REYES CAÍDOS
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REYES CAÍDOS
Por Kabbalah y Torah en Expansión
Después de su peregrinación de 40
años por el desierto, el Pueblo de Israel que llegaba a la Tierra de Israel
debía cumplir 3 ‘Mitzvot’ (“Mandamientos”) secuencialmente, cada uno
condicionado al cumplimiento del anterior:
1) ungir un rey
2) aniquilar a Ämalek y
3) construir el Templo Sagrado (Sanhedrín
20b).
La Torá afirma: “Ämalek fue el Rosh
de las naciones” (Bamidbar 24:20). Los ‘Jajamim’ (sabios) explican que ‘Rosh’ significa
“el primero”, ya que Ämalek fue la primera nación en luchar contra el Pueblo de
Israel tras su salida de Mitzráim (Egipto). Pero la Kabbalá explica que Rosh significa
literalmente “cabeza”; Ämalek es la “cabeza” de las naciones malvadas del mundo
y suplantó a la “Serpiente Primordial”, que primero trajo la muerte y la ‘Tumá’
(“impureza”) al mundo. Es esta fuerza negativa la que siembra la duda y la
indecisión en las mentes de quienes servirían a HaShem con fidelidad y sin
cuestionamientos. De hecho, el Besht (Báäl Shem Tov) señala que la
‘Guimmatriiiá’ (“valor numérico”) de עמלק Ämalek (G-240) es ספק Safek, que en hebreo significa “duda”.
Es la Kelippá más severa y, por lo
tanto, debe ser completamente derrotada en el tiempo de la ‘Gueul´lá’ (Redención).
Como el rey judío es, idealmente, la personificación del altruismo y de la
aceptación del yugo celestial, es el único capaz de vencer a Ämalek, y, de hecho,
su propia realeza está incompleta hasta entonces.
CALIDAD DEL LIDERAZGO
Un verdadero líder reconoce su error
sin reservas, como lo hizo Iehudá, quien de inmediato aceptó la responsabilidad
por el embarazo de Tamar, sin importar la vergüenza que se acarreó, salvándola
así de la muerte. Como resultado, Iaäkov proclamó que las Tribus mismas
admitirían que la realeza pertenece a Iehudá, tanto en este mundo como en el
venidero. David, descendiente de Iehudá, actuó de manera similar al ser
amonestado por el profeta Natán tras causar la muerte de Urías y tomar a
Batsheva como su esposa prematuramente. Un líder justo también intenta enmendar
la situación si es posible.
Shaúl era “joven y apuesto, pues no
había entre los Hijos de Israel nadie más apuesto que él; de hombros para
arriba, era más alto que cualquiera del pueblo” (Shemuel Álef 9:2). Sin
embargo, poseía una modestia y humildad excepcionales, así como una nobleza de
carácter innata. Cuando Shemuel fue a ungirlo rey de Israel, respondió: “¿No
soy yo benjamita, de la más pequeña de las tribus de Israel, y mi familia la
más pequeña de todas las familias de Benjamín?” (Shemuel Álef 9:21). Luego, al
regresar a casa tras su encuentro con Shemuel, Shaúl le contó a su tío lo
sucedido con las mulas y los asnos perdidos que había ido a buscar, pero no le
contó que había sido ungido ‘Mélej’ (rey).
La Kabbalá enseña que el alma de Shaúl
estaba arraigada en lo que se conoce como ‘Älemá Deitkassiá’ (“El Mundo del
Ocultamiento”), Nekuddat Tziiion, Iesod de Immá, el Mundo de lo Masculino,
mientras que la de David proviene de ‘Älemá Deitgaliá’ (“El Mundo de la
Revelación”), Nekuddat Tziiion ViIerushaláim, Iesod de Nukvá, el Mundo de lo
Femenino. Por esta razón, Shaúl era modesto, es decir, oculto.
La raíz del alma de Shaúl residía en
el sexto rey de Edom, relacionado con la Sefirá de Iesod, cuyo nombre era el
mismo que el suyo; este rey fue uno de los reyes edomitas cuya muerte se menciona
explícitamente (véase Berreshit 36:37). Así, Shaúl “reinó… y murió”.
Proveniente del ‘Ölam HatTohu’ (“El Mundo del Caos”), su reinado no pudo
perdurar. David, en cambio, está arraigado en el ‘Ölam HatTikkún’ (“El Mundo de
la Reparación”), y por esta razón su reinado perduró.
