LA LETRA י IUD

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LA LETRA י IUD   Por Kabbalah y Torah en Expansión   La letra י ‘Iud’, un pequeño punto suspendido, revela la chispa de bondad esencial escondida en la letra ט ‘Tet’. A continuación del ‘Tzimtzum’ inicial (la contracción de la ‘Or En Sof’ (Luz Infinita) de HaShem para hacer “lugar” a la Creación), quedó dentro del ‘Jalal’ (“espacio vacío”) un punto potencial e individual o ‘Reshimú’ (“impresión”). El secreto de este punto es el poder del Infinito de contener el fenómeno finito dentro de Sí Mismo, y expresarlo en la realidad externa aparente. Una manifestación finita comienza de un punto de dimensión cero, luego se desarrolla en una línea unidimensional y una superficie bidimensional. Esto está insinuado en la escritura completa de la letra י ‘Iud’ יוד (iud-vav-dálet): “punto” (iud), “línea” (vav), “superficie” (dálet).   Estas 3 etapas corresponden en Kabbalá a: “punto” (Nekuddá), “espectro” (Sefirá) y “rostro” (Partzuf). El punto inicial, el poder esencial de la letra

SARÁ IMMÉNU: SARA, NUESTRA MADRE


SARÁ IMMÉNU: SARA, NUESTRA MADRE

Sara (שָׂרָה) fue la esposa de Abraham y madre de Isaac mencionada en la Torá. También era medio hermana de su esposo (Bereshít/Génesis 20:12) y unos diez años más joven (Bereshít/Génesis 17:17).

El libro de Bereshít/Génesis dice que su nombre original era Sarái pero Di-s lo cambió a “Sará” antes de concederle el milagro de tener un hijo a la edad de 90 años. La Torá cuenta que en un principio Sara había incitado a Abraham a tener un hijo con su esclava Hagár/Agar pero más tarde, después del nacimiento de Itzják/Isaac, expulsó a la mujer y a su hijo Ishmäel. Fue enterrada por Abraham.

En hebreo el nombre “Sara” se usa para designar a una mujer de alto rango y a veces es traducido como “princesa”.

El Talmúd señala que Sara era tan hermosa que a su lado las otras mujeres parecían monos y ni siquiera los duros viajes junto a Abraham afectaron su belleza.

El Talmúd afirma además que Sara fue superior a Abraham en los dones de profecía siendo como una “corona” para su marido. Abraham oía y obedecía sus palabras pues reconocía su superioridad espiritual. Además Sara sería la única mujer con quien Di-s se comunicó directamente ya que las demás profetisas mencionadas en el Tanáj recibieron mensajes de Di-s por medio de ángeles.

Su nombre original era “Sarái” pero posteriormente se le llamó “Sara” (princesa) porque era la princesa de su casa y de su tribu.

Según el Talmúd, durante el viaje a Egipto Abraham escondió a su esposa en un baúl para que nadie pudiera verla. Cuando llegaron a la frontera de Egipto el baúl fue inspeccionado por unos oficiales que insistieron en ver su contenido para determinar el monto de los impuestos. Cuando finalmente abrieron el baúl surgió una luz que emanaba de la misma belleza de Sarái. Entonces los oficiales comenzaron a competir unos con otros por comprar a Sarái ofreciendo altas sumas de dinero a Abraham. Cuando finalmente Sarái fue llevada ante el Faraón, dijo que Abraham era su hermano por lo que el rey le dio muchos regalos. Como una prueba de su amor, el rey puso a nombre de Sarái sus propiedades dándole como herencia la tierra de Góshen. Por esta razón los israelitas más tarde habrían vivido en esa tierra. En la tradición post-bíblica el rey llegó incluso a darle a Sarái su propia hija como esclava. Sarái oró a Di-s para que la salvara del rey y Di-s le respondió enviando a un maláj/ángel que golpeaba al rey cada vez que este trataba de tocarla. El faraón, asombrado al sentir los golpes, le habló amablemente a Sarái quien terminó confesando que Abraham era en realidad su esposo. Entonces el rey dejó de molestarla. Según otra versión, el rey persistió en acosar a Sarái aún después de que le confesara que estaba casada. Entonces el ángel golpeó al rey con tanta fuerza que lo dejó herido advirtiéndole que no siguiera molestando a Sarái.

