EL PROBLEMA DEL PECADO EN LA TIERRA

EL PROBLEMA DEL PECADO EN LA TIERRA

 

Por Kabbalah y Torah en Expansión

 

Respecto a si ‘Éretz Israel’ (“La Tierra de Israel”) realmente tiene el poder de expiar las transgresiones de una persona, lo siguiente debería preocuparnos:

 

1) El versículo (Iiiov 15:15a): “HEN  BIKEDOSHAV  LO  IAAMÍN - He aquí, aun en sus santos no tiene fe”, lo que implica que no hay garantía de permanecer libre de pecado.

 

2) La declaración de la Mishná (Pirké Avot 2:4): “El hombre no tendrá fe en sí mismo hasta el momento de su muerte”, lo que implica, una vez más, que no hay garantía de permanecer libre de pecado.

 

La perspectiva que debemos tener es la siguiente: Los pasajes anteriores dejan muy claro que no hay garantías de no pecar jamás. Sin embargo, el mérito de residir en Éretz Israel conlleva la eliminación de los pecados anteriores, como en “la carga del pecado es quitada de encima”, así como la protección contra el pecado, como en (Mishlé 12:21a): “LO-IEUNNÉ  LATZTZADDIK - Ningún daño sobreviene al justo”. Esto también se entiende por “Quien camine 4 codos en Éretz Israel tiene garantizada la entrada al Mundo Venidero”, es decir, porque HaShem te protege del pecado. (Esto no excluye la situación de quien codicia el pecado, pues lo encontrará. Esto solo nos ofrece protección contra los pecados que se acercan y posiblemente nos da fuerza adicional para superar las pruebas de lealtad). A eso se refiere el versículo (Javakkuk 2:4): “TZADDIK  BE´EMUNATÓ  IJIÉ - El justo vive por su fe”. Las primeras letras de esas palabras forman la palabra צבי Tzeví, que significa “ciervo”, pues otro nombre de Éretz Israel es ‘Éretz HaTzeví’ (“La tierra del ciervo”). Aquel que es un ‘Tzaddik’ (“persona justa”) en sus acciones tiene garantizada la vida por su fe y no pecará. Esto también se sugiere en el versículo (Tzefaniá 3:5): “HaShem es justo en medio de ella; no cometerá injusticia”. Nuevamente, las primeras letras forman la palabra Tzeví, lo que implica que quien vive en Éretz Israel está protegido de la corrupción.

 

En cambio, en ‘Jutz LaÁretz’ (“fuera de la Tierra de Israel”), se aplica el versículo: “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra que haga el bien y nunca peque” (Kohélet 7:20). En otras palabras, no le basta con evitar el pecado, pues no obtendrá el perdón hasta que se arrepienta y haga Teshuvá. Incluso al “hacer el bien”, en ese mismo acto de bondad peca (pecar aquí no significa transgresión, sino desviarse del camino correcto). Esto es como lo han afirmado los Jajamim: “Quien habita en Jutz LaÁretz adora la idolatría con pureza” (Ävodá Zará 8a). Cuanto mayor sea su rectitud (la de un justo fuera de Éretz Israel), mayor será la influencia divina que se le concede al ‘Sar’ (“ángel ministro a cargo de su país”). Esto se considera idolatría: servir a un poder extranjero con pureza. Eventualmente, tendrá que experimentar sufrimiento para rectificar esto.

 

El ‘RaMaK’ (Rabbí Moshé Kordovero) escribe lo siguiente: “Todo aquel que vive en Éretz Israel es considerado un Tzaddik, aunque no lo parezca. Pues si no fuera un Tzaddik, la tierra lo vomitaría, como está escrito (Vaiikrá 18:25): “Y la tierra vomitará a sus habitantes”. Por lo tanto, incluso en el caso de aquellos que obran mal, si no son expulsados ​​de la tierra, HaShem los llama Tzaddik. (Este es un título, no una descripción de su verdadera condición espiritual)”.

 

Esto es lo que significa el versículo (Tehil´lim 118:20): “ZE-HASHSHÁÄR  LAADO-NAI  TZADDIKIM  IAVOU  VO - Esta es la puerta de HaShem; los justos entrarán por ella”. La “puerta” de HaShem se refiere a Éretz Israel, como vemos a nuestro padre Iaäkov llamarla “la puerta del cielo” (Berreshit 28:17). Además, el final del versículo en el Tehil´lim 118:20, “TZADDIKIM  IAVOU  VO - los justos entrarán por ella”, tiene las primeras letras que forman la palabra צבי Tzeví, lo que implica que Éretz Israel es la puerta de HaShem y que todos los que entran por ella son llamados ‘Tzaddikim’ (“justos”), pues una vez que entran, no salen.

 

Esto es lo opuesto a aquellos que llegan a Éretz Israel y no se dan cuenta de que viven en el Palacio del Rey. Aquellos que son rebeldes, transgresores y se entregan a la embriaguez y a los festines de vanidad, frivolidad, vacío y hedonismo, son descritos por el siguiente versículo (Irmiahu 2:7): “pero vinisteis y contaminasteis mi tierra, y de Mi heredad hicisteis abominación”. El versículo (Ieshaäiahu 1:12): “Cuando venís a presentaros delante de Mí, ¿quién demanda esto de vosotros, de que pisoteéis Mis atrios?” también se aplica a ellos. Estas personas no deben engañarse pensando que permanecerán en Tierra Santa después de su muerte. Al contrario, incluso después de muertos serán expulsados ​​de la tierra como perros. Como se afirma en el Pirké DeRabbí Eliëzer, capítulo 33:

 

Todos los ‘Reshaïm’ (“malvados”) que mueren en Éretz Israel, sus almas son arrojadas a Jutz LaÁretz, como está escrito en el versículo (Shemuel Álef 25:29): “Él arrojará el alma de tu enemigo como se lanza una piedra con una honda”. Porque en el futuro HaShem abarcará los confines de la tierra y sacudirá toda contaminación para enviarla a Jutz LaÁretz, como está escrito (Iiiov 38:13): “Para abarcar los confines de la tierra y sacudir de ella a los malvados”. 

 

Por lo tanto, toda persona que llegue a Éretz Israel debe temblar al llegar a ‘HaÉretz HamMuvtájat’ (“La Tierra Prometida”) y debe resolverse a temer al cielo el doble de lo que temía en Jutz LaÁretz, y ser constantemente consciente de que se encuentra en el Palacio del Rey.

 

El RaMaK escribió además: “Pues si un habitante de Éretz Israel partiera a Mitzráim (Egipto) para residir allí, ese mismo pecado provocaría que el demonio Rahav lo dominara. Sin embargo, si se propone no bajar jamás a vivir a Mitzráim, se le considera prudente durante toda su vida, como si unificara la unidad de HaShem sobre sí mismo. Como se dijo antes: (Javakkuk 2:4): “TZADDIK  BE´EMUNATÓ  IJIÉ - El justo vive por su fe”. Las primeras letras de esas palabras forman la palabra Tzeví. Esto implica que, al vivir en Éretz HaTzeví, vive toda su vida con “santa fidelidad”, que es la unidad de Maljut, llamada ‘Éretz’ (“Tierra”), junto con Tiféret, llamado “Israel”.

 

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