CÁSCARAS, SEMILLAS Y FRUTA - 1a
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CÁSCARAS, SEMILLAS Y FRUTA - 1a
Por Kabbalah y Torah en Expansión
‘Tu BiShevat’ (“el día 15 del mes de
Shevat”) es el Año Nuevo de los Árboles, según la decisión de Bet Hil´lel en la
primera Mishná del tratado Rosh HaShaná y conforme a la ‘Halajá’ (“ley judía”).
Las implicaciones prácticas se refieren a ciertas ‘Mitzvot’ (“Mandamientos”)
que solo se aplican en ‘Éretz Israel’ (“La Tierra de Israel”), como la
prohibición de ‘Örlá’ (“fruto prohibido durante los primeros 3 años de un árbol”).
Además, por ser Rosh HaShaná, no se recitan ‘Tajanún’ (“oraciones penitenciales”)
en todo el mundo ese día.
En la Jasidut, este día se ha
designado como un día especial para la introspección y la autoexploración.
También es costumbre que los Jasidim (y los Sefardíes) preparen un banquete
especial con frutas, especialmente aquellas por las que se alaba Éretz Israel.
En el versículo: “¿Acaso el árbol
del campo es un hombre?” (Devarim 20:19), la Torá compara al hombre con un
árbol. De esto se deduce que Tu BiShevat es como Rosh HaShaná, el día del
juicio, una ocasión para cambios y autoexamen. Ahora, establezcamos analogías
entre el árbol y el hombre y veamos qué podemos deducir de ello.
En el Talmud (Iomá 38b) se afirma: “HaShem
vio que los ‘Tzaddikim’ (“personas justas”) son pocos, así que plantó algunos
en cada generación”. Esto plantea la pregunta: ¿Qué beneficio nos aporta que
estén plantados en cada generación? ¿Qué diferencia habría si el pequeño número
de Tzaddikim se concentrara en una sola generación o si HaShem los distribuyera
a lo largo de todas las generaciones?
ENVIDIAR
Uno de los factores que impulsan el
desarrollo humano es la envidia, es decir, el deseo de emular a otros. Si un
hombre estuviera solo en el desierto, no se desarrollaría. Al estar en sociedad
y ver a personas sabias, desea ser como ellas. Esta es también la razón por la
que los ‘Jajamim’ (sabios) afirmaron que no hay generación que carezca de Avraham,
Itzjak y Iaäkov; es decir, que cada generación cuenta con Tzaddikim cuyo papel
es servir de ejemplo para que otros deseen imitarlas.
Y esto es como el injerto de
árboles: para que se multipliquen, se toman ramas de un árbol y se injertan en
otro, y así, de un solo árbol, nacen muchos. De esto podemos comprender el
dicho de ‘JaZaL’ (“nuestros sabios de bendita memoria”). Dado que hay tan pocos
Tzaddikim, HaShem los plantó en cada generación para que, a través de su
ejemplo, la gente viera en qué puede convertirse un hombre, y así la rectitud
se multiplicara en cada generación, del mismo modo que el injerto de un árbol
da origen a muchos. Y esta es, en realidad, la función positiva de la envidia,
ya que, como se sabe, cada rasgo de carácter tiene aspectos buenos y malos. Por
ejemplo, “la envidia de los autores multiplica la sabiduría”. Del deseo de ser
como los Tzaddikim, los Tzaddikim de cada generación se multiplican.
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