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Por Kabbalah y Torah en Expansión
El alma divina es una esencia
indivisible, inseparablemente ligada a HaShem, como dice el versículo (Devarim
32 :9): “Porque una parte de HaShem es Su Pueblo”, y como afirma ‘Rashbi’ (Rabbí
Shimön bar Iojai) sobre sí mismo: “Mi alma es una con Él, como una sola llama,
unida a Él”. Sin embargo, al emanar del ‘En Sof’ (Infinito) para finalmente
revestirse en el cuerpo físico, el alma desciende a través de ‘Jaméshet HaÖlamot’
(“Los 5 Mundos”), dejando una raíz en cada uno de ellos, hasta que se reviste
en un ‘Guf’ (“cuerpo físico”). Así pues, existen 5 niveles del alma, o niveles
de consciencia de HaShem, que corresponden a los diversos planos de realidad, o
niveles de revelación/ocultación Divina manifestados en cada uno de los ‘Ölamot’
(Mundos).
El alma, envuelta en el cuerpo, es
un reflejo de la Forma Divina llamada Tzélem Elo-him. Este ‘Tzélem Elo-him’
(“imagen Divina”) puede describirse como el molde espiritual de la forma física
del hombre, que une su cuerpo y su alma. Este molde se deriva de la
configuración de las Sefirot, que estructuran los Mundos a través de los cuales
el alma desciende en su viaje hacia el cuerpo.
Al mismo tiempo que la dimensión
externa del alma refleja la configuración de las Sefirot, su dimensión interna
refleja la ‘Or En Sof’ (Luz Infinita), que ilumina las Sefirot. Este reflejo se
denomina ‘Demut Elo-him’ (“la semejanza Divina”). Así, el ser humano abarca
toda la Creación en su interior, desde la espiritualidad más elevada hasta la
materialidad más mundana.
Vistos desde el punto de vista del
servicio del hombre a HaShem, estos niveles del alma pueden describirse como 5
niveles ascendentes de ‘Todáä’ (“conciencia”) y ‘Devekut’ (“comunión”) con HaShem.
Se llaman (en orden ascendente) Néfesh, Rúaj, Neshamá, Jaiiá y Iejidá
(NaRaNJaI). Con respecto a estos niveles del alma, el Zóhar afirma que cuando
una persona nace, se le da un Néfesh del ‘Ölam HaÄsiiiá’ (“El Mundo de la Acción”),
el mundo más bajo, que representa el mayor ocultamiento de HaShem. Si, a través
de su ‘Ävodá HaShem’ (“servicio divino”) y ‘Maäsim Tovim’ (“buenas obras”), se
hace digno, entonces se le da Rúaj en el plano del ‘Ölam HaiIetzirá’ (“El Mundo
de la Formación”). Con mayor esfuerzo, puede ganar la revelación de Neshamá, en
paralelo con el ‘Ölam HabBeriiiá’ (“El Mundo de la Creación”). Si se purifica
mucho, puede ser capaz de alcanzar el nivel de Jaiiá en paralelo con ‘Ölam HaAtzilut’
(“El Mundo de la Emanación”), e incluso Iejidá, la conciencia de HaShem del
nivel de ‘Adam Kadmón’ (“El Hombre Primordial”) y más allá. (“Más allá”, porque
el nivel del alma llamado Iejidá en esencia trasciende todos los Mundos, ya que
nunca está separado de HaShem. Se describe como “verdaderamente parte de HaShem
arriba”, y como “una chispa del Creador investida dentro de una chispa de lo
creado”).
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