre cómo aplicar nuestras leyes
agrícolas a la cosecha de frutas y, a la vez, dirige nuestra atención al único
árbol, el árbol que abarca a todos los árboles, el árbol que se yergue ‘Betoj HagGán’
(“en el medio del jardín”), el árbol llamado ‘Ëtz HaJaiim’ (“El Árbol de la
Vida”). La densa red de canales y afluentes (en el plano interno) que circula
la fuerza vital a todas las cosas creadas es el corpus de este Árbol de la
Vida. La médula de cada persona es un tallo conectado a una rama conectada al
tronco conectado a las raíces de este Árbol cósmico con raíces arriba y frutos
abajo, cuyas ramas se extienden a todos los rincones del Universo.
El Árbol de la Vida tiene tantos
frutos como criaturas (y momentos) en el mundo. La Shejiná es su jardinera y
recoge a diario su cosecha madura. Cada chispa (incluida nuestra propia alma)
madurará finalmente hasta convertirse en un fruto plenamente maduro, cuyo
último (y codiciado) hito será ser consumido con deleite por la sagrada Shejiná.
Una chispa debe trabajar durante vidas enteras para ser digna de este
privilegio. La Shejiná solo se alimenta de frutos comestibles de principio a
fin. En el transcurso de su “temporada de crecimiento”, la chispa debe disolver
todas las barreras a la luz, tanto la ‘Kelippá’ (“cáscara”) como la ‘Zera’ (“semilla”).
Según los estándares de la Shejiná, un fruto comestible es un fruto iluminado,
cuyos límites son transparentes, cuyas semillas de potencial se han realizado
plenamente y cuya voluntad siempre se alinea con la ley espiritual.
Pero esto no es cuestión de todo o
nada. La Torá (Devarim 20:19) nos informa que “HAADAM ËTZ
HASSADÉ - el hombre es un árbol del campo”. Cada uno de nosotros es
simultáneamente un fruto del Árbol cósmico de la Vida y un miniárbol por
derecho propio, que produce frutos de diversa índole, que son simplemente las
obras de nuestra vida. El objetivo es encontrar la opción más productiva
espiritualmente y elegirla con todo el corazón. Las chispas que animan esos
momentos de perfecta maduración son arrancadas por la Shejiná y saboreadas por
Ella. Por el contrario, nuestras obras imperfectas, con ‘Kelippot’ (“cáscaras”)
y ‘Garïnim’ (“huesos”) que resisten a la luz, requieren rondas de ‘Tikkún’
(“corrección”) antes de que se realicen.
Tu BiShevat (15 de Shevat) es el Año
Nuevo del Árbol cósmico de la Vida. Y en ese día, la Shejiná ruega por todos
sus frutos sagrados (es decir, por nosotros) para que nuestras vidas produzcan
una cosecha abundante de frutos maduros este año. Y nosotros unimos nuestra ‘Tefil´lá’
(“oración”) a la suya y aspiramos a lo mismo: que cada paso que demos y cada
decisión que tomemos dé frutos que solo sean buenos. Y, bajando un nivel más,
para incluir a nuestros amigos, con sus ramas y raíces, que sea un año de
lluvias abundantes, suelo nutritivo, poda consciente, temperaturas adecuadas,
polinización exitosa, resistencia a enfermedades y plagas, y una cosecha
abundante para los árboles frutales del mundo.
“SHETTEKABBEL GUÉSHEM
SHEL BERAJOT UFEROT
BESHEFA - ¡Que recibas una lluvia de bendiciones (y frutos) en
abundancia!”
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