CÁSCARAS, SEMILLAS Y FRUTA - 1b
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CÁSCARAS, SEMILLAS Y FRUTA - 1b
Por Kabbalah y Torah en Expansión
Es bien sabido que durante la
siembra, el hombre no ve ningún resultado. Al contrario, la semilla se pudre y
el hombre se preocupa de si algo crecerá y, de ser así, si el árbol dará buen
fruto. De igual modo, todo proyecto que un hombre emprende requiere que primero
invierta en él, aunque no vea un resultado inmediato. Solo cree y ora a HaShem
para que su esfuerzo no sea en vano. Y aún más, imagina que de su trabajo
podría derivarse incluso un perjuicio en lugar de un beneficio.
Ahora podemos comprender por qué ‘JaZaL’
(“nuestros sabios de bendita memoria”) se referían a los tratados de leyes
agrícolas como ‘Emuná’ (“fe”), ya que el agricultor realiza todos sus esfuerzos
-ara y fertiliza, siembra y riega- y luego, en lo que respecta a los frutos de
su trabajo, solo puede orar a HaShem. Así, la palabra hebrea para semilla, זרע ‘Zera’, es Notarikón (“código”) para ‘Ze-Ra’ (“esto es malo”), ya
que incluso a primera vista parece que la semilla solo se pudre y no dará
fruto. De la misma manera, una persona debe creer en HaShem y en que, al final,
todo saldrá bien, aunque a primera vista esto no parezca probable porque
nuestra visión es limitada y no podemos prever lo que está por venir.
AMBIENTE
Otro aspecto que observamos es que
cada árbol necesita un entorno propicio para su desarrollo, es decir, un lugar
adecuado para la semilla. Posteriormente, debe contar con un entorno que le
proporcione nutrientes, como fertilizantes, agua, materia orgánica, sol o
sombra, etc., para que la semilla germine y, más adelante, para que el árbol
crezca y dé frutos de calidad. Asimismo, mientras el árbol es un plantón,
requiere un tutor para asegurar su crecimiento vertical. Una vez que el árbol
ha madurado, es imposible corregir una desviación de la verticalidad.
De igual modo, con un joven es fácil
educarlo con rectitud, algo imposible cuando es mayor y se encorva, momento en
el que resulta difícil enderezarlo. Necesita un entorno positivo, es decir, un
buen maestro, buena compañía y libros de sabiduría, para desarrollarse como
persona, al igual que la semilla y el árbol se desarrollan gracias al entorno
en el que se siembran. Si el entorno no fuera adecuado para la semilla, el
árbol no se desarrollaría ni daría frutos de calidad. Si una persona se
encuentra en un entorno desfavorable, no podrá desarrollarse de forma positiva,
por muy noble que sea su esencia.
Así como al árbol se le brinda apoyo
en sus inicios, al hombre se le da educación en su juventud, para que no la
abandone en su vejez. Las raíces del árbol deben ser fuertes para que pueda
alcanzar grandes alturas y resistir los fuertes vientos que, de otro modo, lo
arrancarían de raíz. De igual modo, un ‘Ben Israel’ (“Hijo de Israel”) que se
nutre del legado de sus antepasados, arraigado en la Torá y en la cultura que
nos enseñaron nuestros sabios (incluso si llegan vientos adversos y culturas
falaces y extranjeras), tendrá la fuerza para hacerles frente porque se
fortalece gracias a sus raíces y continúa protegiendo su cultura y su
identidad.
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