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Por Kabbalah y Torah en Expansión
Debemos aclarar cuál es el beneficio
de contemplar la tierra desde lejos, si nunca va a entrar en ella.
Un versículo dice: “Si tan solo un
hombre de esta generación [malvada] viera la buena tierra” (Devarim 1:35). Esto
implica que el mero hecho de contemplar la tierra conlleva un gran beneficio.
Además, Moshé suplicó y obtuvo este privilegio poco antes de morir. Como está
escrito: “Sube a la cima del monte… y contempla la tierra que daré a los Hijos
de Israel” (Devarim 32:49), así como también: “Moshé subió al monte… y HaShem
le mostró toda la tierra” (Devarim 34:1). Todo lo anterior indica que hay un
beneficio en ver la tierra, incluso si se prohíbe entrar en ella.
Ese beneficio se comprende mejor con
el pasaje del Zóhar (Shelaj 169a) que comienza: “Y Iosef pondrá sus manos sobre
tus ojos” (Berreshit 46:4). Allí, el Zóhar explica que los ojos son el prefacio
de las formas imaginadas por la sabiduría. Primero, uno da forma al concepto
con su conocimiento y sabiduría, y he aquí que la forma se dibuja allí. Si la
forma de ese concepto es una forma básica, material y física que aparece a la
mente, entonces eso disminuye la calidad de dicho concepto.
De igual modo, está prohibido mirar
fijamente a las mujeres, pues aunque uno no piense en realizar un acto lascivo,
al final imaginará esa figura y podrá contemplar o simplemente imaginar algo
impropio, aunque nunca actúe en consecuencia. La razón es que las imágenes y
formas que ha desarrollado en su mente dañan profundamente su alma. Sin
embargo, también es cierto lo contrario: cuando uno contempla conceptos sagrados,
estos tienen el poder de purificar su alma.
De este concepto podemos extraer
algunos beneficios para nuestro servicio a HaShem. Cuando una persona imagina
en su mente una forma sagrada, esa misma forma completa su sabiduría. Esto es a
lo que se refiere Rabbí Abbá en el Zóhar (Mishpatim 123b), donde relata cómo
mantenía una imagen de Rabbí Shimön bar Iojai frente a él. Mediante esa imagen,
logró alcanzar un alto nivel de comprensión. Esto es lo que significa el
versículo: “ËNEJA RO´OT ET-MOREJA - tus ojos contemplarán a tu
Maestro” (Ieshaäiahu 30:20).
Eso es también lo que significa el
versículo: “No se vuelvan a los ídolos” (Vaiikrá 19:4). Se prohíbe incluso
mirar a un idólatra, pues esa imagen vergonzosa daña el alma. Por la misma
razón, se nos prohíbe mirar a un ‘Rashá’ (“persona malvada”).
Sin embargo, cuando la imagen de una
persona superior a uno mismo está presente en la mente, se pueden alcanzar
perspectivas espirituales maravillosas. Por eso uno tiene la obligación de
saludar a su Rabbí en cada Festividad. Pues ese saludo grabará la imagen de su
Rabbí en su mente. [La frase aquí es ambigua y puede entenderse como que, al
saludar a su Rabbí, uno puede grabar la mente de su Rabbí en la suya propia, es
decir, otorgarle a la persona la capacidad de comprender la grandeza de su
maestro].
De esta manera podemos entender
también el versículo (Melajim Bet 5:16a): “Pero él respondió: Vive HaShem,
delante de quien estoy”. Eliseo se refiere a su presencia ante Elías [su
maestro]. Esto significa que, al observar a Elías, la imagen de este quedó
grabada en su mente. La visión de Elías, de pie y sirviendo a su Maestro con
tal conexión en un estado profético, era como si estuviera constantemente ante HaShem.
[Esto le permitió a Eliseo afirmar que él también estaba ante HaShem].
Esa es también una de las razones
del mandamiento (Shemot 23:17): “Tres veces al año se presentarán todos tus
varones delante de HaShem Di-s”. Pues los hombres debían visualizar el
esplendor de la imagen de la Shejiná presente allí. Y aunque la providencia
divina se manifiesta en todas partes, es incomparable a la contemplación y la
representación de la Shejiná en un lugar sagrado. Así se entiende el versículo:
“No verás mi rostro vacío” (ibid.), y también muchos otros versículos de la
Torá.
Por lo tanto, uno debe cerrar los
ojos durante la ‘Tefil´lá’ (“oración”), para eliminar por completo de su mente
las formas físicas y unificar sus pensamientos con imágenes intelectuales.
He aquí, no cabe duda de que cuando
dos grandes amigos se ven, el simple hecho de verse les produce una gran
alegría y felicidad, y graban la imagen del otro en sus mentes. Esto se debe a
su gran amor. Sin embargo, lo contrario ocurre con los enemigos. Con esto,
podemos comprender los siguientes versículos (Tehil´lim 5:5): “LO IEGUREJÁ
RA - el mal no mora contigo” y “¿quién demanda esto de vosotros, de que
pisoteéis Mis atrios?” (Ieshaäiahu 1:12). Porque cuando HaShem está enojado con
nosotros, nuestra comparecencia ante Él en Su Templo provocará aún más odio e
ira.
Por eso no se permitió la entrada de
los espías a la tierra, como dice el versículo (Devarim 1:35): “Ninguno de
estos hombres, esta generación perversa, verá la buena tierra que juré dar a
vuestros padres”. Esto se debe a que habían hablado mal de la tierra y la
odiaban [como enemigos de la tierra]. Por lo tanto, es conveniente que su
imagen no sea introducida en la tierra, para evitar que se evoquen odio e ira
(si se les viera entre el resto del pueblo) en lugar de amor.
Sin embargo, según Moshé Rabbenu,
eso no era cierto; más bien, “Y HaShem le mostró toda la tierra” (Devarim
34:1). [Esto fue incluso desde lejos]. El Zóhar explica este concepto de la
siguiente manera: ¿Por qué Moshé vio toda la tierra, algo imposible para el ojo
físico? En realidad, HaShem le mostró toda la tierra mediante la ‘Or HagGanuz’
(“Luz Oculta de la Creación”). Pues con esa luz se podía ver de un extremo del
mundo al otro (Jaguigá 12a).
Y ahora, con estas aclaraciones,
podemos comprender el misterio de por qué mostramos (durante la ceremonia de
Hagbahá -el levantamiento del rollo de la Torá-) a la congregación lo escrito
en el rollo de la Torá. Este concepto también se demostró en el Templo Sagrado
del cielo, como se menciona en el Zóhar.
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