SEFIRÁ IESOD

IESOD - “FUNDAMENTO”

 

Iesod es la novena de ‘Las Diez Sefirot’, y el sexto de los atributos emotivos dentro de la Creación.

 

Aparece en la configuración de las sefirot en el eje central, directamente debajo de Tiféret, y corresponde en el ‘Tzélem Elo-him’ al órgano reproductivo (en el hombre; y el útero en la mujer).

 

Iesod es asociado en el alma con el poder de contactarse, conectarse y comunicarse con la realidad exterior (representada por la sefirá de maljut). El fundamento (iesod) de un edificio es su inserción en el suelo, su unión con la tierra, (maljut).

 

Correspondiendo con el órgano reproductivo en el hombre, iesod es el fundamento de las generaciones por venir. El poder de procrear, es la manifestación del infinito dentro del contexto finito de la criatura llamada ser humano. Cada hombre individual, es “pequeño” respecto de todas las generaciones que vendrán (de él). El iesod es conocido como el “pequeño órgano” del hombre, lo “pequeño que aferra lo grande [infinito]”. El iesod es el “pequeño” y “estrecho” puente entre el infinito potencial de procreación que fluye dentro de él, y su actual manifestación en la progenie humana.

 

Por esta razón, la sefirá de iesod es identificada en la Torá con el ‘Tzaddik’ (el justo), como está dicho: “y el tzaddik es el fundamento del mundo”. En particular, esto se refiere al único, perfecto tzaddik de la generación. En el propio cuerpo del tzaddik, finito y limitado en tiempo y espacio, se vuelven manifiestos la luz infinita y la fuerza vital creadora de Di-s. El tzaddik procrea tanto en el plano espiritual, como también en el físico. El experimenta procreación en el ojo interior de su conciencia, en el continuo flujo de nuevas ideas e innovaciones verdaderas en la Torá. El procrea despertando las almas de su generación, para que retornen a Di-s y la Torá. Y eso es lo que dijo el rebbe Shneur Zalman de Liadi, con respecto a la primera mitzvá de la Torá (“Perú urrevú - fructificad y multiplicaos”), el fundamento de la Torá: “Un judío debe hacer otro judío”.

 

El iesod es conocido también como el Berit, el sagrado signo del pacto (que Di-s hizo con Avraham, el primer judío). En particular, el iesod es el pacto entre los dos atributos Divinos de verdad y paz, como dice el profeta (Zejariá/Zacarías 8:19): “verdad y paz van a amar” El origen del amor es representado por el alma de Avraham, sobre el que está dicho: “Avraham, Mi amante” (Ieshaäiahu/Isaías 41:8). Toda su bondad (jésed) desciende (como el agua), para concentrarse en iesod. Allí se crea el pacto entre la verdad absoluta de la Torá y la paz de las Mitzvot, buenas acciones realizadas con amor por Israel.

 

Así como “fundamento” es llamado “principio”, iesod es llamado “la conclusión del cuerpo” (el cuerpo, tiféret, se extiende hasta el órgano reproductivo, iesód, como está dicho: “Guf (cuerpo) y Berit son considerados uno”). La propiedad de “paz” -shalom- inherente en iesod, significa entonces el poder de llevar un acto a su conclusión, como nos enseñan nuestros sabios: “uno que empieza una Mitzvá es llamado ‘final’”. Entonces el sentido y poder completo de la sefirá de iesod es su habilidad de manifestar la unión del principio con el final, como está dicho en el Séfer Ietzirá (1:7): “el final está incluido en el principio, y el principio en el final”.

 

Iesod = 80 = 8 (jet) veces 10 (iud) - jai (18). El tzaddik es llamado jai. 80 = kelal (el cuerpo “general” o “entero” del pueblo judío). El kelal, el tzibur (“la comunidad entera”) “nunca muere”. El ‘Tzaddik Iesod Ölam’ (el justo, fundamento del mundo) es el “alma general” (neshamá kelalit) de la generación.

 

Las seis sefirot desde jésed hasta iesod se ensamblan y desarrollan para formar el partzuf de Zéër Anpín. Zéër Anpín recibe su “cabeza” o “poder cerebral” (Mojín: las tres sefirot superiores (Guímel Rishonot - GaR): jojmá biná y dáät - JaBaD) de los partzufim superiores de ‘Abbá ve Immá’ (Padre y Madre).

 

El estado espiritual identificado en el jasidismo como correspondiente a la sefirá de iesod es la de Emet (verdad), como el poder de “verificar” las propias convicciones y emociones en la acción, y adquirir una verdadera autorrealización en la vida.


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