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Por Kabbalah y Torah en Expansión
Rabbí Itzjak Luria fue, sin duda, el
mayor practicante y expositor de la Kabbalá desde Rashbi (Rabbí Shimön bar Iojai),
“autor” del Zóhar. Rabbí Itzjak Luria fundó una nueva escuela de pensamiento
cabalístico, conocida como “El Sistema del Arí”.
Rabbí Luria ben Shelomó Ashkenazi,
cuyo padre era pariente del famoso Maharshal, nació en la Ciudad Vieja de Jerusalén
en 5294 (1534 d.e.c.), en lo que hoy es el Museo de la Antigua Corte del
Yishuv, y falleció el 5 de Av de 5332 (1572 d.e.c.). Está enterrado en el
antiguo cementerio de Tzefat (Safed), Israel, donde decenas de miles de
personas peregrinan a su tumba cada año.
Rabbí Itzjak Luria es comúnmente
conocido como el Arí, un acrónimo que significa ‘Eloki Rabbí Itzjak’ (“el
Divino Rabino Isaac”); Arí es también la palabra hebrea para “león”. Ningún
otro maestro o sabio tuvo jamás esta letra extra ‘Álef’, una abreviatura de ‘Eloki’
(“Divino”), prefijada a su nombre. Esto era una señal de la estima en que lo
tenían sus contemporáneos. Las generaciones posteriores, temerosas de que este
apelativo pudiera ser malinterpretado, explicaron que la ‘Álef’ significaba
Ashkenazi, indicando que su familia se había originado en Alemania, como de
hecho era así. Alternativamente, algunos explican que la ‘Álef’ significa ‘Adonenu’
(“nuestro amo”). Hasta el día de hoy, entre los ‘Mekubbalim’ (cabalistas), se
hace referencia a Rabbí Itzjak Luria como ‘Rabbenu HaArí” (“nuestro maestro el
Arí”), ‘HaArí HakKadosh’ (“el santo Arí”), “el Arí” o “el AriZaL” (“el Arí, de
bendita memoria”).
La siguiente historia se cuenta
sobre el nacimiento del Arí:
Había una vez un erudito muy piadoso
que vivía en Israel, llamado Rabbí Shelomó Luria. Un día estaba en la sala de
estudio solo, aprendiendo, cuando ‘Eliiiahu HanNaví’ (Elías el Profeta) se le
apareció y le dijo: “He sido enviado a ti por el ‘Shad-dai’ (“Todopoderoso”)
para traerte nuevas de que tu esposa concebirá y dará a luz un hijo, y que
debes llamarlo Itzjak (Isaac). Él comenzará a liberar a Israel de las ‘Kelippot’
(“cáscaras”, “fuerzas del mal”). A través de él, numerosas almas recibirán su ‘Tikkún’
(“rectificación”). También está destinado a revelar muchos ‘Sodot’ (“misterios
ocultos en la Torá”) y a exponer el Zóhar. Su fama se extenderá por todo el
mundo. Ten cuidado, por lo tanto, de no circuncidarlo antes de que yo venga a
ser el ‘Sandak’ (“la persona que sostiene al niño durante la ceremonia de la
circuncisión”).
Terminó de hablar y desapareció. Rabbí
Shelomó Luria regresó a casa, pero no reveló este secreto a nadie, ni siquiera
a su esposa. Cuando nació el Arí, la casa se llenó de luz, y al octavo día lo
llevaron a la sinagoga para circuncidarlo. Su padre buscó por todas partes si
Eliiiahu HanNaví había llegado como había prometido, pero no lo vio. Todos lo
instaron a continuar, pero él respondió que aún no habían llegado todos los
invitados.
Pasó una hora, pero Eliiiahu seguía
sin llegar. Entonces pensó con amargura: “Mis pecados debieron haberle impedido
cumplir su promesa”. Pero mientras lloraba, Eliiiahu apareció y le dijo: “No
llores, siervo de HaShem. Acércate al altar y ofrece a tu hijo como sacrificio
puro dedicado enteramente al Cielo. Siéntate en mi silla, y yo me sentaré sobre
ti”. Entonces, invisible para todos los presentes excepto para Rabbí Shelomó,
Eliiiahu HanNaví se sentó en su regazo, recibió al niño con ambas manos y lo
sostuvo durante toda la circuncisión. Ni el ‘Mohel’ (“la persona encargada de
realizar la circuncisión”) ni los reunidos vieron nada más que al padre
sosteniendo a su bebé. Después del ‘Berit Milá’ (“circuncisión”), volvió a
prometerle a Rabbí Shelomó que el niño traería gran luz al mundo entero, y
luego desapareció.
Rabbí Shelomó falleció cuando el Arí
era aún un niño. En 1541 d.e.c, incapaz de mantener a la familia, la madre del
Arí viajó a Mitzráim (Egipto) con sus hijos, donde vivieron con su hermano,
Mordejai Francés, un acaudalado recaudador de impuestos. La brillantez del niño
continuó brillando en ‘Pilpul’ (“dialéctica talmúdica”) y lógica. Rabbí David Ibbén
Zimrá (el Radbaz) enseñó al Arí tanto los aspectos revelados como los ocultos
de la Torá. El Arí también estudió con Rabbí Betzalel Ashkenazi, autor de Shitá
Mekubbetzet.
Para cuando el Arí tenía 15 años, su
conocimiento del Talmud igualaba o superaba al de todos los sabios de Mitzráim.
A esa edad se casó con la hija de su tío y dedicó los 6 años siguientes a
estudiar intensivamente con Rabbí Betzalel Ashkenazi. Fue por esa época que
llegó a sus manos un ejemplar de un volumen del ‘Séfer HazZóhar’ (“Libro del
Esplendor”). Estudió el Zóhar en reclusión durante 6 años más. Después se aisló
por completo en una casa cerca del Nilo durante 2 años más. Permanecía solo,
sin hablar con nadie durante toda la semana. Regresaba a casa la víspera de Shabbat,
justo antes del anochecer. Pero incluso en casa, no pronunciaba una palabra, ni
siquiera a su esposa. Cuando era absolutamente necesario decir algo, lo decía
con la menor cantidad de palabras posible y solo en ‘Lashón HakKódesh’ (“lengua
sagrada”): el hebreo. El Arí y su esposa tuvieron varios hijos, entre ellos un
hijo llamado Moshé, que falleció joven, y una hija, que se casó con el hijo de
Rabbí Iosef Karo. Los detalles sobre sus otros hijos son escasos.
Continuó progresando de esta manera
hasta que fue digno del ‘Rúaj HakKódesh’ (“inspiración divina”). En numerosas
ocasiones, Eliiiahu HanNaví se reveló y enseñó al Arí los misterios de la Torá.
Cada noche, su alma ascendía a los reinos celestiales. Tropas de ‘Malajim’ (ángeles)
lo recibían para proteger su camino, llevándolo a las academias celestiales.
Estos Malajim le preguntaban qué academia elegía visitar. A veces era la de Rashbi,
y otras veces visitaba las academias celestiales de Rabbí Äkivá o Rabbí Eliëzer
HagGadol. En ocasiones también visitaba las academias celestiales de los
antiguos ‘Neviim’ (profetas).
En 5330 (1570 d.e.c.), tras haber
alcanzado un alto rango de santidad en Mitzráim, Eliiiahu HanNaví le anunció
que había llegado el momento de mudarse a Tzefat, ciudad de Galilea, al norte
de Israel. Allí conocería al Rajú (Rabbí Jaiim Vital), el hombre a quien estaba
destinado a transmitir las claves del conocimiento antiguo.
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