BAILANDO PARA SALIR DE PRISIÓN

BAILANDO PARA SALIR DE PRISIÓN

 

Por Kabbalah y Torah en Expansión

 

Respecto a Pésaj, el Sheláh (Rabbí Isaiah Horowitz), escribe que todas las acciones que realizamos en el Séder son indicios de la libertad de las almas, no solo de la libertad de nuestros cuerpos. Hemos sido redimidos de las ‘Kelippot’ (“las cáscaras o fuerzas espirituales que ocultan la luz divina”), el lugar donde éramos esclavos de la realidad temporal debido a nuestra falta de consciencia. En los días del exilio egipcio, caímos al nivel 49 (de 50) de impureza.

 

Hoy, cada persona se encuentra atrapada en sus propias dificultades. En la noche de Pésaj, esto se invierte y somos liberados. Nos embarga la alegría de las Mitzvot, regocijándonos en cada detalle del Séder, como quien, liberado de prisión, siente el deseo de bailar. Todas las Mitzvot y costumbres constituyen nuestra danza.

 

Para entrar en esta santidad única, primero debemos prepararnos quitando y destruyendo todo el ‘Jametz’ (“alimento leudado”), para que no se vea ni se encuentre en nuestros hogares. Entonces, cuando llegue Pésaj, podremos pasar de la oscuridad a la luz. ¿Qué es este Jametz? El Jametz físico es incluso la partícula más pequeña de cualquier producto leudado o agente leudante. Espiritualmente, el Jametz es como panes y pasteles leudados que se inflan y son extra sabrosos: es el orgullo y la arrogancia que se filtran en todos los aspectos de nuestra vida diaria, sin dejar espacio para amar o reconocer verdaderamente nada fuera de nosotros mismos, particularmente a HaShem.

 

Para volver a la verdadera realidad, que HaShem es el jefe y que todos nuestros logros se deben a Él (¡e incluso nuestros fracasos, pues la depresión también es una dimensión del orgullo!), de vez en cuando debemos purificarnos. Por eso, una vez al año, en vísperas de Pésaj, debemos revisarnos para eliminar el Jametz físico y espiritual, incluso en las cantidades más ínfimas.

 

Este proceso se materializa en la “limpieza” que se lleva a cabo durante semanas antes de la Festividad, la búsqueda de Jametz que tiene lugar la última noche antes de Pésaj y la quema de los frutos de nuestra búsqueda a la mañana siguiente. Y luego, durante siete (u ocho, fuera de Israel) días, nos protegemos a nosotros mismos y a nuestros hogares para no ver ni poseer nada de Jametz.

 

Las 4 copas de vino que bebemos en la noche del Séder corresponden a nuestras distintas etapas de liberación de las 4 Kelippot. Por eso nuestro antepasado Iaäkov temía ir a Mitzráim (Egipto) hasta que ‘HKBH’ (El Santo Bendito Sea), le dijo: “No temas... Yo descenderé contigo y ciertamente saldré contigo” (Berreshit 46:3-4). Esta es una promesa eterna: que siempre que vayamos al exilio, la ‘Shejiná’ (“Presencia Divina”) estará con nosotros y que cuando el ‘Shad-dai’ (“Todopoderoso”) venga a redimirse, redimirá a todo Israel con Él.

 

En cada caso, y particularmente durante Pésaj, cuando llega la redención, el Todopoderoso exige la destrucción de las Kelippot, las cubiertas de la verdad. Por esta razón, a ‘Äm Israel’ (“El Pueblo de Israel”) se le dieron 2 ‘Mitzvot’ (“Mandamientos”) en la víspera de su salida de Mitzráim. El primero fue ‘Korbán Pésaj’ (“el sacrificio del cordero pascual”), el primer nivel de la destrucción de las Kelippot: la destrucción de los dioses falsos de nuestros enemigos. El segundo fue ‘Berit Milá’ (“la circuncisión”), la extirpación del prepucio, que también es como una cáscara que oculta.

 

Cada año, al acercarnos a Pésaj, debemos repetir este doble proceso. Por eso se nos ordenó beber 4 copas de vino, recostados como reyes. Así como el jugo de la uva estaba contenido en su piel y luego se liberó para convertirse en vino, así también nosotros hemos sido liberados de las 4 ‘Kelippot’ (“cáscaras”), también conocidas como ‘Örlat Mitzráim’ (“el prepucio de Egipto”). Y antes de beber la cuarta copa, completamos el canto del Hal´lel, el cántico de acción de gracias, porque con la conclusión del Séder nos hemos convertido en siervos de HaShem en lugar de esclavos del faraón.

