REVELACIÓN Y OCULTACIÓN

REVELACIÓN Y OCULTACIÓN


Por Kabbalah y Torah en Expansión

 

Los ‘Mekubbalim’ (cabalistas) escriben que, al ponerse el sol antes de Rosh HaShaná, el universo entra en un estado de coma. Un letargo desciende sobre toda la existencia; todo se paraliza en un silencio cósmico, en temor de que su contrato se renueve.

 

Con la puesta del sol antes de Rosh HaShaná y la existencia pendiendo de un hilo, es un buen momento para reflexionar sobre la naturaleza misma de esta existencia de la que formamos parte y cuyos parámetros definen nuestras vidas. ¿Es la existencia una forma de revelación o de ocultamiento?

 

Esta no es una pregunta meramente abstracta o esotérica; atañe a la naturaleza fundamental de nuestro ser. ¿Se define la verdadera esencia del ser humano -y de toda la existencia- por lo visible a simple vista y tangible a través de los 5 sentidos, o es la esencia completamente invisible, algo que no puede experimentarse en un estado revelado?

 

En otras palabras: ¿lo que vemos es realmente un estado de revelación, o es al revés, lo que vemos es el guante, mientras que la verdadera mano permanece oculta en su interior?

 

El primer versículo de Berreshit: “BERRESHIT  BARÁ  ELO-HIM  ET  HASHSHAMÁIM  VE´ET  HAÁRETZ - En el principio creó Di-s los cielos y la tierra”, resuelve el enigma. El Nombre de Di-s que se usa en este versículo es א־להים ‘Elo-him’. Los ‘Jajamim’ (sabios) explican por qué no se usa el Nombre יהו"ה ‘HaVaIáH’ (como en un versículo posterior, Berreshit 2:4): “Inicialmente, la intención Divina era crear la existencia con el elemento de ‘Din’ (“juicio”), pero percibió que el mundo no perduraría; por lo tanto, lo precedió con el elemento de ‘Rajamim’ (“misericordia”), fusionándolo con el elemento de Din”.

 

¿Cuál es el significado de esta explicación? Dado que el mundo no podía subsistir solo con Din, ¿por qué Di-s inicialmente consideró crearlo así, y solo después decidió integrar el elemento de Rajamim? ¿Y cuál es exactamente el significado de ‘Din’ (“juicio”) y ‘Rajamim’ (“misericordia”)?

 

El Juicio (Elo-him) se refiere a la ocultación de la omnipresencia Divina, requisito previo para el surgimiento de la existencia. Mientras la realidad Divina lo absorba todo, no hay espacio para que surja ninguna otra consciencia. El Arí (Rabbí Itzjak Luria) explica en su revolucionaria doctrina del ‘Tzimtzum’ (“restricción”) que la presencia Divina (es decir, la Luz) estaba oculta en una especie de “agujero negro” cósmico, lo que permitió el surgimiento de la personalidad consciente e independiente de la existencia tal como la conocemos. Como un maestro con una mente infinitamente superior a la de su alumno, oculta su brillantez para dejar espacio a este para contener las ideas en sus propios términos.

 

Este Tzimtzum / ocultación se denomina Juicio (Din y Guevurá), que retiene, mide y limita la transmisión. En contraste, la Misericordia (HaVaIáH) activa el flujo de energía y luz.

 

Ahora podemos comprender el significado de las palabras de los Jajamim: La base de toda existencia reside en el elemento de “Juicio”, que concentra y oculta la luz Divina. Sin esta ocultación, jamás podría existir una existencia independiente. Así, comienza el Génesis: el universo fue creado con el Nombre Elo-him. Sin embargo, Di-s reconoció las consecuencias de largo alcance de un universo cuyo motor es el Juicio estricto y la ocultación. Por lo tanto, infundió en el Tzimtzum un elemento de Misericordia: en la ocultación está arraigado el propósito de que traiga luz.

 

Cuando un gran maestro oculta la intensidad total de su mente, lo hace no como un fin en sí mismo, sino como un medio para transmitir la idea al estudiante. En otras palabras, la ocultación (juicio) en sí misma es, en última instancia, una expresión de misericordia, que permite al estudiante absorber la sabiduría. De igual manera, la ocultación de la energía Divina (el Tzimtzum), tan necesaria para que la existencia surja, no es un fin en sí misma, sino un acto de Misericordia que nos permitirá, como entidades autónomas, unirnos con lo Divino, paso a paso, en nuestros propios términos.

 

Aquí tenemos la respuesta a nuestra pregunta inicial sobre la naturaleza de la existencia: La existencia, tal como la percibimos, es en realidad un estado de ocultación. Cuanto más se adentra uno en las profundidades del espíritu humano, menos tangible es la sensación, menos palabras hay, menos definida es la experiencia.

 

En otras palabras, la naturaleza misma de la existencia se trastoca por completo: nuestra sensación de lo revelado es, en realidad, un estado de ocultación, y lo oculto es el verdadero estado de revelación. Lo visible es una fachada artificial, y lo invisible es la verdadera realidad. Esta existencia, tal como la conocemos, tal como la percibimos y experimentamos, es solo una ‘Kelippá’ (“cáscara”), la capa superficial que envuelve lo que yace tras la cortina.

 

Y el viaje -y el propósito- de nuestras vidas no es dejarnos distraer por la mecánica externa, ni dejarnos engañar pensando que no hay nada más que la cáscara exterior. El objetivo de la vida es debilitar la influencia de la ocultación (juicio) y revelar la Misericordia y la revelación interior.

 

Nadie es inmune a las fuerzas del ‘Din’ (“juicio”) en este mundo oscuro. Nuestro reto es no dejarnos vencer por los momentos más difíciles de la vida y reconocer la Misericordia incluso en los momentos más oscuros. Saber que la Misericordia está imbuida en la esencia misma de la existencia (de lo contrario, el mundo no habría perdurado) se convierte en una fuente eterna de esperanza, dándonos la fuerza para superar cualquier desafío.

 

Este es uno de los temas principales de Rosh HaShaná, cuando celebramos el cumpleaños del Universo y su joya de la corona, ‘Adam’ (“el ser humano”).

 

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