FRECUENCIA VIBRACIONAL PARA ROSH JÓDESH ADAR 5786
Por Kabbalah y Torah en Expansión
“Sepan que cada parcela de tierra
fue otorgada a la nación más apta para ella. Esto se sugiere en el versículo (Devarim
2:9): “Porque Yo he dado la tierra de Är por heredad a los hijos de Lot”. Esto
implica que esa parcela de tierra estaba destinada a los hijos de Lot. De igual
manera, vemos a HaShem asignando la zona de tierra conocida como el monte Seïr
a Ësav, como en el versículo (Devarim 2:5): “Porque a Esaú he dado el monte
Seir por posesión”. Los ‘Jajamim’ (sabios) explicaron que, así como Ësav era
rubio, también su tierra es rojiza. Esto indica, una vez más, que la tierra era
apropiada para aquel que estaba destinado a habitarla”.
La idoneidad de una tierra para su
nación radica en la compatibilidad del ‘Sar’ (“ángel guardián”) que gobierna a
ese pueblo con dicha tierra. Asimismo, las almas mismas de esas personas
provienen de la ‘Kelippá’ (“cáscara espiritual”) que representa esa parcela de
tierra. Esto nos lleva a observar 3 tipos de correlaciones: la relación de la
nación, de la tierra física y del ‘Sar’ (“ángel guardián”) con el alma y la
providencia. Esto se sugiere en el versículo (Mishlé 7:5a): “Para que te
guarden de la mujer extraña, de la desconocida”. La sugerencia proviene de las
letras que forman las palabras ‘Ishshá Zará’ (“mujer extraña”), las cuales
significan “que el ‘Sar’ (“ángel guardián”), el gobernante de ese país. Pues
quien vive fuera de la Tierra es como si practicara ‘Ävodá Zará’ (“idolatría”)
(Guemará Ketubbot 110a).
Este concepto es sin duda similar en
el caso de los ‘Bené Israel’ (Hijos de Israel) y ‘Éretz Israel’ (“La Tierra de
Israel”). El nivel de su Neshamá, su Torá y su relación con HaShem dependen de
su presencia en la Tierra de Israel. Pues la tierra misma de Éretz Israel es
sagrada, el Pueblo de Israel es santo, sus almas son santas, su Torá es santa y
su Di-s también, pues Él es su ministro. Además, así como Éretz Israel y sus
abundantes ‘Mitzvot’ (“Mandamientos”) no tienen comparación con los demás
países del mundo y las Mitzvot que allí se realizan, lo mismo ocurre con la
Torá, el código de vida de Éretz Israel, que no tiene comparación con los
códigos legales y estatutos de las demás Naciones del Mundo. Acerca de esto
está escrito (Vaiikrá 18:26): “No haréis ninguna de estas abominaciones (las
leyes de los paganos)” y “Por todas esas abominaciones…” (ibid. 27) y “No os
vomite la tierra, como vomitó…” (ibid. 28).
He aquí que la sagrada Torá y la
Tierra de Israel tienen una relación única. Asimismo, el Pueblo de Israel tiene
una profunda y singular relación espiritual con la tierra de Israel. Esto se
evidencia en el profeta Ezequiel (capítulo 48), quien dividió la tierra entre las
12 Tribus, otorgando a cada una la porción más adecuada a sus necesidades. Esto
se logró estableciendo la frontera de cada tribu con el lugar de donde emana su
alma. De esta manera, cada Mitzvá realizada en la Tierra de Israel asciende y
adorna cada una de las fronteras en relación con el alma de cada tribu. Así, la
plenitud del alma depende de la porción de tierra que habita. Y la plenitud de
la tierra depende de las almas que la habitan, en armonía con su existencia.
La esencia de esto es que Sion es el
punto de la creación original (Guemará Ioma 54b), pues desde ese punto se
desplegó el resto del mundo. Ese punto, por supuesto, está asociado con la ‘Shejiná’
(Presencia Divina). Doce límites emanan de ese punto central. Son el misterio
de las medidas de la tierra y del santuario, tal como lo relata el profeta Iejezkel
(cap. 48). Los Bené Israel se refugian bajo los límites de la Shejiná, que se
extiende hasta toda la frontera de Éretz Israel. Sin embargo, así como la
Shejiná no está completa mientras el Templo Sagrado esté incompleto, también lo
está mientras Éretz Israel no esté completa hasta alcanzar sus verdaderas
fronteras, que van desde el río de Egipto hasta el rio Éufrates. Dicha plenitud
depende de que esté habitada por Bené Israel, cada uno según el lugar que mejor
le convenga; esto se debe a que HaShem le prometió a Avraham 10 tierras como
herencia para sus descendientes. Esas 10 tierras corresponden al atributo de
Maljut que anida en el reino de Äsiiiá (“creación”), pues está incorporada por 10
Sefirot propias.
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