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Por Kabbalah y Torah en Expansión
Es conveniente mencionar a quienes
profundizan en esta sabiduría que no debemos interpretar literalmente el pasaje
del Zóhar (2:17a) que habla de “la criada que hereda el lugar de su ama” (Mishlé
30:23b). La inmensa santidad de HaShem impide que, incluso en el santuario
interior del reino de Beriiiá, ni ángeles, ni serafines (seres celestiales), ni
ninguna criatura pueda entrar. Por lo tanto, jamás se podría concebir que la
criada ocupe el lugar de su ama.
La verdadera manera de comprender
este pasaje es con la siguiente introducción: El universo entero está regido
por atributos supremos, los cuales influyen en Maljut y, a su vez, ejercen
influencia sobre ella. Esto se manifiesta especialmente cuando Tiféret se une a
Maljut. Posteriormente, Maljut distribuye el sustento [al reino físico] a
partir de esa influencia. Ella dirige y administra los Mundos Superior,
inferior, interno y externo. Por lo tanto, mientras los ‘Bené Israel’ (Hijos de
Israel) se encuentran en su tierra, existe un aspecto de Maljut conocido como:
“había un ‘Ofán’ (“rueda”) en la tierra” (Iejezkel/Ezequiel 1:15), lo cual se
explica como la representación de Maljut en la tierra [Äsiiiá] para administrar
los mundos inferiores. Es a través de este aspecto que los Bené Israel reciben
toda su influencia divina.
Por lo tanto, cuando los Bené Israel
profanaron el Templo (véase Ieshaäiahu 1:12), perseguían el poder de las
Fuerzas Externas, guiadas por su madre maldita [Lilit], para alimentarse de
ella como sus hijos. Este es el misterio de los novillos de Sukkot. Estos novillos
representaban a las Naciones del Mundo. Su número disminuía cada día, simbolizando
la disminución de su poder. Esto se realizaba durante la festividad de Sukkot,
en la que se juzgaba al mundo por la lluvia y se determinaba la influencia
divina que recibirían los ‘Sarim’ (“ángeles ministradores de cada país”).
Sin embargo, nuestra “madre” [la
Shejiná] no puede sostenernos en el exilio, pues le han arrebatado la capacidad
de distribuir la influencia divina. En consecuencia, dado que la Shejiná no
transfiere directamente la influencia, el Zóhar describe la situación como “la
criada que hereda el lugar de su ama” (Mishlé 30:23b). Esto significa que ella
[Lilit] puede desviar la mayor parte de la influencia hacia sus propios “hijos”.
Una parábola para describir la
situación es la siguiente: El hijo del rey, mientras vivía en el palacio real,
era alimentado y sustentado por su madre.
Su madre le proporcionó todo lo
necesario. Sin embargo, cuando el hijo se volvió sumamente rebelde, el rey lo
desterró del palacio. Para estar con su hijo, su madre también se exilió.
Durante todo el exilio, el rey les envió provisiones a través de su anfitriona,
la criada. Esta, sin embargo, destinaba las mejores provisiones a sus propios
hijos, dejando las sobras al príncipe. La criada carecía de la sabiduría y la
perspicacia para comprender que el rey le enviaba esas provisiones solo por su
hijo, que se encontraba allí. Desde la perspectiva del hijo, la criada se había
convertido en su sustento. De esta manera, la criada había ocupado el lugar de
la matrona. Ella provee para el hijo del rey, llevándole la comida de parte del
monarca. Pero, ¡Di-s nos libre de pensar que ella entraba en las habitaciones
del rey! En realidad, el rey hacía que le llevaran la comida a uno de sus
generales, quien luego se la entregaba a uno de sus sirvientes, quien
finalmente se la daba a la criada. No obstante, dado que la influencia se
originó en el palacio del rey y llegó hasta la sirvienta, no hay mayor deshonra
para la reina.
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