Aunque la casa real estaba destinada
a ser de Iehudá, que tenía el rasgo conocido como Hodaá - tanto gratitud como
reconocimiento, Shaúl, aunque de la tribu de Benjamín, merecía ser rey por
derecho propio, pero no estaba destinado a engendrar una sucesión de realeza.
LOS DEFECTOS DE SHAÚL
Hay diferentes fuentes que enumeran
los errores de Shaúl y las razones de su caída.
Su gran humildad a veces fue
injustificada y le hizo flaquear en su liderazgo. Cuando Shaúl libró batalla
contra los filisteos y Shemuel le ordenó que lo esperara antes de ofrecer los
sacrificios que habían preparado, Shaúl cedió ante la impaciencia de sus
soldados. Entonces le dijeron que su reino no duraría.
Lo reprendieron por ser “pequeño a sus
propios ojos” y no lo suficientemente asertivo en su misión como “cabeza de las
Tribus de Israel”.
El rey Shaúl también se creía más
justo y compasivo que HaShem y no consumó la exterminación total de la nación
de Ämalek. Esta fue su primera misión histórica como rey de Israel y su
propósito era inaugurar la Era Mesiánica. En cambio, perdonó a Agag, su rey, y
a “lo mejor de las ovejas y del ganado, y a los animales cebados, y a las
ovejas engordadas, y a todo lo bueno; y no quisieron destruirlos”. No solo eso,
sino que a la mañana siguiente, cuando Shemuel fue a reprenderlo (después de
matar al propio Agag), Shaúl intentó justificar sus acciones. Si hubiera
reconocido inicialmente su error y reparado el daño él mismo, posiblemente
habría recuperado el favor de HaShem, pues un ‘Báäl Teshuvá’ (“penitente”) es
incluso más favorable que un ‘Tzaddik Gamur’ (“persona completamente justa”).
Tras ser reprendido, Shaúl sí expresó remordimiento, pero ya era demasiado
tarde.
La reacción fue rápida y dura. HaShem
se arrepintió de haberlo nombrado rey y declaró que su reinado no duraría
mucho. Hay quienes sostienen que Shaúl reinó solo 2 años. Además, Shemuel dejó
de acudir a él y buscó a David, su sucesor. Respecto a este error, el Talmud
afirma: “No te excedas en la justicia como Shaúl, quien se creyó más justo [que
HaShem mismo] y tuvo misericordia del malvado [Ämalek]” (Iomá 22b).
Todos los rasgos de carácter fueron
creados con un propósito y cada uno cumple su función en el mundo. Tanto la
compasión como la crueldad deben utilizarse para el servicio de HaShem. Fue una
grave desobediencia por parte de Shaúl haber considerado su compasión superior
a la de HaShem mismo. Sin embargo, el decreto contra Shaúl no se ejecutó hasta
que cometió el error de aceptar la calumnia contra los ‘Kohanim’ (sacerdotes)
de la ciudad de Nove, ordenando erróneamente la masacre de todos los sacerdotes
de la ciudad, de los cuales solo uno sobrevivió.
El Besht nos enseña que, al
comparecer ante el Tribunal Celestial tras su muerte, se le muestra a otra
persona que aparentemente ha pecado y se le pide que exprese su opinión sobre
el caso (tal como el profeta Natán le pidió a David que juzgara al “cordero del
pobre” - véase Shemuel Bet, 12). Solo después de emitir el juicio se le
demuestra que sus actos fueron similares, y así decide su propio veredicto en
el Más Allá.
Hasta este episodio, Shaúl podría
haber sostenido que actuó contra Ämalek por su naturaleza excesivamente misericordiosa,
un error, sin duda. Pero una vez que mostró su lado cruel con respecto a la
ciudad de Nove, se le considera rebelde contra HaShem en ambas ocasiones.
Todo aquel que peca y se avergüenza,
sin excusarse, recibe el perdón de todos sus pecados, como dice el versículo: “Para
que recuerdes y te avergüences, y nunca más abras la boca a causa de tu
humillación, cuando Yo te haya perdonado por todo lo que has hecho -declara HaShem
Di-s”. (Iejezkel 16:63; Berajot 12b). Por lo tanto, David, el arrepentido supremo,
mereció que descendiera de él una descendencia real, mientras que el reinado de
Shaúl duró apenas 2 años, a pesar de sus sobresalientes rasgos de carácter.
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