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Por Kabbalah y Torah en Expansión
El Rabbí Sar Shalom Mizrají Didiä
ben Itzjak Sharäbbi, conocido como el Rashash, nació en el año 5.480 (1.720 d.e.c)
en Saná, la capital de Yemen. Tras ser salvado milagrosamente de una situación
difícil, cumplió su voto de ir a la Tierra Santa de Israel para vivir en Ierushaláim.
Después de un viaje que lo llevó a través de la India, Bagdad y Damasco, llegó
a Ierushaláim.
Aunque ya se había establecido en
sus países de residencia anteriores como un importante estudioso de la Torá y ‘Mekubbal’
(cabalista), estaba decidido a mantener sus habilidades ocultas en Tierra
Santa. Se acercó a Rabbí Guedaliá Jaión, el director de la Ieshivá Bet-El, el
principal centro de estudio de la Kabbalá, y solicitó el trabajo de ‘Shammash’
(“ayudante”). Todo lo que pidió a cambio fue un techo sobre su cabeza y algo de
comida. El director se apiadó del joven huérfano y le dio el trabajo.
De esta manera, pudo permanecer
anónimo y, al mismo tiempo, saciar su sed de Torá. Su trabajo oficial era
despertar a los estudiantes para la ‘Tefil´lat Tikkún Jatzot’ (“La Oración de
Rectificación de Media Noche”), mantener en orden los estantes con los libros
sagrados, traer agua y servir té caliente. Esto le permitía permanecer
inocentemente en un rincón durante las lecciones, como si no fuera parte del
grupo privilegiado de estudiantes, que incluía al famoso Jidá (Jaiim Iosef
David Azulai), pero escuchaba atentamente.
Nadie soñaba que este simple
Shammash fuera en realidad un ‘Jajam Gadol’ (“gran erudito”). Una vez, surgió
una pregunta extremadamente difícil que nadie podía resolver. El joven Shalom Sharäbbi
notó la decepción de Rabbí Guedaliá y esa noche, después de que todos los
estudiantes se fueran, escribió lo que sabía que era la respuesta e insertó la
nota en uno de los libros del Rosh Ieshivá.
Al día siguiente, Rabbí Guedaliá
estaba encantado: “Una nota de HaShem”, pensó. Pero después de repetir este
acto varias veces, Rabbí Guedaliá se dio cuenta de que debía ser uno de sus
estudiantes. Proclamó:
“Decreto que el autor de estas notas
se revele y que le concedamos el respeto que se merece”.
Por modestia y por su deseo de
permanecer anónimo, Rabbí Shalom Sharäbbi aún no ha confesado, por lo que el
asunto sigue siendo un misterio.
Janná, la hija del Rosh Ieshivá, se
dio cuenta de lo mucho que su padre quería averiguar quién era el individuo que
dejaba las notas. Decidió espiar por las noches a través de la ventana.
Finalmente, una noche vio al Rashash metiendo un papel dentro de un libro en el
escritorio del Rosh Ieshivá. Inmediatamente se lo notificó a su padre. El
Rashash se vio obligado a admitir ante él su autoría. Suplicó que le
permitieran permanecer oculto, pero Rabbí Guedaliá tomó el descubrimiento de su
hija como una señal del Cielo de que era hora de que el Rashash fuera revelado.
Después de la muerte de Rabbí Guedaliá
en 5.507 (1.747 d.e.c), el Rashash, que entonces tenía sólo 27 años, fue
designado Rosh Ieshivá, según el último deseo de Rabbí Guedaliá. Ya estaba
casado con Janná, y tenían un hijo al que llamaron Itzjak. Entre sus
estudiantes estaban el Jidá y el Maharit Algazi, quien se convirtió en el Rosh Ieshivá
después del fallecimiento del Rashash.
Escribió un comentario sobre el Ëtz
Jaiim, del cual Rav Iedidiá Abbulaäfia dijo que quien estudia Ëtz Jaiim sin el
comentario del Rashash es como un ciego que tantea su camino en la oscuridad.
Entre sus escritos más famosos se
encuentra el Siddur HarRashash, conocido por sus ‘Kavvanot’ (“intenciones”)
cabalísticas especiales para la ‘Tefil´lá’ (“oración”), que se ha convertido en
el estándar para todos los cabalistas [sefardíes] de la actualidad.
El Rashash pasó a recibir su
recompensa celestial el día 10 del mes de Shevat, en el año 5.537 (1.777 d.e.c),
a la edad de 57 años, en Ierushaláim. Está enterrado en el Monte de los Olivos,
donde su tumba es un lugar de peregrinación hasta el día de hoy.
El gran Mekubbal, Rabbí Jaiim Palagi,
testificó que el alma de Rabbí Shalom Sharäbbi era la del Arí (Rabbí Itzjak
Luria).
Rabbí Itzjak Kadduri solía decir:
“Uno puede haber memorizado todas
las enseñanzas escritas del Arí y haberlas estudiado a fondo, así como sus
comentarios, pero si no ha aprendido las obras del Rashash, aún no ha entrado
en el estudio de la Kabbalá”.
Se lo considera el padre de todos
los ‘Mekubbalim’ (cabalistas) sefardíes contemporáneos.
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