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Por Kabbalah y Torah en Expansión
En este Limmud analizaremos las
principales diferencias entre ‘Éretz Israel’ (“La Tierra de Israel”) y ‘Jutz LaÁretz’
(“fuera de la Tierra de Israel”), así como las diferencias en ‘Hashgajat
HaShem’ (“La Providencia Divina”) de los ‘Bené Israel’ (Hijos de Israel) y del
resto de las Naciones. También abordaremos los conceptos de ‘Nevuá’ (“profecía”),
‘Késem’ (“hechicería”), ‘Teshuvá’ (“arrepentimiento”) y ‘Guerim’ (“conversos”).
El concepto de que la sede de las ‘Kelippot’
(“fuerzas del mal”) se encuentre por encima del firmamento resulta bastante
confuso, pues a veces están bajo el dominio de los reinos celestiales. Lo mismo
ocurre con el funcionamiento del cuerpo (a veces seguimos la voluntad de
nuestra alma, otras no). Esta conducta se encuentra en todas nuestras vidas,
seamos ‘Bené Israel’ (Hijos de Israel) o no, ya que es un fundamento esencial
desde la Creación. No hay adición ni sustracción alguna. La única diferencia
radica en que los Bené Israel fortalecen el dominio y el poder de las fuerzas
celestiales sagradas, santificándose así. Asimismo, la condición espiritual de
una persona se ve afectada por la preparación de sus padres antes de su
concepción; cuanto más se santifiquen, más se revestirá de ‘Kedushá’ (Santidad)
el alma de su hijo tras su nacimiento. Sin embargo, las demás Naciones del Mundo
están revestidas de ‘Tumá’ (impureza). En todo lo demás, los seres humanos son
iguales.
Las demás Naciones del Mundo están
bajo el dominio y el poder de las Kelippot. Por lo tanto, obtienen su fuerza
vital de la propagación de la ‘Tumá’ (impureza). En cambio, los Bené Israel
obtienen su fuerza vital de la expansión de la ‘Kedushshá’ (Santidad). Esto es
exactamente como la forma en que la santidad suprema dirige el poder de las
Kelippot en los firmamentos. Así como las acciones del hombre determinan la
calidad de su conducta, también el hombre, en su interior, determina la calidad
del dominio de su ser. Si la humanidad mejora sus caminos, el poder de las Kelippot
se someterá y las fuerzas de la Santidad proliferarán. Pero si, ‘Jas VeShalom’
(“Di-s no lo quiera”), destruyen sus caminos, el dominio se entregará a las Kelippot.
Lo mismo ocurre con el hombre mismo: si magnifica su propio ‘Iétzer HarRá’ (“inclinación
al mal”) y su impureza, el poder de gobernarse a sí mismo se entregará a las
fuerzas de las Kelippot. Pero si él magnificara el aspecto de la Kedushshá, que
es su propia y santa Néfesh y otras partes, entonces el dominio sobre él
quedaría completamente en manos de las fuerzas de la Santidad y sería
santificado.
La conducta de Éretz Israel es la
conducta de los ‘Tzaddikim’ (“personas justas”) y ‘Neviim’ (profetas). Pues
purificarían su ser material y rectificarían todos sus sentidos e intelecto
para santificarse. Ejercerían dominio absoluto sobre todos sus atributos y
guiarían sus instintos naturales hacia la Kedushshá. Se despojarían de todo
atributo físico, todo aquello que les permitía controlar el cosmos y someterlo
a su voluntad.
La administración de ‘Jutz LaÁretz’
(“fuera de la Tierra de Israel”) está totalmente en manos de los ‘Sarim’ (“ángeles
ministradores”) de cada país. El conocimiento para acceder a esto era la fuerza
de los hechiceros - ‘Jartumim’ (“jeroglíficos”) en Egipto-, así como el poder
de la brujería y cualquier otro poder que implique someter los atributos del
alma a ellos. Esta era la fuente del poder de Biläm y sus discípulos.
Se sabe que, por debajo de esos 2
comportamientos, existen otros 2 que se asemejan a los anteriores:
1) Aquel que vive en Éretz Israel y
la abandona. Esto significa que ha entregado el dominio de la Kedushshá al
reino de los Sarim. Así es precisamente el Ben Israel que se ha sometido a las
malas características y ha entregado sus poderes espirituales a la voluntad del
Iétzer HarRá. Por lo tanto, quien abandona Éretz Israel es como si se entregara
al dominio del poder de las Kelippot. También ha entregado el cosmos al dominio
de las fuerzas de esos Sarim. Lo anterior se aplica a quien abandona Éretz
Israel no con el propósito de cumplir una Mitzvá.
2) Esto es lo opuesto a lo anterior.
Se trata del ‘Guer’ (“converso”), el ‘Baäl Teshuvá’ (“penitente”) y otros. En
otras palabras, estaban fuera, es decir, bajo el dominio del Iétzer HarRá, pero
se han liberado de esa fuerza y han subyugado a su Iétzer HarRá. Ahora han
entrado en el reino de la Kedushshá, han atraído sobre sí el dominio de todas
las fuerzas sagradas celestiales y han canalizado todos sus atributos hacia la Kedushshá.
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