 

Esto está intrínsecamente ligado al consumo de ‘Matzá’ (“pan sin levadura”), durante el Séder. El Zóhar llama a la Matzá tanto ‘Mejelá DeMehemenutá’ (“el alimento [pan] de la fe”) como ‘Mejelá DeAsvotá’ (“el alimento [pan] de la salud”). “Fe”, porque una vez que nos hemos purificado de todo el Jametz, la Matzá nos da la capacidad de experimentar a HaShem en el mundo; “salud”, porque de este lugar de fe surge toda verdadera salud. Sin sal ni levadura, es ‘Léjem Öni’ (“pan de pobre”), que nos ayuda a ser humildes para que la fe y la sanación puedan entrar.

 

En la Haggadá está escrito: “Quien no explique 3 conceptos ciertos, no cumple con los requisitos del Séder”. Estos son:

 

1) Pésaj (el Cordero Pascual que nuestros antepasados ​​comieron durante la época del Templo para recordarnos que ‘HKBH’ “pasó por alto” (Pésaj) las casas de los Bené Israel, perdonándoles la vida, y solo mató a los primogénitos de los egipcios).

 

2) Matztzá (que se comía con la ofrenda y ahora la reemplaza).

 

3) Maror, que nos recuerda la amargura del exilio. Comer Matzá en esta noche es un mandato bíblico, comer Maror es un mandato rabínico, y la mención del ‘Korbán Pésaj’ es ahora solo una costumbre para recordarnos los tiempos del ‘Bet HamMikdash’ (“El Templo de Jerusalén”).

 

Todo Pésaj es un ejercicio para permitir que la conciencia Divina entre en nosotros. HaShem trasciende el tiempo y todas las distinciones de pasado, presente y futuro:

 

Los Jajamim escriben que el Korbán Pésaj alude al concepto del pasado en un sentido activo. El Korbán Pésaj es para recordarnos que HaShem está por encima de todo, que todas las demás deidades no son nada ante Él, y que Él destruyó a los dioses de los egipcios. HaShem es la causa de todas las causas, anterior a todo, inconmensurable, Quien da origen a todo lo que existe.

 

La Matzá representa el presente porque alude a la constante participación de HaShem en el mundo. Así como la Matzá es humilde, así HaShem se oculta para no ser visto fácilmente; así como la Matzá consiste solo en harina y agua, así HaShem es también una realidad unificada, la máxima simplicidad. Por eso la Matzá a veces se oculta y a veces se revela en el Séder.

 

El ‘Maror’ (“hierbas amargas”) alude al futuro porque, cuando se produzca la ‘Gueul´lá Shelemá’ (“redención completa”), veremos cómo todos los acontecimientos negativos del pasado no solo fueron necesarios, sino que se transformarán en dulzura.

 

Los Jajamim plantean una pregunta sencilla: ¿por qué la Haggadá nos exige decir estas 3 ideas? ¡Debería preguntar si las hicimos! Su respuesta es que antes de realizar cualquier acción, especialmente acciones tan importantes como estas, debemos orar para que las hagamos correctamente. Esto es lo que significa que todos los que no “dijeron”: si alguien no oró a HaShem para que estas acciones se realizaran correctamente, no cumplió con los requisitos del Séder.

 

Los Jajamim enseñan que estos 3 elementos se relacionan con diferentes dimensiones en la educación de un niño:

 

La ‘Matzá’ (“pan sin levadura”), es un alimento básico, al igual que la enseñanza de la Torá es el requisito fundamental de la educación. Y así como con la Matzá debemos tener cuidado de que no fermente, también la Torá debe enseñarse con humildad, sin añadir nuestro ego.

 

Maror representa las influencias negativas que nos rodean y de las que debemos proteger a un niño, así como la mano firme que a veces debemos emplear para proteger a nuestros hijos y mantenerlos en el camino correcto.

 

El Korbán Pésaj se comía al final de la comida, como “postre”, reclinado como un rey. Esto representa una serie de eventos y experiencias menos importantes en la educación de nuestros hijos que deben añadirse con moderación una vez que se hayan cumplido los aspectos primarios. Hemos añadido esto para recordarnos a todos, incluyéndonos a nosotros mismos, que, ante todo, nuestra responsabilidad en el Séder es educar a nuestros hijos.

 

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