De acuerdo a una tradición, cuando el faraón vio estos milagros de parte de Sarái decidió darle a su hija Hagár/Agar como esclava diciendo: “es mejor que mi hija sea esclava en la casa de esta mujer que ama de cualquier otra casa”. Avimélej actuó de una forma similar. Al comienzo Sarái trataba bien a su esclava Agar e incluso le pedía a las mujeres que la visitaban que visitaran también a Agar. Más tarde, cuando Abram dejó embarazada a Agar, esta comenzó despreciar a Sarái. Según el Talmúd, Sarái trató duramente a su esclava imponiéndole trabajos pesados y hasta llegó a golpearla.

Según el Talmud, originalmente Sarái estaba destinada a vivir hasta los 175 años de edad pero le fueron quitados 48 años por haberse quejado a Abraham, culpándolo de que Agar le hubiese perdido el respeto.

Sarái era estéril hasta que recibió un milagro después de que su nombre fuese cambiado de “Sarái” a “Sará”. Cuando su fertilidad fue restaurada dio a luz a Isaac, pero la gente no creyó que fuese un milagro sino que decían que el patriarca y su esposa habían adoptado un bebé huérfano simulando que era su propio hijo. Más tarde Abraham invitó a todos los hombres importantes a un banquete para celebrar el destete de Isaac. Sara también invitó a las mujeres quienes trajeron a sus propios hijos. En esa ocasión Sara le dio de mamar de sus propios pechos a todos los niños convenciendo a los invitados que el nacimiento de Isaac realmente había sido un milagro.

Leyendo conforme lo que está escrito en la Torá, se dice que Sara era una mujer estéril que nunca cesó en la oración ni la fe en Di-s, hasta que recibió el milagro de tener a un hijo llamado de nombre Itzják/Isaac.

LA MUERTE

Otra leyenda posterior relacionaba la muerte de Sara al sacrificio de Isaac. Había dos versiones de la historia. De acuerdo a una de ellas, Sama´él vino y le dijo: “tu esposo tomó al niño y lo sacrificó. El niño gimió y lloró pero no pudo escapar de su padre”. Entonces Sara comenzó a llorar amargamente y finalmente murió de tristeza.

Según otra versión, el Satán se disfrazó de viejo y le dijo a Sara que Isaac había sido sacrificado. Sara, creyendo que era cierto, lloró amargamente, pero más tarde se consoló a sí misma pensando que el sacrificio había sido ofrecido por mandato de Di-s, y partió de Beer-sheba a Hebrón preguntando a todos los que encontraba en el camino si sabían qué dirección había tomado Abraham. Entonces el Satán vino de nuevo en forma humana y le dijo que no era cierto que Isaac hubiese sido sacrificado sino que estaba vivo y que pronto volvería con su padre. Al oír esto Sara murió de gozo en Hebrón. Abraham e Isaac regresaron a su hogar en Beer-sheba y al no hallar a Sara fueron a Hebrón donde la encontraron muerta.

Sin embargo, según la Torá, Sara vivió hasta que su hijo Isaac tuvo 37 años (Bereshít/Génesis 23:1). Él estuvo junto a su madre hasta su muerte a los 127 años. También leyendas tardías añadían que durante la vida de Sara su casa estuvo siempre abierta a la hospitalidad, el dinero se multiplicaba milagrosamente, una lámpara ardía desde la noche del sábado a la noche del sábado siguiente y una columna de nubes se posaba sobre la entrada de su tienda.


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