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Por Kabbalah y Torah en Expansión
Además del mundo físico, el ‘Ölam
HaÄsiiiá’ (“El Mundo de la Acción”) también contiene un Mundo Espiritual; de
hecho, muchos ‘Ölamot Rujaniiim’ (“Mundos Espirituales”). Estos ‘Ölamot’ (“Mundos”)
y sus diversos ‘Hejalot’ (“cámaras”) varían enormemente, de hecho, tanto que
resulta extremadamente difícil ver una unidad en su significado espiritual. Por
otro lado, aquellos dominios del espíritu que emanan de la sabiduría y la
creatividad -como la filosofía, las matemáticas, el arte, la poesía, etc.-, que
son moral o cualitativamente neutrales en sus ideas sobre la verdad o la
belleza, son fácilmente reconocibles.
Sin embargo, existen dominios del
espíritu que poseen cierta relevancia gnóstica, con un sistema de valores
diferente, y que, por lo tanto, se prestan a una espiritualidad tanto positiva
como negativa. Pues así como en el Mundo de Äsiiiá hay espacio para todo tipo
de funcionamiento físico y espiritual que eleva al mundo y al ser humano a
niveles superiores de ‘Kedushshá’ (Santidad), también existe aquello que
establece contacto entre el mundo de los seres humanos y aquellos mundos
inferiores al nuestro.
Estos Mundos se llaman los “reinos
del mal”, los Mundos de la ‘Kelippá’ (“la capa exterior”).
Los dominios de la Kelippá
constituyen cámaras en las que hay sistemas jerárquicos en los que el mal se
hace más enfático y más obvio con cada nivel distinto de caída. Y, como puede
suponerse, hay una fuerte interrelación con el Mundo de Äsiiiá. Porque aunque
en sí mismo el Mundo de Äsiiiá es neutral, en términos de su implicación
gnóstica pertenece a los Mundos del mal, y en particular a uno de los niveles
de la cáscara exterior llamada Kelippat Noga. Este es un nivel de ser que
contiene todo lo que no está en su esencia dirigido ni hacia ni en contra de la
santidad. En términos de santidad, entonces, mantiene una posición neutral.
Cuando un hombre se hunde en esta posición neutral por completo, sin desenredarse
en absoluto de ella, no logra realizar su destino humano específico y se
encuentra deficiente en la misma esencia de su ser.
Bajo el dominio de Kelippat Noga se
encuentran los Mundos completamente malignos. Cada uno de ellos posee su propio
aspecto maligno y, al igual que los Mundos Sagrados, está conectado
dinámicamente con los demás mediante los vínculos de transformación entre los Mundos
y planos, en un proceso que continúa hasta las profundidades más profundas del
mal. Como en todos los Mundos, la manifestación adopta 3 formas: ‘ÖLAM-SHANÁ-NÉFESH’
(“Mundo, Año y Alma”). En otros Mundos, existe un trasfondo general de
existencia que actúa como lugar en el sentido espiritual (Mundos), y existe un
aspecto relacionado con la relación con el tiempo y la causalidad (Año).
Además, poseen un aspecto anímico: criaturas espirituales que habitan los Mundos
malignos.
Estos seres que habitan los Mundos
del Mal también se llaman ‘Malajim’ (“ángeles”), pero son más bien ángeles
subversivos, ángeles de la destrucción. Al igual que los ángeles de los Mundos Superiores,
también son seres espirituales, cada uno limitado a una esencia bien definida y
a su propio propósito. Así como en el ámbito de la santidad existe la cualidad
(o ángel) del amor en la santidad, del temor reverencial en la santidad, etc.,
también existen emanaciones e impulsos opuestos en el ámbito del mal: ángeles
de la destrucción que expresan el amor en la maldad, el miedo en la corrupción,
etc.
Algunos de estos ángeles perniciosos
son seres autosuficientes con caracteres claramente definidos y específicos,
cuya existencia es, en cierto sentido, eterna, al menos hasta que el mal
desaparezca de la faz de la tierra. Además, están los ángeles subversivos
creados por las acciones humanas, por la objetivación de la malevolencia, es
decir, el mal pensamiento, el deseo inspirado por el odio, la mala acción.
Además de sus consecuencias visiblemente destructivas, cada acto de malicia o
maldad crea un ser gnóstico abstracto, un ángel malo, perteneciente al plano
del mal correspondiente al estado mental que lo originó.
Sin embargo, en su esencia interna,
las criaturas de los reinos del mal no son entidades independientes que viven
por su propia fuerza; reciben su poder vital de nuestro mundo. Así como en los ‘Ölamot
Ëlionim’ (“Mundos Superiores”) es cierto que solo el hombre puede elegir y
hacer el bien, también es cierto que solo el hombre puede hacer el mal. Todo el
ser espiritual de una persona está involucrado en cada acto, y el ‘Malaj’ (ángel)
así formado la acompaña como obra suya, integrándose a la existencia que la
rodea.
De ello se desprende que estos Mundos
del mal actúan en conjunción con el hombre y directamente sobre él, ya sea en
formas naturales y concretas o en formas espirituales abstractas. Los ángeles
subversivos son, por lo tanto, también tentadores e incitadores del mal, pues
traen el conocimiento del mal de su Mundo al nuestro. Y, al mismo tiempo,
cuanto más mal hace un ser humano, más fuerza vital extraen de él estos ángeles
para su Mundo.
Estos mismos ángeles subversivos
pueden servir como instrumento para castigar al pecador, pues este es castigado
por las consecuencias inevitables de sus actos, así como el ‘Tzaddik’ (“persona
justa”) recibe su ‘Sajar’ (“recompensa”) por las consecuencias de sus actos
benéficos. En resumen, el pecador es castigado al entrar en contacto con el
dominio del mal que él mismo crea. Los ángeles subversivos se revelan de
diversas formas, tanto materiales como espirituales, y en su revelación
castigan al hombre por sus pecados en este mundo, haciéndole sufrir tormento y
dolor, derrota y angustia, tanto física como espiritualmente.
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