CAMPOS Y HUERTOS CELESTIALES - 1b
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CAMPOS Y HUERTOS CELESTIALES - 1b
Por Kabbalah y Torah en Expansión
El Arí (Rabbí Itzjak Luria) reveló
el significado interno de la distinción entre grano y fruta.
Dijo que un campo de trigo (llamado “campo
blanco” en el Talmud, un campo soleado y brillante sin sombra) corresponde al
‘Ölam HatTohu HakKadmón’ (“El Mundo primordial del Caos”). Los huertos
corresponden al ‘Ölam HatTikkún’ (“El Mundo de la Corrección”).
Originalmente, se creó el ‘Ölam
HatTohu’ (“El Mundo del Caos”); se autodestruyó debido a la intensidad de sus
‘Orot’ (“luces”) y a la falta de ‘Kelim’ (“vasijas”) desarrolladas. Luego, el ‘Ölam
HatTikkún’ (“El Mundo de la Corrección”) emanó en un estado pre-rectificado. ‘Tikkún’
(“corrección”) es otro nombre para el ‘Ölam HaAtzilut’ (“El Mundo de la
Emanación”). Allí, la ‘Or En Sof’ (“Luz Infinita de HaShem”) se revela dentro
de las vasijas como Las 10 Sefirot.
Sin embargo, Ölam HatTohu no
desapareció de la escena. Al estallar, pequeños fragmentos, llamados ‘Nitzotzín’
(“chispas”), cayeron en ‘Sheloshet HaÖlamot HatTajtonim’ (“Los Tres Mundos
Inferiores”): los Mundos Espirituales de ‘Beriiiá-Ietzirá-Äsiiiá’ (“Creación, Formación
y Acción”). Cuanto más elevada sea la fuente espiritual de un objeto, más bajo
puede descender. Por eso, las chispas del Ölam HatTohu cayeron en los Mundos Espirituales
inferiores y en este mundo físico.
MUNDOS DE TRIGO
La definición del Arí también se
relaciona con el servicio espiritual del hombre. Los campos de trigo y los
huertos existen solo después del cultivo. Esto implica que tanto los campos
como los huertos corresponden al Ölam HatTikkún. Un campo de trigo, después de
todo, produce trigo que beneficia a la humanidad y contribuye a la
civilización. Dado que la civilización encarna ‘HatTikkún’ (“la rectificación”),
los campos no pueden referirse exclusivamente a Ölam HatTohu: desorden y ruina.
De ello se desprende que existen
diferentes maneras de rectificar el Ölam HatTohu. Un campo de trigo simboliza
el primer método. En este caso, el Ölam HatTohu recibe cierta rectificación.
Sin embargo, aún permanece en la categoría de Tohu. Un huerto, sin embargo,
representa un nivel mucho más elevado. Allí, el propio Ölam HatTohu se ha
transformado por completo en el Ölam HatTikkún.
Esta distinción se puede entender
por la diferencia cualitativa entre una fruta y su semilla. Como se mencionó en
el anterior Limmud, esta diferencia no es evidente en el caso del trigo. Si
bien una sola semilla produce muchos granos de trigo, estos nuevos granos
tienen un sabor idéntico al de la semilla original de la que surgieron.
SALTO ESENCIAL
El principio: ‘LEFUM TZAÄRÁ
AGRÁ’ (“según el esfuerzo, es la recompensa”) también se aplica a la
labor espiritual de purificar y rectificar este mundo físico. Plantar un huerto
requiere una labor enorme. Como resultado, se revela una luz espiritual intensa
y elevada. La semilla de un árbol frutal es incomparablemente menos valiosa que
las toneladas de fruta que producirá. Es necesario efectuar una transformación
en la semilla -un salto cualitativo- a un nuevo nivel existencialmente
distinto. ¿Cómo se logra esta hazaña? Se requiere ‘Bittul’ (“auto-anulación”),
lo que implica un esfuerzo enorme.
Los campos de trigo se refieren en
realidad a ‘Sheloshet HaÖlamot HatTajtonim’ (“Los Tres Mundos Inferiores”). En
estos ‘Ölamot’ (“Mundos”) se encuentran atrapadas chispas del mundo destrozado
de Tohu. Cuando el Arí dijo que los campos de trigo son el Ölam HatTohu, se
refería al trabajo espiritual de redimir sus chispas exiliadas en “Los Tres
Mundos Inferiores”. Al igual que el propio Ölam HatTohu, Los Tres Mundos
Inferiores permanecen sin rectificar. Mediante la ardua labor de purificación,
las chispas del Ölam HatTohu son redimidas. Sin embargo, su rectificación no se
consumará hasta ‘Iemot HamMashíaj’ (“La Era Mesiánica”).
Los huertos se refieren al Ölam HatTikkún,
el Mundo de Atzilut. Este ‘Ölam’ (Mundo) ya existe en un estado de perfección.
Sin embargo, los huertos requieren un enorme esfuerzo para alcanzar un gran
valor: de una semilla insípida a un fruto abundante y delicioso. Esto alude a
la elevación de Los Tres Mundos Inferiores al Mundo de Atzilut, también un
salto cualitativo. Esto se debe a que Los Tres Mundos Inferiores son entidades
espirituales finitas, mientras que en Atzilut se revela la ‘Or En Sof’ (“Luz
Infinita”) de HaShem.
Debajo de Atzilut se encuentran
densos velos de ocultación. Separan el Ölam HaAtzilut de ‘BIÄ’ (“Los Tres
Mundos Inferiores”). Por lo tanto, para que Los Tres Mundos Inferiores
asciendan a Atzilut, se requiere una transformación completa de su esencia. Una
vez lograda esta transformación, se revela una luz sublime y elevada.
Si bien el trabajo espiritual arduo
purifica ‘Los Tres Mundos Inferiores de ‘BIÄ’ (“Beriiiá-Ietzirá-Äsiiiá”),
estos, como entidades independientes y autoconscientes, continúan existiendo.
La Kabbalá describe este estado como una “unidad de nivel inferior”. El objeto
se anula ante la Luz de HaShem; pero sigue siendo un objeto. Por eso el Arí
llamó a estos campos de trigo espirituales “Ölam HatTohu”; su rectificación aún
está incompleta.
Los huertos, sin embargo,
representan un nivel superior de anulación. Aquí Los Tres Mundos Inferiores
ascienden a Atzilut. Allí pierden por completo su identidad. “Ellos” ya no
existen. Pues en Atzilut brilla la ‘Or En Sof’ de HaShem. Esto produce un
estado de unificación donde la existencia, independiente de la Luz de HaShem,
es imposible. Por eso el Arí llamó a los huertos “Ölam HatTikkún”, la
perfección de la rectificación.
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